» El eco del silencio.



¿Nunca has tenido la sensación de no estar solo en un lugar donde se sabe con certeza que realmente no hay nadie más en el lugar excepto tú?. ¿No has escuchado alguna vez un pitido tan fuerte y molesto en un lugar abarrotado de personas y que al preguntar por ese misterioso sonido la gente te tome por loco porque ellos no escuchan las mismas cosas que tú?. ¿Cómo se siente uno al estar cuerdo?. No. ¿Cómo se siento uno al pensar que está cuerdo?

… estar cuerdo…


¿Cómo se puede cambiar el destino de una persona desde noche a la mañana?



… desde la noche a la mañana…

Tanto por ver y sin saber qué esas voces no te dejaran ver vida…
Te la quitaran. Eso tenlo por seguro. Preocúpate cuando oigas misteriosas voces susurrándote.
Nunca han significado nada bueno, aunque te digan que son tus amigos.



… tus amigos…
No importa adonde vaya, me seguirán por doquier.
Y el viento se desliza por mi cabello ensangrentado. Miro a la derecha. Nadie. Miro a la izquierda. Nadie. Soledad. Viento que se detiene. Silencio por completo, y en mi cabeza siguen esas voces.



… siguen las voces…      

¿No resulta incómodo tener dobles pensamientos?. Ahora forman parte de mí, pero antaño fueron un verdadero virus peligroso que me consumió por completo en mi locura. Nunca estoy sola. Siempre acompañada.


… siempre acompañada…

Pero, aunque suene muy bonito eso de no estar sola, molesta en lo más profundo de mi ser. A veces pienso que realmente es mejor para mí estar sola porque así cesarían los terribles dolores de cabeza que padezco. Es culpa de las voces.

… de las voces…


Son voces buenas y malas a la vez.

Vuelvo a escuchar el pitido penetrante. El dolor no se detiene.
Las voces empiezan de nuevo y nada puedo hacer.

… destino, destino…

Por eso creo, y sé, que no estoy cuerda. No logro mantener unos pensamientos firmes, claros, ordenador y con sentido. Estoy loca y tú seguro que no entiendes mis palabras.


Las voces siguen susurrándome en mi soledad.

Es extraño, ¿no?. Dicen que todos los caminos llevan a Roma. Yo lo creo así. Sea cual sea el camino que escojas siempre acabarás en el mismo lugar predestinado. Cuando yo aún caminaba en ese mundo gobernado de hombres tuve varias opciones para escoger, pero una misma misión. Ahora comprendo que cualquier camino que hubiera tomado me hubiera llevado a donde estoy ahora. Aquí.


… aquí, aquí…

¿Los sientes?. ¿Los oyes?

Sigo caminando por la hierba. En realidad son las voces quienes me dicen que lo haga. El viento, su cómplice, me guía por el sendero. Juntos me conducen a un claro donde hay una mesa servida para dos.


… para dos…

Sé que no he quedado con nadie y también sé que nadie me espera. Es absurdo quedar con alguien que no existe, ¿verdad?. Estoy yo sola en este Edén y las voces y la naturaleza son mi única compañía. Pero ninguno de sus componentes come como lo hace un ser humano. Como.


… como ellos…

Dos velas rojas con sus respectivas llamas. Cubiertos para ambos perfectamente colocados. Entre ellos, la misma distancia que los separa. A pesar de toda esa perfección falta lo esencial: la comida, pero no hay ni un bollito de pan. Sólo las tazas de té con los líquidos calientes. Me siento y me atrevo a beber ya que su olor me atrae inevitablemente. Espero, pero nadie viene.

¿Con quién tengo esta cita a ciegas?

… cita a ciegas…

¿Acaso las voces misteriosas quieren cenar conmigo esta noche o es, quizás, él que por fin se atreve a dar la cara?

… dar la cara…

Unas misteriosas pisadas en la hierba se empiezan a escuchar.
Mis sentidos se agudizan y una voz familiar formula palabra…




“Esta noche serás tú mi invitada”

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¿Confesarás tu pecado, intruso?