» Y en pocos meses...

     Es increíble las cosas que pueden suceder en tan poco tiempo. Me atrevería a decir que me parece increíble lo rápido que me he acostumbrado a mi locura y hacer de este lugar mi pequeño reino, mi mundo. Pero a pesar de eso, no puedo evitar no tener las cosas bajo control. Sí, es así. Yo lo sé. Él lo sabe. Cuanto más lo pienso, más claro lo tengo. Miro a mi alrededor y sé a la perfección que este es mi lugar. No debería de haber ido a ningún otro sitio. Todas las cosas de este Edén son perfectas y hechas a mi medida, sin nada que pueda alterar el orden y la armonía.

Pero las cosas nunca son lo que parecen.

    Y esa es la pura verdad. Una ley de la naturaleza, tal vez. Por mucho que trate de ignorarlo, no puedo evitar sentir que hay algo que está fuera de su sitio. Digamos que son como los microbios. Es extraño, pero cierto. Parece que no están con nosotros... pero sí y en todas partes. Justo como tú. TÚ eres el microbio del que no consigo librarme. 

    Y es bastante extraño porque he conseguido acostumbrarme a tu presencia. Es como si formaras parte de la naturaleza. En parte es lo que más detesto de mi santuario, pero a la vez no le doy importancia. Me he acostumbrado a tus caricias, tus susurros, tus penetrantes miradas... A todo. Y lo odio cada vez más. Aún así la tranquilidad ha permanecido durante varias semanas ya en este lugar. Y no consigo que te marches de aquí. 

¿Por qué no desapareces?

    Se puede decir que de todo ha pasado en estos pocos meses que han pasado. Incluso cosas prohibidas.

    Pero es extraño hablar de tiempo cuando aquí no hay de eso. Has sido tú quién me ha influenciado de tal manera, con cada roce. Me confundes, la verdad. Lo sé. Quiero que dejes de transmitirme tus emociones y tus costumbres.

Yo no soy como tú. ¿Por qué no lo entiendes?

    Y suspiro y no apareces. En ocasiones estás y en otras no. ¿Por qué?. Aún no me has respondido a mis preguntas. Apenas hablas. Y es a eso a lo que más me he acostumbrado en tan poco tiempo: al silencio. Es algo inevitable. Mis pensamientos son los únicos que saben responder. O eso creo.

    Mi mente no deja de funcionar, y a veces me gustaría que dejase de hacerlo. Si pienso, preocupaciones surgen de la nada. Y sino...  Y no sé ya ni lo que digo. Repito: me confundes. Y eso hace que piense y le de vueltas a la cabeza. En su momento me enseñaron que acostumbrarse a las cosas era bueno. Y no sé cómo tomarme eso. Creo que en esta ocasión es malo. Me acostumbro a tu presencia y a todo lo que ello conlleva. Y eso sólo trae más odio.

Caricias, susurros, miradas, pensamientos, odio, naturaleza por doquier...
¿Por qué no desapareces de una vez?

Acostumbrarse.

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¿Confesarás tu pecado, intruso?