» Obsesión y deseo.

He vuelto ha soñar con él. Parece que ya se ha vuelto toda una costumbre. Eso sí, el sueño es siempre el mismo: sus labios, con la más sincera de las dulzuras, roza los míos con una agradable humedad. Sus dedos se entrelazan con los míos y su cuerpo está cada vez más cerca de mí. Poco a poco un calor familiar emana de nuestros sensuales roces. Me ruborizo al sentir que me mira con ternura... Había olvidado lo que se sentía, lo que realmente significa esa palabra... Y de nuevo, pronuncia mi nombre. Su voz es tierna y dulce, pero a la vez firme y penetrante. Su aliento cálido y su presencia estremecedora.

En el sueño no existe el odio y la ira, sólo la atracción
En el sueño no existe la guerra, sólo la pasión

Dos cuerpos que se fusionan en uno sólo. 
Dos cuerpos que compiten por demostrar su amor.



Un sueño que me es agradable, pero que al a vez me perturba. No sabría describir todas las sensaciones que me produce rozar cada centímetro de tu piel. No sería capaz de mirarte a la cara y decirte lo que siento. Sólo sé que es juego agradable del que no puedo despertar.

Tu cuerpo es toda una droga para mí. Eres adictivo, como el chocolate, pero por otro lado, tu voz es la medicina que alivia mi dolor. 

Y es que la realidad es completamente diferente a lo que vivimos en sueños. La realidad es dura y cruel, frívola y llena de odio. Este mundo en el que estamos viviendo en sueños es completamente diferente: una ficción llena de armonía y pasión, atracción y gozo. ¿Por qué no podría ser así siempre? ¿Por qué?. Yo sé el por qué, pero me niego a revelartelo. Ni a ti, ni a nadie.

Haces que me confunda. Y entre tanta confusión, intentando sacar algo en claro, mi desnudo cuerpo baila con el tuyo entre gemidos y caricias. Y es que es agradable- Es agradable, pero sólo en sueños. Yo te odio, pero eres adictivo. Como el chocolate...

¿Seré yo dulce? ¿Te agradará mi sabor? Si al menos pudiera acceder a tu mente no tendría que hacer todas estas preguntas. Aunque tú tampoco me ayudas mucho. Eres misterioso, siempre lo has sido. Nunca me has dejado acercarte a ti, aunque yo nunca he querido. Qué extraño suena, ¿verdad?

Eres un veneno, una droga mortal que me está consumiendo en cuestión de segundos. Y en realidad, por mucho que lo odie, me gusta. Conozco las consecuencias y sé hacia dónde me dirijo. Y me quemo... Y me quemo.

¿Vendrás a salvarme?

No vengas. No quiero que me alcances. Sólo disfruta de esta tregua. De este momento. Tan sólo sigue poseyendo mi cuerpo. Hazlo tuyo, pero sólo durante un instante. Luego, guerra y sangre. Luego, odio y pasión. Luego, ira. Y es que no te das cuenta de que tú te estás alimentando de mí. Y yo sólo bebo de ti. A mí no me alimentas. ¿Por qué? Yo te entrego el cuerpo abierto, pero tú sólo me torturas. ¿Venganza? No te entiendo. Pero tú a mí tampoco. Habitamos un mundo lleno de engaños, ilusiones y dudas. La realidad nunca estará clara. Sólo dame de comer y deja que viva.

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¿Confesarás tu pecado, intruso?