» Lacrimosa I

    No era la primera vez que destruían mi corazón. No era la primera vez que este dolor punzante en el pecho me saludaba bien entrada la noche. Las primeras veces dejaron de existir hace ya algún tiempo, cuando estaba viva, cuando me sentía viva y caminaba en el mundo de los hombres.

¿Y cómo se debe de sentir un alma cuando ha sido traicionado? ¿Y de qué forma puede un corazón hecho pedazos recuperarse de una apuñalada fuerte, fría y cruel? ¿Y qué significa el perdón cuando todo sentimiento se desvanece?

    Una irritación profunda recorre mi cuerpo. Siento el veneno recorrer mis venas y contaminar mi sangre. Mi alma carece de sentido, si es que alguna vez tuve una. Mi sonrisa se tuerce cuando tú me miras. Mi cuerpo de vuelve como el hielo. Tus ojos verdes me observan como si yo fuera un mero ratón de laboratorio. Y es que eso es lo que soy para ti. Lo sé, y mucho me temo que tú también lo sabes. 

Un experimento. Un juego. Una oportunidad.

    La curiosidad invade tu ser y yo no soy más que una nueva víctima de tus pecados. No te arrepientes. No miras atrás. No recapacitas. Piensas que cada paso que dar hacia delante es una verdad, una realidad, un hecho que no es un error, el error. Nada. Yo sólo soy una víctima sangrante, un juego, un experimento, un ratón. El deseo que despierta tu curiosidad.

    Y te aprovechas de eso. Intentas conocerme , penetrar en mi mente y analizarme. Pero no puedes del todo pues yo soy fuerte y tú hombre. Sin embargo, con tus palabras intentas hacer que caiga al fin en tus redes, una y otra vez más. Y así el juego nunca tiene fin. Tu curiosidad aumenta cada vez más y quieres que me haga débil. Tú, traidor. No la mires, no caigas en su red, en su trampa, en su juego. Tan sólo mírame a mí y sigue aquí...

     Morir quieres, pues dejas que la curiosidad invada tu ser. Todo lo quieres conocer, todo lo quieres alcanzar y tocar con tus sucias y lascivas manos viriles. Experimentar. ¿Peo hasta cuándo podrás seguir así? ¿Cuándo detendrás tus pasos? Por cada uno que das hacia adelante, dos míos hacia atrás retroceden. De este modo me debilito y caigo nuevamente en tu juego enfermizo. Intento dormir, pero de nada sirve, con la esperanza de despertarme de nuevo y poder gritarle a la luna que todo fue un mal sueño. Intento escapar, pero me tienes bien atada a ti. Así pues, deduzco que te gusta verme sufrir y cuanto más pruebas, más quieres.

Ansía.

     Eres un traidor, un vil pecador. El maestro de los títeres quieres que sea tu nuevo nombre, o mejor dicho, TÚ NOMBRE. Careces de nombre, careces de conocimiento absoluto y es por eso que haces lo que haces, juegas a lo que juegas intentando ser dueño de lo que no puedes poseer. Te angustia ser un fracaso, ser un sin nombre y por eso finges ser un osado. Pero dime, ¿qué sabrás tú de la osadía? ¿Qué sabrás tú de la curiosidad? Sí, eso es. Sigue jugando y experimentando que al final acabarás quemándote con fuego, con las llamas del abismo. Conmigo.

      Dime, ¿qué se siente ahora cuando no tienes a nadie ni a nada? ¿Qué es lo que sientes cuando te quemas lentamente por dentro y esa curiosidad te pasa factura? Bastardo traidor que todo lo ansia. Sucio perro que todo lo contamina respirando. ¿Qué sabrás tú de la realidad? No intentes disimular, sé que no sientes nada. Estás vacío por dentro. Crees conocerlo todo cuando en realidad no tienes ni idea. Eso, tú sigue creyendo.

¿Qué pasa cuando tu sujeto se hace más fuerte y se revela en tu contra? 
No tienes ni idea, ¿verdad?
 Dime pues, ¿sientes algo? ¿Miedo, quizás? Atrévete a mirarme a los ojos, venga. 
Demuéstrame de lo que eres capaz.
Traidor, ese es el único nombre que puedo gritarle a los vientos del este.

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¿Confesarás tu pecado, intruso?