» El títere de mis azorados sueños.

"Porque incluso en sueños soy esclava de tu lujuria"


    Cierro los ojos. Cierro los ojos y es así cómo puedo ver las cosas con claridad. Tranquilidad y armonía en una tarde cálida en el Edén. Cerrando los ojos, ese es el método que tenemos muchos para poder escapar de nuestra realidad. Así pues, nos adentramos en un mundo de ensueño. En un mundo que podemos controlar sin quererlo y hacer que las cosas fluyan, que todo lo que nos rodea sea como nosotros queremos. ¿Alguna vez has tenido esa sensación? ¿Acaso sabes de lo que estoy hablando? 

    Sin embargo, no todo es tan bonito como parece. Sí, las apariencias engañan y cuando crees que estás soñando y que tú mismo eres el dueño de todas esas emociones caes en la cuenta de que siempre habrá algo que puede salir mal. Sí, así es. Cuando cierro los ojos y siento que todo se vuelve negro, cuando cierro los ojos y siento que una brisa helada me roza la piel y caigo en la cuenta de que se está haciendo de noche. Es entonces y sólo entonces cuando sé que algo va mal. 


    Y puede que a estas alturas sepas de lo que estoy hablando, ¿verdad? Venga, ahora no te hagas el tímido conmigo. Sé que eres tú quien se acerca hasta mi lecho para observar como duermo, como intento escapar de ti en sueños. Entonces osas acercarte más de la cuenta a mí, a mi piel, a mi esencia. Te acercas demasiado. Casi puedes tocarme, pero no te atreves. Sientes mi respiración tan cerca de ti que incluso eso te excita. Y lo peor de todo es que yo también te siento a ti. Siento tu aliento muy cerca de mis senos, de mi ombligo, de mi boca, de mis muslos. Y eso me aterra. Tú no lo sabes porque jamás te lo diré a la cara, pero sí, es cierto. Me aterra la idea de que, con tan poco, puedes hacer que mis sueños y deseos se turben y se conviertan en tus deseos, en tus sueños. 



Y es ahora cuando yo te pregunto:
¿Por qué no me dejas descansar en paz? 
¿Por qué insistes en controlar todo lo que hago?
¿Por qué permito que entres en mi mente de esta manera?
¿Por qué no logro detenerte?

    Todo es inútil. Parece ser que de nada sirve resistirse. Pero sabes que no voy a dar por vencida. Sabes que no voy a dejar que me manipules de esta manera. ¿Y quieres saber por qué? Porque te encuentras en territorio peligroso. Porque te encuentras en mí hogar, mi reino. Porque en el fondo sabes que yo soy más fuerte que tú. Porque simplemente eres inferior a mí y con mis encantos de crueldad te arrodillarás. 

    Y en esos sueños tan azorados por tu culpa veo como todo se vuelve gris. De un gris ardiente, de un gris que hace que escuche susurros de la nada, suspiros por doquier. Y es cuando entonces yo me pregunto: ¿Qué está pasando? Agito mi cabeza, sigo en sueños, pero no los míos, sino en los tuyos. En esos sueños eres tú quien está encima de mí embistiéndome como un salvaje. En esos sueños eres tú quien me toma del cabello de fuego con fuerza y gimes de placer. En esos sueños, los tuyos, en los que me tienes abierta de piernas y te encuentras lamiendo mi sexo. 



¿Y cómo puedo yo ahora detener esto?
¿Cómo demonios he dejado que esto ocurra?
Y lo peor de todo, es que lo disfruto.

    Parece ser que quieres ganar por todos los medios esta partida. Y justo cuando llego a esta conclusión, el ambiente gris que había en la atmósfera desaparece y, ¿qué es lo que veo? Una lucha de titanes. Sí, así es. Dos cuerpos desnudos y empapados que intentan agredirse el uno con el otro. Arañazos, golpes inesperados, mordidas, lametones. Un sinfín de actos que podrían describir los hechos como salvajes, abominables. Y la razón es muy sencilla. Buscas por todos los medios satisfacer tu lujuria conmigo, una vez más. Y, por el contrario, yo intento que te apartes de mi lado, que me dejes libre de una maldita vez. Pero a la vez que nos peleamos sentimos que disfrutamos mutuamente de la compañía salvaje, del sexo duro y ardiente que en sueños parece ser que siempre tendrás que ser tú quien salga victorioso. Pero no sonrías aún, porque aunque en mis sueños seas tú el amo y señor que todo lo controla, cuando despierto eres tú el que se encuentra acurrucado a mi lado con un miedo atroz para tocarme. En la realidad pareceré hecha de cristal, que con posar un sólo dedo en mí soy capaz de romperme. Pero te equivocas. Lo que ves en sueños, lo que sientes en sueños, es lo que soy capaz de hacer. Y sin miedo dañarte donde más te duele. Morder fuertemente tu miembro excitado y arañarte el torso hasta que sangres. Hasta que llores sangre. Hasta que me supliques.

¿Y bien?
¿Qué se siente ahora?

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