» Yo, réprobo.

"Soy el veneno que corrompe tu cuerpo
 y te pudre por dentro"



Si te acercas a mí te quemarás. Si decides jugar con fuego te contaminarás. No hay ángel que pueda salvarte. No hay perdón ni súplica que quieran escucharte. Has decidido tomar un camino peligroso. Has decidido aventurarte en un mundo al que no perteneces. Piensas que eres superior a mí y que con tus miradas y tus caricias podrás hacer que caiga rendida a tus pies. Pero eso tan sólo son ilusiones, vanas ilusiones y esperanzas. Estás muy lejos de la realidad, si es que a todo esto se le puede considerar real. Estás caminando en terreno prohibido, en terreno olvidado. Todo lo que ves y sientes lo padeces porque yo quiero. Porque aunque creas que eres tú el dueño de tú propio cuerpo debo decirte, a carcajada suelta, que no es así. Te permito tanto, tantísimo porque quiero. Porque todo tiene un fin este mundo, y tú aún no eres capaz de verlo. ¿Piensas que soy dulce y tierna, intruso? ¿Piensas que soy delicada y sensata, querido? ¿Acaso piensas que por tener este aspecto soy buena y vulnerable a la vez? Dime, intruso, ¿qué es lo que realmente piensas de mí? Como bien sabes, las apariencias engañan. Y en ocasiones hasta hacen daño, mucho daño.


Soy veneno. 
Soy un veneno mortal.

Poco a poco penetro entre tu piel y llego hasta tu sangra para contaminarte. Recuerda quien soy yo. Recuerda que soy mucho más poderosa y vanidosa que tú. Recuerda, intruso, porque es importante lo que te voy a decir. De aspecto hermoso y cálido, pero de personalidad fría como el hielo e impasiva por doquier. ¿Entiendes lo que te estoy intentando decir? Muchos me creyeron pesadilla. Muchos me creyeron Apocalipsis sin yo serlo. Y mira adonde me ha llevado todo esto. Ahora tengo mi reino. Mi solitario reino. Sin hombres a los que gobernar, no. Pero como una araña que espera impaciente a que su presa caiga a su red, vienes tú iluso, con pensamientos lascivos. Sí, así es, todos, absolutamente todos pensáis con aquello que tenéis entre vuestras piernas. Y no te culpo. ¿Por qué? Porque es cierto, soy la belleza más grande que jamás haya existido. Y por eso, y por mucho más que se guarda en secreto, me convierto en veneno. En tú veneno.



Ojalá que cuando duermas, si es que alguna noche logras conciliar el sueño, sientas y sueñes conmigo. Sientas que te voy acariciando poco a poco. Sientas el calor de mis dedos recorrer tu piel. Sientas que con una suavidad infinita me voy colocando entre tu piel y me voy introduciendo como veneno dentro de tus venas. Recorro tu ser, de arriba a bajo y tú te vayas debilitando cada vez más, sin poder hacer absolutamente nada al respecto. ¿No sería fantástico? Podrías tenerme siempre contigo. Podrías disfrutar de ti mismo estando yo desde adentro controlando tus actos mientras te voy marchitando por dentro. Podría hacerte creer que eres inmortal y dueño de mi cuerpo cuando en realidad te estoy desgarrando y corrompiéndote desde donde más de duele. 

Dime, pues, ¿qué sientes al conocer parte de mis pensamientos? ¿Qué se siente al saber que eres una marioneta? ¿Cómo es la sensación de esclavo y de perdedor? Me muero de ganas por saberlo. Por favor, te lo ordeno. Descríbemelo mientras mi veneno daña tu sangre. ¿No querías jugar a un juego, lascivia? Seamos más retorcidos aún. Tú piensas en la carne, yo en la mente. ¿Y cuál es el resultado? Creo que ya te lo estás imaginando. ¿No es así?

Gritas. Lloras. Arañas tu piel y te desesperas. ¡Pero qué visión más bella puedo presenciar ahora!

Esta es tu derrota. No la final. La batalla final aún no ha llegado. Esto no es mal que el principio del fin, de tu fin. ¿Cuánto más tendré que hacer para poder expulsar a este demonio, a esta enfermedad que se extiende por sus bosques? ¿Cuánto tiempo más tendré que fingir adorarte para que te des cuenta de lo mucho que te odio? Soy veneno. Tú veneno. Tú me vas alimentando y me vas haciendo más fuerte. Ahora las tornas han cambiado. Ahora te enseñaré yo quien es el amo. Así pues, serás tú el que deje de reír. Serás tú el que llore lágrimas de sangre. Serás tú el que sufra de mis puñaladas al corazón. Serás tú y sólo tú la víctima de este juego de víboras. Tú, intruso, el ratón. Y lo mejor de todo, para mí, por supuesto, es que no podrás hacer nada para evitarlo. No podrás evitar pudrirte eternamente en esta tu pesadilla, en este tu infierno. Yo seré la que te destruya a paso aún más lento que el propio tiempo. Seré yo quien te rasgue la piel desde dentro. Hasta que no quede nada. Hasta que no signifiques nada. Hasta que no me importes lo más mínimo. Ese será tu castigo por haberte convertido en gato, por haber adquirido esa curiosidad que acabaría matándote. Y aún así, sabes que todo lo que estoy haciendo es por tu bien. Y no sólo eso, sino por mi propio placer. 

Yo, réprobo.
Yo, veneno.
Yo, muerte.
Yo, Pandora.



No hay comentarios:

¿Confesarás tu pecado, intruso?