» Carta de un asesino: hoja primera.


    Querida Pandora:


    Tal vez encuentres esta carta dónde menos te lo esperes. Tal vez ni si quiera sepas quien soy, o tal vez es que no quieres recordar todo el daño que te he hecho. De cualquier manera te informo que a medida que vayas leyendo esta carta algunas lagunas de tu pasado verán la luz. No te asustes, pequeña, porque ya no tienes por qué hacerlo. 

    ¿Recuerdas lo que era tener miedo? ¿Aún te acuerdas de esa sensación tan horrible y escalofriante que era el pasar miedo, el estar asustado? Posiblemente no te acuerdes. Posiblemente ni si quiera conozcas esa sensación, al menos no en tu Edén. Y es muy probable que lo único que recuerdes de todo aquello sea el dolor y la sangre. Pero no te preocupes, porque no estoy aquí para hacerte ningún mal. Al menos ya no. No te preocupes porque todo aquello ha quedado atrás, bien atrás. 

    Estoy completamente convencido de que en este mismo momento estarás oliendo las hojas que tienes entre tus manos blancas y frías como la noche en Edén. ¿Reconoces este olor? ¿Reconoces mi olor? Sé que no eres tonta o débil, sé que el olor de estas trece hojas te son más que familiares. Y seguramente, en este mismo momento estés sufriendo un nuevo delirio. "¿Y eso qué quiere decir?", preguntarás casi susurrando. Pues ni más ni menos que lo siguiente: estando en tu estado de delirio no podrás ver lo más obvio del asunto. No eres capaz de reconocer un olor que conoces como la palma de tu mano. Es un olor que percibes todas las mañanas con el rocío. Se trata de un olor que te llevó a la condena. 

¿No? ¿Aún nada? 
¿No sabes quien soy, querida Pandora?

    Llegados a este punto soy osado de decir que me da completamente igual. Y tú lo sabes. Sabes cómo soy yo en el fondo. Soy un hombre después de todo, ¿no es así? Pandora, Pandora, lo que trato de decirte es que me es completamente indiferente si me recuerdas o no, si eres consciente de lo que te está pasando. Lo que sí quiero que sepas es de lo mucho que lamento haberte causado todo ese daño que no merecías. Ahora lo entiendo. Ahora lo sé. Y es ahora cuando siento todo ese dolor que te hemos llegado a proporcionar durante el tiempo en el que estabas consciente. 

¿Aún no sabes quien soy? 
¿De verdad no encuentras relación?

    Pandora mía, he encontrado el camino de llegar a ti, aunque posiblemente eso te irrite más que la luz del sol azotándote en los ojos verde envidia a primera hora de la mañana. Y creo que es más que evidente que no tengo ninguna intención de revelarte el secreto de cómo lo he conseguido, llegar a ti, quiero decir. "¿Y por qué no quieres decírmelo?", te preguntarás enfurecida ya. Y es que sí, lo admito, me encanta poder ver esa ceño fruncido y esos labios rojos y carnosos en forma de v invertido y esa llama brillando en tus ojos. Es por eso por lo que no quiero que este juego de adivinanzas acabe tan temprano.

    Es ahora cuando gritas de impotencia por las cosas que te acabo de decir. Así eres tú y ambos sabemos que jamás cambiarás. Sin embargo, ¿crees que yo sí soy capaz de hacerlo? ¿Crees que todo hombre está destinado a un final fatal o que podemos encontrar esperanza y salvación en algún infierno? Río al suponer cuál puede ser tu respuesta. Pero, querida Pandora, quieras o no ver las cosas, la realidad, sabes muy en el fondo que esto va más allá de todo lo que parece...

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¿Confesarás tu pecado, intruso?