» Carta de un asesino: hoja segunda.


{ . . . }

     Suspiro al imaginarme lo que estarás pensando acerca de todo esto. Suspiro al imaginarme todas las posibles reacciones por tu parte después de leer la primera hoja de la carta. Y sí, sonrío. Y sí, me agrada. Y es que me gusta aparecer así, misteriosamente de la nada simplemente para decirte "hola". Posiblemente ni eso, lo que me gusta es, simplemente, aparecer o estar a escondidas observándote, contemplando tu belleza o escuchar cómo le hablas en vano a tu querida naturaleza. Sin embargo, a pesar de que intente mostrar felicidad ante tu presencia, por dentro me siento marchitado. Por dentro me siento maldito y envenenado por culpa de tu encanto, querido lirio...

Porque soy aquel por el que suspirabas en la intimidad. 
Porque soy aquel por el que hubieras dado el último aliento.
Porque soy aquel quien te engañó en lo más profundo.
Porque soy aquel que no puede evitar odiarte y amarte a la vez.
Porque sabes que el sentimiento es recíproco.

    Tú intentaste cambiar mi mundo de caos y crueldad viril. Tú llegaste sin ni si quiera quererlo y construir un futuro, una salvación para todos. Y siempre te aprecié por eso, por esa fuerza, ese carácter de luchadora y ese espirito inocente. Y tal vez sea eso el desencadenaste de tu desgracia. Tal vez fuera cierto que no estamos hechos el uno para el otro. Tal vez sea cierto que tú querías demasiado o que yo fuera demasiado débil, que tuviera un miedo atroz y te veía como un ser superior... Posiblemente estés diciendo en este mismo instante que lo eres, ¿verdad?

     Pandora, Pandora, Pandora, eterna sangrante de este tu Edén... Hay tantas cosas que no comprendes y que ni si quiera yo mismo sé si comprendo. Pero lo que sí tengo claro es que no quiero que me temas, porque ya no estoy aquí para hacerte daño. Porque, simplemente, no puedo tocar ni un centímetro de tu piel ahora mismo. Y aquel con el que juegas, aquel con el que tanto te encorajas, ni si quiera soy yo. Sin embargo, es el que debería de ser.

      Imagino que ahora mismo estarás muy perdida en tu cabecita delirante y ardiente. Posiblemente, sí, posiblemente... Así pues, querida, siento tanto marearte con tanta palabrería, pero eso fue justamente lo que hiciste tú con nosotros. ¿A qué es divertido? 

Verás, soy aquel al que odias. 
Soy aquel al que no recuerdas.
Soy aquel al que arañas por el día.
Soy aquel el que te mira por las noches.
Soy aquel el que se atreve a acercarse a ti.
Soy aquel el que te da calor cuando sale del lago.

      No temas, Pandora, ahora no puedo hacerte nada malo. No temas, Pandora, porque ahora no soy el que puede ir sigilosamente a tu lado para darte ese calor que odias y amas a la vez. No soy más que un vil asesino que jugó contigo. No soy más que ese ser al que consideras inferior y al que intentas castigar todas las noches entre suspiros y delirios. No soy más que aquel al que no recuerdas el nombre, si es que alguna vez tuve uno... 

Perdóname, querido lirio, porque yo también he pecado.
Perdóname, querido lirio, porque por otro lado he querido hacerlo.
Perdóname, querido lirio, porque en el fondo no estoy arrepentido.
Perdóname, querido lirio, por no poder evitar sentir un deseo carnal irrefrenable por ti.

{ . . . }

No hay comentarios:

¿Confesarás tu pecado, intruso?