» Carta de un asesino: hoja tercera.

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Parece ser que hemos llegado muy lejos, ¿verdad, Pandora? Pero esto no es más que el principio. Ahora mismo soy incapaz de imaginar las cosas que estarán pasando por tu cabeza. Y de verdad te lo confieso. No sé si eso me produce excitación o pudor. Has demostrado ser una verdadera leona, y pienso personalmente, querida, que debería de haberlo hecho muchísimo antes. Tal vez, y sólo tal vez, así te hubieras salvado de todo ese infierno que los hombres te han hecho pasar...

Ojalá ahora mismo pudiera estar ahí contigo, a tu lado, para poder acariciar cada centímetro de tu piel, aunque tú me rechazaras y arañaras o me escupirías en la cara. Y no te culpo, pues te he dado muchos motivos para que lo hicieras. Sin embargo, es ahora y sólo ahora que llego a comprender de lo que son capaz mis actos. He llegado a comprender cuán daño te he llegado a hacer y de lo egoísta que hemos sido todos contigo. He llegado a darme cuenta de la realidad, o más bien de la tuya y de dónde me ha llevado todo esto. Y es que, querido lirio, a pesar de ser aquel asesino del que no recuerdas su rostro con todo detalle y no recuerdas su nombre, contigo he aprendido que puedo llegar a ser mucho mejor persona de lo que soy y he sido. Así pues, llego a la conclusión de que tus objetivos, los que te concedió la madre tierra, se han cumplido. Aunque eso nos haya costado la vida a todos.

Pandora, no te estoy pidiendo que me creas, pero sí que me escuches. Lo más seguro es que no haya cambiado del todo, no, pero tú has tenido cierta y gran influencia sobre mí. Ahora mismo estoy perdido. No sé quien soy exactamente, qué es lo quiero, de dónde vengo o adónde voy. Pero, sinceramente, todo eso me da igual. Me he dado cuenta de lo mucho que vales y todo lo que intentaste hacer por nosotros. He sido cruel contigo y me he convertido en un vil asesino sin corazón alguno. Pero bien sabes, o espero que tengas la esperanza, de que las cosas pueden cambiar y que cualquiera puede ver el mundo con otros ojos. Yo no te estoy pidiendo que me perdones ni rezo por volver atrás para cambiar las cosas. Tanto tú como yo sabemos que disfruté de lo que hice con tu cuerpo. Tanto tú como yo tenemos las manos manchadas de sangre.

¿Aún no sabes adónde quiero llegar a parar? Eres una mujer inteligente, Pandora. Yo lo sé. Tú lo sabes. Tu querida naturaleza es testigo de ello. Lo que quiero que sepas, en realidad, aparte de quién soy yo para ti es de lo que siento respecto a ti, reina del Edén. Es algo que no puedo evitar sentir. No sé si es real o no. No sé ni si quiera de cómo describirlo o qué nombre puede ser el mejor para poder nombrar lo que te digo. ¿Tú las sentido alguna vez? Yo sé que sí. ¿Pero lo sigues sintiendo? ¿Serías capaz de volver a sentirlo? 

Pandora, Pandora, Pandora, soy débil ante tu presencia, ante tu cuerpo.Y lo único que sé es que hay un deseo más aparte del carnal lo que siento hacía ti. Regáñame, pues, enfádate todo lo que desees. Pégame, destrípame, haz lo que quieras conmigo porque no me importa y sé que me lo merezco. Sin embargo, de una cosa estoy completamente convencido y es de que nada de lo que hagas pueda hacer desaparecer este sentimiento.

Lirio, en este mismo momento me convierto esclavo de tus deseos.
Lirio, en este momento me convierto en tu fiel sirviente.
Lirio, en este momento me convierto en tu juguete.
Lirio, simplemente me estoy dejando llevar.

Y porque esto no ha hecho más que empezar.
Lee, así pues, entre las líneas de mis hojas.

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¿Confesarás tu pecado, intruso?