» Carta de un asesino: hoja cuarta.

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     Así son las cosas ahora, querida Pandora. ¿Alguna vez te lo habías imaginado así? No, seguramente no. Tú no eres de las que piensan en el futuro. O tal vez sí. Tal vez durante un momento, un único momento, te habías imaginado cómo seria tu vida perfecta a mi lado. Durante un único momento... Dime, amada, ¿piensas que soy cruel por decirte todas estas cosas justo ahora? ¿Qué hubiera sido de nosotros si no hubiera cometido aquel crimen del que jamás podré ser perdonado? Si es que hay tantas preguntas que ni tú ni yo somos capaces de contestar, ¿verdad? Y lo más posible es que me estés odiando profundamente por eso.

    ¿Qué culpa tengo yo de ser hombre? ¿Qué culpa tienes tú de ser pecado? Pero, ¿quién dijo realmente que tu existencia fuera malévola? ¿Realmente nosotros, los hombres, somos los culpables de tu desgracia? ¿No has pensado por un sólo momento que toda la culpa de lo que nos ha sucedido es de tu querida madre naturaleza? Piénsalo. Puede que ella te viera llegar, que sintiera una profunda verde envidia y que conspirase contra ti. Sí puede que fuera eso. Que todo lo que te ha pasado ha sido porque ella lo ha querido así. ¿Y si todo esto fuera realmente así? Dime, lirio ensangrentado, ¿cómo te sientes ahora? No es algo que sepa con certeza, pero... ¿Y si no estoy equivocado? ¿Pedirías, entonces, perdón por toda esa negatividad que has desprendido hacia nosotros y pedirás clemencia?

    Son tantas las opciones, las razones, que podrían habernos traído aquí a ambos. Pero no quiero que esto destruya esa fuerza que tienes, ese odio y rencor que guardas dentro de ti. No, no quiero. ¿Sabes cuántas cosas se podrían hacer con ese odio y esa sed de destrucción? Podrías aniquilarlo todo, pero de verdad, tanto en tu reino como en el otro mundo. Puedes hacer tantas cosas con tan sólo pestañear, Pandora. Pero eso tú aún no lo sabes. ¿Serás capaz de averiguarlo algún día? ¿Serás capaz de darte cuenta de la verdad algún día? ¿De tu verdadera realidad? Reitero, amor, reitero, hay tantas preguntas que ni tú ni yo podemos contestar.

    ¿Crees que estoy jugando contigo ahora mismo? ¿Piensas que estoy intentando confundirte o crees que todo lo que estoy diciendo no son más que sugerentes mentiras con otro fin oculto en mis palabras? Pandora, no eres tonta. Tú y yo lo sabemos. Piensa, piensa con esa cabecita ardiente que tienes. Lee entre líneas. Lee entre líneas, por favor. Estas hojas esconden mucho más de lo que crees.

    Sin embargo, muy a mi pesar, eres una persona que suele guiarse muchas veces por el instinto y por las emociones. Eres impulsiva, querido lirio, y eso hace que tus primeras reacciones no sean las adecuadas, sobre todo cuando intento revelarte cierta información. No vayas a lanzar esta carta a las llamas. No lo hagas. Quiero que guardes estas hojas y que pienses fríamente en todas las cosas que te he dicho. No actuar es siempre lo conveniente. Pandora, ¿serás capaz de resolver el misterio?

     Pandora... no sólo se trata de revelarte una incógnita. Esto va mucho más allá. También tengo la necesidad de pedirte perdón, que sepas quién soy yo en realidad y que sepas qué es lo que siento. Así pues, puedes considerarme el malo de la película si lo deseas o, al contrario, un verdadero salvador. Aún hay tantas cosas que quiero enseñarte y decirte. Aún hay tantas preguntas que quiero plantearte y que necesitan ser respondidas. Pandora. No desistes. Sabes que puedes leerme las veces que quieras y donde quieras. Y pienso, muy sinceramente, que deberías de dejar de leer estas hojas. Ahora no es el momento de seguir. Ahora tienes que pensar, reflexionar y vivir un poco más esta falsa vida de fantasía en la que te encuentras. Y así será como algún día me agradecerás este consejo que te estoy dando.

Déjalo todo. Vive. Y cuando estés lista, vuelve a retomar la lectura.

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¿Confesarás tu pecado, intruso?