» El último suspiro del ángel caído.

"No quiero ver más lágrimas caer a las llamas"
    La luz era cegadora, incluso llegaba a hacerme verdadero daño. Sí, de ese daño que te quema los ojos. Pero aún así no podía evitar mantenerlos bien abiertos. Y es que yo siempre había sido de esa manera tan caprichosa. Necesitaba saber qué era lo que estaba pasando en ese momento. 

    Había llegado a un punto en el que ningún detalle podía pasar desapercibido y me exigía a mí misma entregarme en cuerpo y alma a la causa. Mis seis sentidos tenían que estar preparados para lo que fuera. No sabía qué era lo que podía pasar. Ni si quiera era capaz de imaginar cuál iba a ser el siguiente movimiento de mi enemigo.

    Me sentía cansada, muy cansada de todo esto. No pensaba rendirme o reprimir mis emociones, pero tenía que salir de dudas. Tenía que abrir mi mente a un mundo nuevo y desconocido para mí. Tenía que transformar lo que me quedaba del alma en algo más poderoso que eso y entender la realidad. Estaba jugando a un juego demasiado peligroso y del que desconocía casi por completo las normas. Sin embargo, ¿me importaba realmente cuáles eran esas normas? Esto era una nueva prueba de fuego y, aunque no quería reconocerlo, muy dentro de mí podía sentir que estaba arriesgando mucho más de lo que parecía. 

    Así pues, podía sentir cómo mis llamas dejaban de arder y se convertían en hielo. Mis ojos habían dejado de llorar sangre y el calor de mi cuerpo se desvanecía. No pude evitar estremecerme al sentir cómo mi esencia iba cambiando por completo. Mi Edén se estaba destruyendo, los árboles ardían con llamas azules, los lagos se congelaban y el cielo se volvía gris. No podía decir con precisión si era miedo lo que estaba sintiendo en ese momento. Poco a poco todo se volvía oscuro, negro como el propio carbón. El ruido dejó de cesar y la luz cegadora había finalizado en explosión. Un mundo nuevo se estaba levantando ante mi desnudo cuerpo.


Un último suspiro, por favor, para este corazón en llamas.


    De pronto sentí un profundo dolor en el pecho, pero lo que más daño me estaba causando eran los ojos. Sí, los ojos me ardían y empezaba a ser consciente de que en breve iban a ser arrancados por una fuerza desconocida. Gritos. Dolor. Comenzaba a perder la visión y mi mente se tornó de un blanco roto. ¿Qué era lo que estaba pasando en realidad? Lo único que quería hacer era conocer la verdad y poder llegar a ser algo más de lo que ya era. Quería experimentar lo que suponía ser una diosa y descubrir qué era lo que mi alma ocultaba. 

    ¿Era, acaso, esta la realidad? ¿Era este el dolor que había que sentir para llegar al final de todo este asunto? Me sentía cansada, terriblemente cansada de esperar. Quería dejar de ser la marioneta de todos. Estaba harta de que jugaran tanto con mi cuerpo como con mi alma. Yo había nacido para ser algo más. Yo no estoy en este Edén por una mera casualidad y me niego a creer que este, mi reino, era producto de mi imaginación.

    Así pues, sentía que volvía a morir entre llantos de desesperación. Sin embargo, la auténtica realidad era que me estaba transformando en algo cuyo nombre no sabría definir por completo. ¿Tal vez en un ser superior? ¿Tal vez lo que estaba experimentando la transformación definitiva? Mi pecho se desgarraba por dentro por sí solo, ardía en deseos de que todo esto acabara. Todo mi alrededor estaba negro y empezaba a ser consciente de que mi vida era un bucle infinito de dolor e incógnitas. Tenía el pecho encogido y cada vez me costaba más respirar...

    ¿Qué era lo que iba a pasar al final con mi cuerpo? ¿Era cierto que mi Edén se había destruido  por completo? ¿Había alguna forma de obtener respuesta a mis preguntas? ¿Algún día este dolor incandescente cesaría? ¿Me había transformado en un ser superior a ti? ¿Qué era lo que estaba apunto de comenzar? Y como siempre, muchas, muchas preguntas sin responder. ¿Acaso todo lo que estaba haciendo era en vano? Sí. No. Tal vez. Nadie podía saber la verdad. Ni tú ni yo. Ahora sólo podía esperar al día del juicio final. Era el momento de ser pacientes y esperar a que esta transformación se diera por finalizada. Me había comprometido. Mi cuerpo y mi alma habían sido vendidos al mismísimo diablo. Pero... ¿y si no eres tú el diablo verdadero? ¿Y si el único diablo existente en este mundo fuera yo misma?

Un último suspiro, por favor, para este ángel caído.

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