» En busca de los recuerdos marchitos.

  Qui amat periculum, in illo peribet 

Ya no soy capaz de recordar el momento exacto de cuando abrí los ojos por primera vez. Ya no soy capaz de recordar ni si quiera el por qué de mi estancia aquí. Siento que algo o alguien me ha despojado de mis recuerdos. Siento un vacío, un vacío sin respuesta en el subconsciente. Por mucho que intente recordar no consigo ver más allá de lo que ven mis ojos. No recuerdo ni una sola imagen de mi pasado. No recuerdo ni un solo argumento de cómo llegué a este paraíso. Siento un vacío que cada vez se va haciendo más y más grande, profundo, negro. Incluso siento que se me acaban las palabras. Y es que, la verdad y única verdad, era que el mundo en el que había estado caminando había cambiado por completo. Sí. Así era. Era eso de lo que único que estaba segura. 

No sentía miedo. Algo por dentro me decía que ya no podía sentir miedo. Sin embargo, tenía la sensación de que mi cuerpo se había congelado. Mi cuerpo se había detenido en el tiempo. No era capaz de percatar la brisa de las mañanas ni el calor del sol. Miraba mis manos y en ella veía nada más y nada menos que un secreto escondido bajo la epidermis. ¿Realmente el tiempo existía en este Edén? ¿Era cierto que, de algún modo, el tiempo se había detenido? ¿Era todo esto producto de mi transformación? 

¿Y mis recuerdos? ¿Qué son de ellos? 
¿Y qué pasa con todos esos fragmentos que tenía en mi memoria sobre mi pasado? 



Así pues, poco a poco siento que me voy consumiendo. La falta de memoria se había convertido en mi debilidad y podía sentir cómo mis piernas se quedaban inmóviles. No era capaz de moverlas. Ni un sólo músculo. Y ante esta situación ni si quiera lágrimas podía derramar. No podía desahogarme. Al parecer también me había secado por dentro. No quedaban lágrimas o sangre dentro de mí que me pudieran catalogar de ser humano. Ni si quiera una exhalación de oxígeno. Ahí, de pie, con los ojos cegados por dentro y las piernas congeladas me hallaba. Ahí, de pie, con las manos marchitas y con un vacío en el alma me hallaba. Ya no era capaz de escuchar ningún tic tac en mi cabeza. Ya no tenía la habilidad de ser consciente de la verdad o de la realidad. Poco a poco iba perdiendo cada uno de los recuerdos malditos que tenía escondidos en mi cabeza.

Y aunque yo estuviera ahí, muriéndome por segunda vez, consumiéndome en mi propio pecado, tú estarías al acecho. Tú estarías ahí, intruso, escondido entre la maleza o tendrías incluso la osadía de estar delante de mi muerto cadáver sonriendo y en silencio, con las manos alzadas ansiando que yo me rindiera a tus pies y te pidiera ayuda. Pero sabes que soy mucho más fuerte que eso. Sabes a la perfección que soy demasiado vanidosa para arrastrarme como un perro. Sabes que aunque fuera consciente de que iba a desaparecer jamás te pediría ayuda. Porque para mí no eres ningún salvador. Para mí no eres más que un sucio y lujurioso intruso que quiere destruirme. Porque eres tú al que le satisface verme sufrir y desaparecer.

Quiero. Quiero que me devuelvas mis recuerdos. No seas cobarde y devuélveme lo que me has robado. Quiero dejar de sentirme tan marchita y usada. Quiero dejar de sentirme violada por tus miradas de lascivia. Y no pienso pedirte perdón, pues no hay nada que perdonar ni me siento culpable de ninguna de las cosas que te he podido hacer. Ni pienso pedirte ayuda, porque por mí misma soy lo suficientemente fuerte e independiente de valerme por mí misma. Porque yo no te necesito. Simplemente te detesto, y sabes que no va a haber nada que pueda hacerme cambiar de opinión.


Tú, sin nombre, devuélveme mis recuerdos marchitos antes de que desaparezca del todo. Sabes que no voy a rogarte nada, pero también sabes que aunque desaparezca volveré a ti por culpa de tus pensamientos, por culpa de esos pensamientos a altas horas de la noche cuando ni la brisa puede escuchar tus llantos. Sí, bien lo sabes, que volveré en busca de mis recuerdos, aunque estén llenos de dolor. Porque esa es la sensación que tengo, que van a estar manchados de sangre. Y no sólo de la mía, sino de la tuya también.

Renaceré gracias a que tú me pensaras por las noches. Estarás solo, completamente solo, sin mí. El deseo de tener mi cuerpo entre tus manos hará que vuelva a este reino. Y cuando lo haga estaré muy enfurecida. Querré desplegar todo mi odio y toda mi frustración hacía ti. ¿Estarás tú ahí, intruso? ¿Seguirás aquí esperando mi regreso? ¿Seguirás con mis dolorosos recuerdos escondidos en esa cajita? 

No intentes huir de mí, pues yo nunca he tenido la posibilidad de salir huyendo de tu mísera presencia. Me mataste en vida y ahora piensas matarme en muerte. Quieres destruirme del todo. Quieres que mi alma se despoje del cuerpo del delito... Argh, no quiero saber qué harías si mi cuerpo físico siguiera aquí. ¿Pero sabes una cosa? También estás destruyéndolo. ¿Es que no lo ves?

Ya no escucho el eterno tic tac. Ya no hay oxígeno para respirar. Mi alma se desvanece por segunda vez. Mi cuerpo en cenizas se transforma. Pero todo fénix renace de sus cenizas, ¿no es así, intruso? Entiéndelo de una vez. No puede acabar conmigo de nuevo. Entiendo de una vez. NECESITO mis recuerdos marchitos.

Y pienso volver a recuperarlos sea como sea... cuando regrese.
Con o sin tu cooperación.

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¿Confesarás tu pecado, intruso?