» En la salud y en la enfermedad.

"Porque hay ocasiones en las que jamás podremos aprender la lección" 

Siento de nuevo esas manos sobre mi cuerpo. Esas espontáneas y tímidas caricias que recorren mis muslos. Ese aliento cálido que percibo en mi cuello. Esos besos que cada vez son más intensos. Y así, como si de un bucle infinito se tratara, volvemos a caer en las mismas trampas de siempre. Ni si quiera sé si esto es lo que realmente quiero, o si esto es lo que realmente sientes. A veces pienso que da igual, otras no. A veces creo firmemente que la auténtica realidad es que ni tú ni yo sabemos absolutamente nada. Que no queremos saber nada, que no queremos ver la realidad, la verdad que esconde el Edén. Que estando unidos es la única forma de poder estar bien. Sin embargo, siento que cuando estoy a tu lado todo es un tormento constante. ¿Por qué? Porque te quiero lejos y cerca de mi cuerpo a la vez. Porque cuando no estás  mis pensamientos atrapan tu imagen y lo encierran en lo más profundo. Porque por dentro mi cuerpo grita para que te acerques a mí y me desveles tus verdaderas intenciones y por fuera quiero rechazarte por ser lo que eres y por hacer lo que hiciste. 

Y es que sí, puede ser cierto que no sea consciente de lo que es real de lo que no. Puede que sea cierto que no sé en qué debo creer o que no sepa absolutamente nada. La cabeza duele demasiado y alma se descompone. Te odio por dentro, te odio por fuera. Pero también te siento cerca y dentro de mí. Una sensación agradable y una sensación desafortunada. ¿Cómo poder explicar con palabras lo que me está sucediendo? El fuego se apaga y cuando la llama termine de extinguirse por completo todo se volverá negro. ¿Y qué será lo que pase después? Pues que el monstruo devorará la oscuridad y teñirá el agua de sangre, de sangre pura y virgen. Porque esa es la única salvación posible. Porque el éxtasis es demasiado grande y el cuerpo tan pequeño. Un mundo lleno de nuevas sensaciones se está abriendo paso ante mis ojos.

Agito la cabeza con fuerza. Empiezo a desesperarme. Mis puños dan fuertes golpes a la pared. No consigo aclarar mis ideas. Me confundes. Me debilitas. Y no hay nada que pueda hacer. A veces presiento que las cosas van bien, luego no. Me doy cuenta de que cuanto más segura estoy de todo esto más probabilidades hay de que algo horrible ocurra. Y, a su vez, cuando pienso que todo es un caos, es cuando tu mirada dice todo lo contrario. Tal vez por ser tan diferentes nuestros deseos, nuestros pensamientos colisionen tanto. Momentos de verdadero odio y momentos de verdadera excitación. ¿Cuál de las dos es la correcta? ¿Cuál de las dos es la verdadera? Nuevamente esos dolores de cabeza. Incluso cuando me encuentro mal estás ahí, callado, siempre callado. Sin formular palabra me arrepiento. Sin formular palabra me emocionas. Estás ahí, si no es mirándome, tocándome. ¿Cómo explicar esto? ¿Cómo hallar la salvación?

Tus manos en mi cintura. Tus caderas en un vaivén. Mis ojos llorosos esperando una respuesta. Gemidos ahogados por doquier y la frustración en aumento. Esas ocasiones en las que me gustaría poder herirte gravemente para salir corriendo y poder esconderme entre los árboles. Encerrarte en la guarida y entregarme por completo al viento, al agua, a la luna. Tal vez no entiendas mi locura y todo esto te parecerá un caos, un sin sentido. Pero este nuevo delirio es mucho más profundo de lo que puedas imaginar. Y es que fuiste tú quien me dijo una vez con palabras escritas que tenía que leer entre líneas. Ahora eres tú el que debe de convertirse en aprendiz. Ahora eres tú el que tiene que aprender a jugar este juego de cartas. 

Nuevamente sin ganas, sin fuerzas. Nuevamente tu mirada penetrante en la mía. Nuevamente este bucle infinito que no me deja respirar. A veces me haces sentir bien, otras veces haces que lo único que quiera hacer es poder abrir camino hacia tu corazón y despojarte de él. Tirarlo al suelo y aplastarlo, pisotearlo con todas mis fuerzas. Esas ocasiones en la que tus besos no me saben a nada y otras en las que no puedo evitar querer más. Esas veces en las que tengo las ideas claras. Pero me duele la cabeza, mucho, y me he cansado de correr por el Edén. De huir y buscar un refugio mejor de todo esto, de toda enfermedad delirante. Quiero despertar. Sentirme bien de una vez por todas y poder encontrarme es un lugar sin intrusos, odio y sexo desenfrenado. De esas ocasiones en las que ya no te importa nada conocer la verdad y darte cuenta de que no existe ningún ángel guardián que te proteja, que te salve de este juego sin fin. Creía que eras mi medicina, sin embargo, poco a poco me voy dando cuenta de que no es así. Me debilitas. Me matas con suavidad. Y aún así estás ahí para mí, aunque te odie con todas mis fueras. Y aún así, mi cuerpo quiere estar junto a ti para ofrecerte los placeres que la vida me ha quitado.

Porque, simplemente, quiero dejar descansar en paz mi alma.

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