» Cuando la ira controla el pensamiento.

     Eh, tú. Sí, sí, tú. Sé que me estarás observando en este instante. Sé que estarás escuchando desde tu escondite. No disimules y sal una vez de ahí. Sí, sí, tú. A ti te estoy señalando con rabia con el dedo acusador. ¿Cómo tienes la poca vergüenza de seguir así? ¿Cómo te atreves a mostrar una cara amiga y luego hacer lo que haces? ¿Cómo puedes vivir así sin ni si quiera darte cuenta de tus actos? ¿Eres feliz viviendo así? ¿Eres realmente tan inconsciente como parece o es que intentas acaso llamar mi atención? Dices que no, pero parece que buscas problemas. ¿Y sabes qué? Una servidora se empieza a cansar siempre del mismo juego. Sé que sabes de lo que te estoy hablando. Sé que sabes a la perfección qué es lo que has hecho. Aún así, yo no consigo saber los motivos que te llevan a ello. 

     ¿Por qué yo? ¿Por qué mi Edén? De verdad, esta situación me sumerge en una constante agonía. No consigo entenderte, y juro que lo he intentado. No consigo no ver otra cosa que la imagen distorsionada que proyectas hacia mí. No niegues con la cabeza lo que ya sabes. No intentes disimular. Ni si quiera se te ocurra callar. Oh, callar. Conoces muy bien el significado de esa palabra. Callas muchas cosas, y cuando creas oportuno, sin venir a cuento, lo expulsas todo. Y cuando realmente tienes que defenderte con tus argumentos, no dices nada. Eres frustrante. Me agobias con tu silencio y me hieres con tus actos. A veces pienso que es lo que mejor sabes hacer. ¿Pero sabes qué? Ya no me duele por mí, no. Yo ya soy inmune a toda tu parafernalia "heroica".  Yo lo siento por ti, de veras. Me das pena. Me das pena porque intentas hacer algo que no puedes. Intentas llenarte de la esencia de otros para crear algo nuevo y lo único que haces es robar almas. 




¡Deja de mirar hacia otro lado porque sabes de lo que te estoy hablando!

     Así es, te señalo. Una y otra vez. Con el dedo acusador. ¿Intentas llamar mi atención de nuevo con tu último ataque? ¿Es que no te atreves a decirme las cosas a la cara? Ah, no, que tu juego favorito es el del silencio. Lástima, verdadera lástima. Me has conseguido enfadar de verdad. Y es por eso que no voy a mostrar compasión alguna. ¿Quién te crees que eres para venir a mi paraíso y cortar mis lirios? Deja de robarme mis flores y aprende a plantar tu propia semilla. Me has conseguido enfadar de verdad. Y es por eso que no voy a mostrar compasión alguna. No vuelvas a esconderte más porque sabes de lo que estoy hablando. No vuelvas a apartar más la mirada porque sabes que mis palabras van hacia ti. 

     Estoy más que harta y cansada de hablarle a la calavera. Estoy harta de gritarle mis pensamiento a esa cabeza hueca, a ese cráneo vacío de sentimientos. ¿De verdad no ves lo que haces? ¿De verdad no eres consiente de tus actos como confiesas esas oscuras noches de invierno? Yo ya no sé qué hacer contigo. He intentado ser benevolente contigo, pero es que no sirve de nada. Te aprovechas de mí más de la cuenta cuando te tiendo la mano. O esa es la imagen que reflejas en mí. Así que, por favor, detente. Deja de intentar ser algo que no eres o tener cierto carisma del que tú y yo sabemos. Porque por más que intente no pensar en ello no dejas de azotar a mi Edén con tus insolencias. Sé que me estarás observando en este instante. Sé que estarás escuchando desde tu escondite. No disimules y sal una vez de ahí. A ti te estoy señalando con rabia con el dedo acusador. ¿Por qué no eres valiente? ¿Por qué haces esto? Yo ya te avisé desde un principio que te quemarías si jugabas con fuego... 


Y pareces no entender que yo soy ese fuego.

     He arrasado campos enteros de rosas con ese mismo fuego. ¿Por qué quieres continuar con esto? ¿Acaso te atrae tanto este fuego venenoso? No te entiendo. Por mucho que lo intente no te consigo entender. Miro a la calavera y no me transmite nada. No me formula palabra alguna. Tú te has llevado su esencia. Y ahora quieres venir a por la mía y cortar los lirios de mi reino elíseo... ¿Qué ganas con todo esto? ¿Qué satisfacción te produce actuar así? Sé que te has percatado desde el principio de qué te estoy hablando, pero parece que no quieres asumir tu responsabilidad. Tan sólo quieres verme enloquecer de rabia y frustración. Pero sabes que soy poderosa y que eso te va a costar derrumbar, destruir. Has preferido quemarte con fuego, así que asume las consecuencia y mancha tus manos de sangre. O mejor dicho, prepárate para derramar tu sangre sobre mis manos.

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¿Confesarás tu pecado, intruso?