» Desafiando los límites de la paciencia.

         Ya no podía aguantar más. La presión sobre mí era algo que me estaba superando en cuestión de segundos. Miraba el espejo con un profundo odio. Quería darle un buen golpe y destrozarlo para siempre. Tal vez así podía despojarme de toda esa carga negativa que me estaba transmitiendo. La verdad era que había conseguido ver la luz, había conseguido descubrir la verdad, tú verdad. Mucho tiempo había pasado desde que este juego enfermizo dio comienzo,  pero no había sido hasta ahora cuando me había percatado de todo el daño que estabas causando. Habías especulado en mi contra todo este tiempo, aunque me dedicaras miradas de buena fe y me hablabas con palabras amables por doquier. 

    Pues todo era mentira. Me habías engañado, y aún lo sigues haciendo, descaradamente. Sigues gritándole a los cuatro vientos que el problema soy yo, que la enferma soy yo, que el verdadero veneno que existe soy yo. Y eso no es así. No tienes esencia propia, y es por eso que crees que cualquier factor ajeno a ti es mejor que tú, superior a ti. Parece ser que no quieres ver la verdad, que no eres capaz de admitirlo, y eso te ciega y te llena de odio. No intentes esconder tus pensamientos, ni intentes seguir con este juego, pues las cosas acaban muy, muy mal. Tanto tú como yo lo sabemos. Deja de reflejar en el espejo esa visión que quieres que tengamos de ti cuando en realidad no haces más que provocar y hacer daño con tus especulaciones malditas y negativas. 

         Estoy más que harta de todo esto. Quiero dejar de jugar a este juego tan vil. No merece la pena seguir sufriendo con tus mentiras y tu hipocresía. Estoy cansada de ser siempre el elemento que desencadena el mal. No finjas, ni se te ocurra fingir. Sabes de lo que estoy hablando, sé muy bien que en este mismo momento te estás sintiendo muy identificada con todas y cada una de mis palabras. Sabes adónde quiero ir a llegar. Después de todo este tiempo, de todas las manos que te ofrecido para ayudarte, sé que todo fue un error. Jamás debí de abrir mis puertas del Edén a semejante alma sucia. Y puede que te duelan estas palabras... o no, quien sabe. Nadie puede saber en realidad lo que estás pensando porque ya no podemos saber qué es real, qué palabras que salgan de ti son verdaderas, cuales no son mentira.

         Ahora es mi turno de reír, y bien alto. ¿El por qué? Porque sé que piensas que yo no sé nada. Sé que piensas que soy tan inocente que no me doy cuenta de lo que estás intentando hacer. Exacto, te he descubierto. Tus miradas cómplices ya no sirven de nada si luego vas gritando tus agonías y tus verdaderos pensamientos. ¿Acaso crees que no soy capaz de ver más allá? ¿Acaso crees que no soy capaz de ver a través de ti? He alcanzado el éxtasis con la nueva verdad descubierta y pienso ir a por ti. No para satisfacer tu retorcida mente, no. Sino para acabar con toda esta locura, pues quiero que dejes de apropiarte de lo que es mío, quiero que dejes de intentar robarme la esencia.

         Esta pecadora a la que estás desafiando no se va a dejar engañar más. Esta pecadora a la que quieres destruir no te va a dejar más tiempo para la tregua. En mi mano tengo el mazo que dará comienzo a la batalla, el mazo que romperá el cristal que te protege. En definitiva, la destrucción del espejo. Y puede que a estas alturas te estés preguntando cómo te he descubierto o por qué quiero acabar ya con el juego. En breve lo descubrirás, en breve te verás con el mismísimo diablo envuelto en llamas. No voy a dejar que sigas intentando corromper mi alma, pues no quiero que sigas gritando tus verdades que no son más que acusaciones graves y falsas.

Simplemente deja de mirarme con tus ojos llenos de veneno.
Soy fuerte y no voy a permitir que acabes conmigo.

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¿Confesarás tu pecado, intruso?