» La sonrisa del maniquí.

Todavía no me podía creer que hubiera hallado la torre oscura más allá de las cascadas del Este del Edén. Era una torre alta, tan, tan alta que llegaba al mismísimo cielo. Había escuchado muchos mitos acerca de esa torre. Incluso había ocasiones en las que creía que toda esa palabrería no era más que un modo de asustarme, un modo de hacer que temiera a esa torre para que no me adentrara en las cascadas del Este. Pero cuando llegué allí lo comprendí todo. Entendí ese enigmático poder que emanaba de la torre y pude percibir esa energía oscura en el ambiente. Me quedé perpleja cuando me di cuenta de que parte de esos mitos eran reales, pues no poseía puerta alguna. O al menos una que yo pudiera percibir como tal. Rodeé varias veces la torre, buscando una manera de poder entrar en ella, pero todo eso parecía en vano. Fue entonces cuando recordé que tenía que ver más allá de la piedra, más allá de la esencia de "torre". 

Mientras caminaba de un lado a otro pensando sin cesar en el modo de solucionar la ecuación presentada ante mí podía sentir cómo esa fuerza me llamaba desde dentro de la torre. Podía decirse que era capaz de escuchar una voz procedente de esa torre, al otro lado de las piedras. No reconocía la voz, pero no dejaba de llamarme. 



"Pandora, Pandora. Ven a mí, Pandora"

Perturbador. No podía acceder a esa voz de ninguna de las maneras. No conseguía ver más allá de la piedra. No podía encontrar puerta alguna a esa dichosa torre. Y Sol se ocultaría pronto detrás de esas colinas... y caería la noche. De una cosa podía estar segura, al menos del conocimiento que poseía de aquel lugar gracias a los mitos que se cantaban antaño, que no debíamos estar fuera de la torre cuando la noche cayera. Y faltaba bien poco. Y no podía concentrarme. ¿Se esconderá tras toda esa piedra un terrible mal?

"Pandora, Pandora. Ven a mí, Pandora"

Pronto la noche caería y conocería al fin la verdad detrás de toda esa palabrería. ¿Serían reales todos esos mitos? ¿Llegaría a resguardarme de la oscuridad en esa torre? Mis inquietudes comenzaban a hacerse más y más fuerte. A lo mejor lo que estaba sintiendo no era ni más ni menos que miedo. De nuevo esa palabra que pensaba que estaba desprendida de mi memoria: "miedo". Instintivamente comencé a gritar y gritar. No quería quedarme aquí afuera para ver qué iba a pasar cuando el sol se ocultara tras las colinas. Pegué mi cuerpo a la piedra de la torre con temor, buscando de alguna manera protección. Hasta que sucedió.

"Pandora, Pandora. Ven a mí, Pandora"

Absorbida por el pánico, cerré con fuerza los ojos y no miré atrás. Entonces, sin esperarlo, el Sol se ocultó tras las colinas y un zumbido comenzó a sonar en mi cabeza. Era agudo. Era punzante. Y entonces... ocurrió. Abrí los ojos de golpe y ahí estaba, delante del maniquí. No sé cómo había llegado ahí, pero deduje que me encontraba dentro de la torre oscura. Y allí estaba yo, delante del maniquí. Mirándome sin inmutarse, sonriéndome. Mirándome sin inmutarse, analizándome. ¿Era aquella voz la que me llamaba la que estaba escuchando? ¿Acaso era SU voz? La sala era blanca, casi hacía daño en los ojos. Y el maniquí, sentado sobre un trono de oro. Me perturbas. Me molestas. ¿Quién eres? ¿Qué quieres? ¿Cómo había llegado hasta aquí? O mejor aún, ¿cómo iba yo a salir de esta presión gélida?

"Bienvenida, Pandora. Es hora de que comience el juego."

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