» Oscuras sombras acechando el Edén.

La noche cae. Y con él, mi inocencia. La noche cae, y con él, mis esperanzas. Tan frágiles han sido nuestros sueños. Tan frágil ha sido nuestra confianza. Y me apuñalas. Una y otra vez, sin yo saber por qué. ¿Cómo he podido confiar en ti? ¿Cómo he podido tenderte la mano cuando parecía que lo necesitabas? ¿Crees que soy idiota? ¿Crees que no me percato de lo que estas haciendo en las sombras? ¿Crees que no soy capaz de escuchar tus incómodos silencios? La noche cae, y yo caigo con él. ¿Pero dónde estabas tú? ¿Dónde estabas tú cuando todo el Edén se teñía de sangre? ¿Dónde estabas tú cuando la oscuridad llegó a mi reino?


Quien sabe la cantidad de monstruos que habitan ahí afuera.
Quien sabe la cantidad de lamentos que se escuchan a lo largo de la noche.

La noche cae. Y con él, mi inocencia. La noche cae, y con él, mis esperanzas. De nada servirá decirte que me siento engañada. De nada servirá decirte que quiero que mis preguntas sean contestadas. Y aún todavía reflexiono sobre nosotros. Tan parecidos y tan diferentes a la vez. Eres el reflejo de esa cara oculta de la luna. Eres un reflejo... no, más bien, la imitación, pero esa imitación que carece de valor alguno. Y es por eso que tus apuñaladas me hacen tanto daño. Porque podríamos haber sido uno. Porque podríamos haber sido perfectos compañeros... Pero no.


Quien sabe la cantidad de monstruos que habitan ahí afuera.
Quien sabe la cantidad de lamentos que se escuchan a lo largo de la noche.

Aún soy capaz de escuchar las voces de los muertos. Aún soy capaz de visualizar cada gota de sangre ocultos en este paraíso. Secretos. Secretos. Demasiados secretos y poco tiempo para desvelarlos todos. Eres una sombra que se oculta a la luz. Eres una sombra que me acecha a cada segundo inerte que pasa en el jardín del Edén. Eres una sombra. Eres una mentira. Eres un reflejo. Eres el reflejo que proyecta el espejo. Eres el reflejo que debo destruir, pues en este elíseo no hay lugar para los dos. Tú eres la oscuridad y el miedo, mientras que yo soy el fuego y el delirio. 

Quien sabe la cantidad de monstruos que habitan ahí afuera.
Quien sabe la cantidad de lamentos que se escuchan a lo largo de la noche.

De nada sirve correr. De nada sirve huir. La noche cae. Y con él, mi inocencia. La noche cae, y con él, mis esperanzas. De nada servirá decirte que me siento engañada. De nada servirá decirte que quiero que mis preguntas sean contestadas. Y así, en un sin fin de incomprendido éxtasis me encuentro pronunciando tu nombre, ese nombre que no recuerdo, ese nombre maldito, tabú. Y así, en un sin fin de delirios volvemos a entrar en ese bucle de la desesperación, ese sentimiento tan bien conocido por ambos. ¿Cómo he podido confiar en ti? ¿Cómo he podido tenderte la mano cuando parecía que lo necesitabas?  Quiero dejar de confiar en la sombra. Quiero dejar de confiar en la mentira, en la ilusión. Quiero acabar con tu reflejo. Quiero romper el cristal. 


Quien sabe la cantidad de monstruos que habitan ahí afuera.
Quien sabe la cantidad de lamentos que se escuchan a lo largo de la noche.

El espejo es fuerte, sí, lo es. Pero yo lo soy más. Tú, en cambio, eres cobarde, eres veneno. Eres la prepotencia silenciosa del Edén. No. No formas parte del reino. Exacto, no eres bienvenido, jamás lo has sido. Eres el verdadero monstruo que habita en el Edén. Eres la sombra. Eres el miedo. Eres la oscuridad de la que nadie se atreve a hablar. La noche cae. ¿Crees que soy idiota? ¿Crees que no me percato de lo que estas haciendo en las sombras? ¿Crees que no soy capaz de escuchar tus incómodos silencios? ¿Dónde estabas tú? ¿Dónde estabas tú cuando todo el Edén se teñía de sangre? ¿Dónde estabas tú cuando la oscuridad llegó a mi reino? No... eres tú esa oscuridad que invadió mi intimidad. 

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