» Pensamientos de una bestia sedienta.

     He elegido un camino arduo y difícil de controlar. He elegido un camino de sentimientos negativos. Hay ocasiones en las que no consigo dominar lo que siento. Soy fuerte, soy cauta. Pero aún así hay veces en las que no puedo evitar convertirme en ese monstruo que intento esconder. Has sido tú, intruso. Has sido tú con tus crueles esbirros los que me habéis convertido en una bestia feroz. Sois vosotros los que encadenáis a la terrible bestia maldita. Sois los únicos culpables de mi desgracia. Ahora no intentéis huir. Ahora no intentéis escapar. Ha llegado el momento de hacer frente a vuestros temores y pagar por vuestros pecados. Ese camino lleno de espinas venenosas al fin me mostrará alguna virtud. Una nueva esperanza se abre ante mi a cada paso que doy.


La bestia de fuego. 
La bestia que desatará muy pronto su ira. 
La bestia que conseguirá vengarse de su asesino.



     He elegido un camino arduo y difícil de controlar. He elegido un camino de sentimientos negativos. Y todo ha sido gracias a vosotros. Veo que has jugado bien tus cartas, intruso. Veo que lo tenías todo bien controlado. Me has dañado profundamente el alma. Me has destrozado el corazón. Pero eso a ti te da igual. Pero eso a ti no te importa. Has querido convertir mi sangre en hiel. Has querido transformar mi inocencia en pura maldad. 

      Y lo has hecho inconscientemente. Te has reído. Te has burlado de mí. Me has maltratado y has jugado con mis sentimientos. Has querido ser un Dios y no te has dado cuenta de que has creado a un verdadero monstruo. Ya no puedes huir. Ya no puedes escapar. Tú y tus esbirros lo pagaréis muy caro.






La bestia de fuego. 
La bestia que desatará muy pronto su ira. 
La bestia que conseguirá vengarse de su asesino.

     No intentes huir. No intentes esconderte. Todos y cada uno de vosotros caeréis. Ahora ha llegado el momento de la espera. Tiembla. Desespérate. Llora. Pues pronto será tu turno. La caída será grande y tu destrucción inminente. Todo gracias a tu ambición. Todo gracias a tu egoísmo. El juego ha cambiado, las cartas están a mi favor. Tu creación se volverá en tu contra, tan sólo es cuestión de tiempo. Uno por uno. Sangre y destrucción. Uno por uno. Caeréis como moscas. Uno por uno. Sentiréis todo el daño que me causasteis. Uno por uno... sí, uno por uno.


     He elegido un camino arduo y difícil. He elegido un camino lleno de maldiciones y desgracias. He elegido un camino de eterna muerte, de eterno sufirmiento. Todo gracias a ti. Todo gracias a tus falsas palabras de amor. Ya no puedo luchar en contra de lo que siento, de lo que verdaderamente deseo. Ya no puedo luchar en contra de mi nueva naturaleza. Soy veneno. Soy el horror. Soy, simplemente, tu nueva pesadilla, tu única pesadilla. Soy muerte. Soy destrucción. Soy la personificación de la venganza. Me he convertido en bestia. Me he convertido en lo tú has querido. Pero no has sabido dominar a la bestia. Es ahora de tomar cartas en el asunto. ¡Al fin! Y poder hacer las cosas a mí manera. Ha llegado el momento del horror. No intentes ni tú ni tus esbirros huir, pues no encontraréis ningún escondite seguro.

La bestia de fuego. 
La bestia que desatará muy pronto su ira. 
La bestia que conseguirá vengarse de su asesino.

     Pronto tendrá lugar el infortunio. Muy pronto mis recuerdos se convertirán en afiladas cuchillas que desgarrarán tu garganta. Miedo. Sangre. Venganza. Miedo. Sangre. Venganza. Todo Edén escuchará tus gritos y tus súplicas, pero nadie vendrá a rescatarte. Ningún ángel guardián vendrá a liberarte de mis garras. Ya no hay salvación posible para ti. Ni para nadie. Me ha tocado vivir un camino arduo y salvaje. Me ha tocado vivir, gracias a ti, una vida de eterna desgracia. Sin embargo, gracias a mi condición de mujer, he conseguido hallar el mejor camino para aprovechar toda esa ira, todo ese odio. Ha llegado el momento de hacer frente a vuestros temores y pagar por vuestros pecados. Este camino lleno de espinas venenosas al fin me mostrará alguna virtud. Una nueva esperanza se abre ante mi a cada paso que doy. 

Jamás existirá paz para el hombre.

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¿Confesarás tu pecado, intruso?