» Una última confesión al corazón.

     Soledad. Eterna soledad. Ya no queda nada más. Las flores marchitas tendidas en el suelo están. ¿Pasión? ¿Qué fue de la pasión? ¿Adónde fueron los buenos recuerdos?  Ya no sé qué pensar. Ya no sé qué creer. Todo es una mentira. Existo de la mentira. Nací de una mentira. Ojalá pudiera volver atrás y evitar esta condena agridulce. Ojalá pudiera volver atrás para poder alejarme de esa mirada perdida en el abismo. Ojalá hubiera tenido el valor de coger ese cuchillo y habértelo clavado en el pecho aquella fría noche de invierno. Pero el destino está escrito y era mi destino acabar aquí. Era mi destino morir. Estaba escrito desde el primer día que desperté de la flor. Tú ibas a ser mi asesino. Soledad. Eterna soledad. Lo único que puedo hacer es recordar el pasado y lamentarme por ello. Maldito el destino y te maldigo a ti. Fuiste tú quien me condenaste a esta tristeza y malestar. A esta pena y al delirio. ¿Podría haber existido otra salida? ¿Podría haber existido otra vida? ¿Otra historia se podría haber escrito sobre mí? ¿Y sobre nosotros? Tal vez, si Destino no fuera tan caprichoso, podríamos haber sido felices en nuestro imperio. 

     Ya no sirve de nada lamentarse. Las cosas han llegado muy lejos. El pasado no hace más que volver para hacernos daño. Intento desprenderme de esos recuerdos, pero realmente es demasiado difícil hacerlo. Las palabras se agotan y me ahogan en un mar de dudas y desconsuelo. ¿Por qué no soy capaz de ir más allá? ¿Por qué tengo que vivir en esta agonía sin fin? Ojalá se tratara de un mero sueño, pero lamentablemente, ya no hay sueños existentes para mí. Todo es una ilusión. Soy hija del delirio. Grandes verdades en tiempos inestables. No sé qué hacer. Estoy harta de no saber qué hacer. Quiero explotar la burbuja. Quiero romper el espejo. Quiero acabar con el intruso. Quiero, simplemente, llegar al final del juego.

     A veces siento que abrir las puertas del Edén ha sido un enorme error. A veces pienso que seguir mi instinto ha sido un fracaso total. Mira donde estoy ahora. Mira todo lo que poseo y carezco. ¿Podría haber existido otra salida? ¿Podría haber existido otra vida? ¿Otra historia se podría haber escrito sobre mí? ¿Y sobre nosotros? Tal vez, si Destino no fuera tan caprichoso, podríamos haber sido felices en nuestro imperio. Oh, jardín del Edén, ¿qué fue de la pasión? ¿Qué fue de la llama? ¿Realmente se ha apagado? Dudas. Dudas. Dudas. Siempre la duda es la que invade mi mente. Ojalá hubiera tenido el valor de coger ese cuchillo y habértelo clavado en el pecho aquella fría noche de invierno. Quiero acabar con la duda. Quiero cuestionar el mismísimo destino. Mis lamentos no pueden ser en vano. Tiene que haber otra salvación para este corazón marchito y maldito. Soledad. Eterna soledad. Destino. Destino ruin y codicioso. Asesino que quiere librarse de sus pecados. Pandora no puede huir. Pandora tiene que aprender a vivir en esta prisión elísea, en esta jaula, en la caja de Pandora.

     Los delirios han llegado muy lejos. Mi confianza se ha malgastado y mi paciencia se ha roto cual copa de cristal que dejamos caer al suelo. Jugar a ser inocentes ha acabado. Quiero recuperar esa pasión. Quiero convertirme en la llama. Quiero acabar con la vida de mi asesino. Ya no sé qué creer. Todo es una mentira. Existo de la mentira. Nací de una mentira. Ojalá pudiera volver atrás y evitar esta condena agridulce. Ojalá pudiera volver atrás para poder alejarme de esa mirada perdida en el abismo. Tan solo somos marionetas de Edén. Es este paraíso quien nos controla, quien es realmente el dueño de nuestras emociones. Reflexionar. Siempre reflexionar ante la duda, ante esta ambigüedad. El pasado no hace más que volver para hacernos daño, y aunque lo tenemos muy presente no podemos evitar abrirle la puerta y dejarlo penetrar en nuestras vidas... si es que a esto todavía se le puede llamar vida. No sé cuándo acabará todo esto. No sé si quiera si merecerá la pena confesar los misterios más ocultos de mi mente, de mi retorcida y delirante mente. Es hora de acabar con los dolores de cabeza y afrontar al destino. Es hora de tomar cartas en el asunto. 

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¿Confesarás tu pecado, intruso?