» Rasgando la envidia interior del Espejo.

     ¿Alguna vez has sentido la suave brisa del Edén rozar tus mejillas? ¿Alguna vez has sentido el frescor de la hierba mientras caminas por los senderos de este paraíso? ¿Alguna vez has sentido la paz que emana de cada rincón de este elíseo? ¿Sí? ¿No? Yo sí lo he podido sentir, con cada fibra de mi piel. Una profunda sensación de armonía y tranquilidad recorren mi ser. Volver a nacer de nuevo. Así fue cómo me sentí la primera vez que abrí los ojos en este nuevo mundo. Una sensación de bienestar que en muchas ocasiones me cuesta mucho describir. ¿Sabes de lo que te estoy hablando, Espejo? ¿Puedes sentir lo que yo siento? No, creo que no.

     Y es que es por eso por lo que intentas apoderarte de mi reino. Y es que es por eso por lo que intentas transmitir esa energía negativa a mi alrededor. Todo ese mal... toda esa oscuridad... Una alma mucho más maldita y marchita que la mía había en ese espejo oculto tras el manto carmesí. Una alma envenenada y desquiciada que quiere arrebatarme todo lo que es mío, incluso lo que todavía no me pertenece. Y no entiendo por qué. Y no entiendo cómo lo dejé traspasar las puertas del jardín del Edén.


Poco a poco, como un veneno cuasi invisible que te infecta a través del aire, 
entras en mi mundo y contaminas mi Edén.

     ¿Qué he hecho yo para recibir semejante castigo? ¿Es que no tenía bastante resistiendo las insolencia del intruso? Quiero recuperar mi paz interior. Quiero volver a sentir esa suave brisa acariciándome el rostro y recorrer los bosques con los pies descalzos. Quiero despojarme de mis ligeros ropajes y zambullirme en el agua. Quiero sentir que la naturaleza vuelve a mí. ¿Acaso es mucho pedir? Quiero aprovechar al máximo esta segunda oportunidad, este nuevo hogar con el que he sido bendecida. 

     ¿Alguna vez has sentido la suave brisa del Edén rozar tus mejillas? ¿Alguna vez has sentido el frescor de la hierba mientras caminas por los senderos de este paraíso? ¿Alguna vez has sentido la paz que emana de cada rincón de este elíseo? ¿Sí? ¿No? Yo sí lo he podido sentir, con cada fibra de mi piel. Una profunda sensación de armonía y tranquilidad recorren mi ser. Volver a nacer de nuevo. Así fue cómo me sentí la primera vez que abrí los ojos en este nuevo mundo. 

     Y es que siento lástima por ti, mucha lástima. No puedes sentir. No puedes salir de ese espejo maldito. Desde las sombras observas todos y cada uno de mis pasos, esperando el momento oportuno para atacarme. ¿No piensas que das pena, Espejo? ¿No has pensado que es mejor desprenderse de todo ese mal y esa oscuridad en la que te envuelves? ¿Acaso has tratado alguna vez de escapar de tu prisión? Tu espera es en vano. Tus miradas de odios no servirán de nada. Tienes que comprender de una vez que no puedes derrotarme. No puedes absorber mi alma y adueñarte de lo que es mío por derecho. Lo siento. Lo siento de veras, pero es la verdad. ¿Acaso te duele? ¿Acaso intentas retener tus lágrimas mientras escuchas mis palabras? No eres más que un alma entristecida y corrompida por la envidia.

     Ahora observa, querido Espejo. Observa cómo te relato mi primer despertar en este jardín paradisíaco. Escucha atentamente cómo de describo todas y cada una de las sensaciones que voy experimentando en este Edén. No tengas envidia, tan sólo intenta disfrutar con mis palabras y romper esas cadenas que te retienen en esa oscuridad envenenada y envuelta de negatividad. Acepta el hecho de que jamás podrás derrotar a esta Reina. Acepta el hecho que, mientras estés cubierto por ese manto rojo como la sangre y conviviendo bajo mi cielo estrellado, eres un siervo más de la Madre Natura.

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¿Confesarás tu pecado, intruso?