» El horror tras el vacío.

     Suspiro. Suspiro sin saber por qué. La sensación de vacío me está poseyendo. Ya nada puedo hacer. Creí que había entendido cómo sobrevivir a este juego tan peligroso, pero cuando más me acerco a la verdad, más siento que me pierdo. Las huellas que dejo no significan nada. Vacío. Esa odiosa sensación de vacío me está atormentando. ¿Dónde ha quedado esa pequeña luz que me pueda guiar por esta oscuridad? Vacío. Cuánto más repito esa palabra maldita más asustada me siento. Suspiro. Suspiro una y otra vez. ¿Qué será de mí cuando vuelva a caer en las redes de la desesperación? ¿Será cierto que yo misma he asesinado mi fuerza de voluntad? Me consumo. Me consumo en mi propia inseguridad. Todo se tornará de color negro, como el carbón. Mis recuerdos se volverán a teñir de rojo.

    Vacío. Cuando mis recuerdos se bañen en sangre me consumiré por la duda y el vacío y lo desconocido tomarán posesión de mi cuerpo. Vacío. Nuevamente esa horrible sensación que no sé combatir. Siento que algo me falta. Siento que incluso mis lágrimas están vacías. Algo no está bien. Algo dentro de mí no está bien. Suspiro. Suspiro sin saber por qué. ¿Qué clase de alivio me proporciona este suspirar? Agito la cabeza mareada. ¡Yo qué sé! Impotencia. La impotencia se va haciendo más grande a cada segundo que pasa. Vacío, por favor, aléjate de mí. 

     Y es que, había llegado tan lejos... Y es que, por una vez en muchísimo tiempo, había conseguido entender cómo sobrevivir a este juego fatal. Pero no. Todo parece una ilusión. Todo parece un engaño. ¿Qué camino debo de seguir ahora? ¿Qué clase de solución puedo encontrar entre tanta desesperación? Una historia que jamás tendrá un final feliz. Una historia que siempre me llevará a la perdición. 

     Una y otra vez. Un bucle sin fin. Me consumo. Me consumo en mi propia inseguridad. Vacío. El vacío se está calando por los poros de mi piel. Temor. Es lo único que puedo sentir. Temor y preocupación por no encontrar una cura a esta enfermedad. Estoy maldita. Jamás podré salvarme de este cruel destino. No quiero que el vacío me arrebate mis últimos recuerdos. No. No quiero. Por favor, ángel guardián, si alguna vez exististe de verdad, escucha mis plegarias y sálvame. Vacío, vacío, vacío y más vacío. ¡Qué sensación tan horrible! Me siento desprotegida... Odio profundamente sentirme así. Lo odio. No me gusta nada. Me hace sentir débil, y eso no me lo puedo permitir. 

     Vacío. El vacío es lo que me está consumiendo. No puedo. No puedo continuar así. Suspiro. Suspiro como si eso me fuera a proporcionar algún tipo de alivio. ¿A quién quiero engañar? Tal vez a mí misma. Pero sí, lo reconozco, estoy desesperada. No quiero consumirme y desaparecer en el vacío. Es veneno. Es el destino. Quién sabe. Siento que incluso mis lágrimas están vacías. Algo no está bien. Algo dentro de mí no está bien.  ¿Dónde ha quedado esa pequeña luz que me pueda guiar por esta oscuridad? Quiero salvación. Quiero verdad. No quiero rendirme. No quiero perecer otra vez. ¿Qué será de mí cuando vuelva a caer en las redes de la desesperación? ¿Será cierto que yo misma he asesinado mi fuerza de voluntad? Me consumo. Me consumo en mi propia inseguridad. Todo se tornará de color negro, como el carbón. Mis recuerdos se volverán a teñir de rojo. Ya nada puedo hacer. No hay salvación. No hay luz. Vacío. Todo desaparecerá. Esta pesadilla no es más que una mera ilusión frustrada. Auxilio, pues por primera vez en tantísimo tiempo empiezo a conocer el amargo sabor de la desesperación.

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