» La última experiencia antes de morir.

     Pronto comenzaría la cuenta atrás. Pronto iba a tener lugar la ceremonia que pondría punto y final a mi corta existencia. Pronto todo se teñiría de sangre. Y yo, ajena al peligro, me encontraba en mi alcoba feliz y radiante. ¿Cómo debía de prepararme para semejante acto? ¿Cómo debía de sentirme realmente si no era consciente de nada? Secretos con perversas intenciones. Esa era la realidad. Pero ahí estaba yo, peinándome el largo y rojo cabello con una sonrisa que se ampliaba por segundos en mi rostro. Tarareaba una melodía conocida. Me pintaba los labios con delicadeza. Sí, inocente de mí por pensar que todo iba a salir bien. Estúpida de mí por no ser capaz de ver más allá e indagar en las miradas ajenas.

     Aquellos eran mis últimos minutos de vida. Aquellos eran mis últimos minutos de felicidad. Todavía recuerdos con nitidez la ilusión que me hacía desposarme con aquel que creía que mi salvador. Todavía me acuerdos de todos y cada uno de mis pensamientos. Nada merecía la pena. Todo era en vano. Pero por entonces no podía saberlo. Terminé de cepillarme el cabello para luego recogérmelo y darme un último baño antes de mi muerte. Era el momento de relajarse, intentaba como podía despojarme de mis nervios. Me sentía una mujer fuerte y poderosa. Lo que había conseguía era un milagro, había cumplido con mi destino y ahora iba a vivir mi propia vida… o eso creía yo.

     Pronto comenzaría la cuenta atrás. Pronto iba a tener lugar la ceremonia que pondría punto y final a mi corta existencia. Pronto todo se teñiría de sangre. Cerré los ojos y suspiré imaginando cómo iba a ser mi vida después de la ceremonia. Estaría con él para siempre y seríamos felices. Despertaría cada mañana a su lado y recorrería el mundo de la mano de la persona a quien yo amaba de verdad. Todo sería maravilloso. Todo saldría bien. Mi curiosa historia tendría un final feliz… Pero no fue así. Pronto comenzaría la cuenta atrás. Pronto todo se teñiría de sangre. Secretos con perversas intenciones. Esa era la realidad. 

     Mantenía mi sonrisa mientras enjabonaba mi cuerpo. Me estremecía la idea de poder gobernar a su lado ese mundo de hombres en el que me encontraba. Reía por lo bajo nerviosa mientras echaba una mirada a aquel precioso vestido de novia que me esperaba encima de la cama. Podría decirse que parecía un lienzo en blanco y que pronto lo iban a pintar de carmesí para crear una obra de arte espeluznante… Y yo ajena a todo ese terror. ¿Cómo debía de prepararme para semejante acto? ¿Cómo debía de sentirme realmente si no era consciente de nada? Todavía se me llenan los ojos de lágrimas cada vez que recuerdo aquellos últimos momentos. Mi expresión alegre, llena de felicidad y entusiasmo… pronto no sería más que gritos de auxilio y carne descuartizada y ensangrentada. Sí, así es, pronto tendría lugar el horror fatal. Pronto tendría lugar la más horrible de las muertes. La melodía que tarareaba entonces callaría para siempre.

     Salí de la bañera al cabo de un tiempo. Sequé mi cuerpo con una toalla blanca y me dispuse a vestirme. Solté mi cabello carmesí y me lo volví a cepillar. Estaba tranquila. Ya no existían nervios en mí. Todo iba a salir bien. Iba a conocer el punto más alto de la felicidad… o eso pensaba yo. Me miré en el espejo y ultimé los pequeños detalles. Estaba lista para la ceremonia. En realidad, me había adelantado a los acontecimientos. Puede que fuera por eso por lo que me habían castigado con semejante crimen… o eso pensaba al principio, aunque ahora ya sé la verdadera razón de mi muerte. Suspiro. Suspiro entristecida. Me encontraba de pie, sosteniendo el ramo de flores y alzando la cabeza bien alta. Iba a ser mi momento. Iba a pasar el resto de mi vida con la persona que amaba o creía amar entonces. Abrí la puerta de mi alcoba. La cuenta atrás ya había comenzado. La melodía se había detenido. Pronto iba a tener lugar la ceremonia que pondría punto y final a mi corta existencia. Pronto todo se teñiría de sangre.

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