» Pequeños recuerdos del futuro.

     Había caído en un profundo sueño… nuevamente. No era la primera vez que sucedía, sin embargo, noté que en esta ocasión todo iba a ser diferente. Por aquel entonces no podía imaginarme lo que estaba apunto de ocurrir. O mejor dicho, no era consciente de lo que me esperaría cuando volviera a abrir los ojos, cuando volviera a despertar de mi sueño. No sentía miedo. No sentía preocupación alguna. ¿Cómo iba a sentir miedo si ya había olvidado lo que era padecer esa enfermedad? ¿Cómo iba a preocuparme si todavía no era consciente de nada? Ingenua entonces yo cuando era ajena a todo el horror que me esperaría al abrir los ojos por enésima vez. Y aún recordando todo aquello, deseaba con todas mis fuerzas no volver a abrir los ojos. Anhelaba con todo mi ser no despertar jamás de ese extraño sueño al que debía de enfrentarme.

     Cierto era que sentía una profunda paz y armonía cada vez que viaja al mundo de los sueños. No soy capaz de describirlo, pero una sonrisa de oreja a oreja se esbozaba en mi rostro cada vez que despertaba en ese nuevo mundo, en ese mundo paralelo donde todos mis deseos se hacían realidad. En aquellos momentos no sabía que todas esas imágenes que inundaban mi mente eran el reflejo de un futuro no muy lejano. No podía entonces darme cuenta de que cada vez que cerraba los ojos y soñaba estaba viajando al futuro, por así decirlo. Aquel mundo maravilloso que se creaba en mi mente no era ni más que menos que mi futuro Reino. Mi santuario. Mi lugar secreto. Mi guarida. Llámalo como quieras, era un lugar muy especial para mí al que nadie más que yo tenía acceso. ¡Y qué bien me hacía sentir viajar a aquel paraíso, aunque fuera de forma ilusoria! No podía dejar de sentir felicidad. Eran mis últimos momentos de felicidad verdadera, antes de que tuviera lugar la catástrofe. 

     Todas las noches, justo en el momento en el que se ocultaba el sol, iba corriendo a mi alcoba para introducirme en la cama y cerrar los ojos con ternura. "Por favor, haced que caiga en los brazos del Sueño pronto", susurraba para mí  misma ingenia a todo el mal que pronto se revelaría ante mí. Cerraba los ojos y comenzaba a contar hacia atrás: diez, nueve, ocho, siete, seis… Sin olvidar antes abrir la caja de música para acomodarme entre las sábanas… cinco, cuatro, tres, dos, uno… Y de repente, oscuridad. Sí, así es, al fin había llegado al nuevo mundo. Abrí los ojos con especial delicadeza. Suspiré profundo. Todo era perfecto. Había despertado nuevamente en mi paraíso secreto. Nada podía salir mal. Los gorriones cantaban. La suave brisa me acariciaba la piel. El frescor de la hierba tocando mis desnudos pies… Este mundo de ensueño era lo mejor al acabar el día.

     ¿Cómo iba a saber yo que este lugar, producto de mi mente, iba a ser i salvación en unas pocas semanas? ¿Cómo iba a saber yo que ya había estado muchísimas veces de forma voluntaria en el jardín del Edén? No podía saberlo, era imposible. Sin embargo, allí estaba, en mitad del profundo bosque, respirando por última vez antes de mi planificada muerte. Ojalá me hubiera quedado soñando eternamente. Ojalá mis ojos no se hubieran abierto nunca. Ojalá me hubiera quedado en ese mundo de ensueño durante toda la eternidad. Ojalá hubiera sido entonces y no ahora. Así me habría ahorrado tanto sufrimiento. Así no se hubiera derramado tanta sangre, mi sangre. Así mis gritos jamás tendrían que haber sido escuchados. Ojalá. Ojalá mi sueño hubiera sido eterno y podría haberme salvado mucho antes del horror. ¿Pero cómo iba a saber yo lo que me guardaba el supuesto futuro? Ingenua yo. No podía saberlo, era imposible. 

     Todavía, después de todo lo que ha pasado, sigo sintiendo tristeza por no haber sido capaz de darme cuenta a tiempo del significado de mis sueños… Pero no siento rencor, no puedo. Gracias a esos acontecimientos he podido llevar a la realidad un nuevo mundo, mi mundo. Un pequeño lugar sólo para mí. Sin embargo, no puedo evitar contradecirme ya que el corazón se me llena de tristeza cada vez que pienso en mis pequeños recuerdos del futuro. No sé si será por todo lo que ha tenido que sufrir tanto mi cuerpo como mi mente, no lo sé. Pero tampoco quiero pensar más en la negatividad del asunto. A mí lo que me importa en este momento es no desprenderme jamás de este paraíso, de este Edén. No quiero despertar nunca de este nuevo sueño. No quiero tener que rezar todas las noches al ocultarse el sol para no despertar. Quiero, simplemente, vivir en paz, aquí en mi Reino, pues mis ojos se han cerrado ya para siempre.

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