» Reclamaciones con oscuras intenciones.

     No tienes derecho a reclamar nada. No tienes derecho a venir a mi paraíso y mancillar mi cuerpo. No. No tienes derecho a nada. Este no es tu hogar. Este no es tu Edén. Tú no eres su Rey. Tú no eres su dueño. ¿Cómo osas venir aquí a reclamar lo que no es tuyo? Maldito. Sin vergüenza. Eso es lo que eres. Durante mucho tiempo he tenido que soportar tus miradas lujuriosas entre la sombras. Durante mucho tiempo he tenido que soportar tus sugerencias desde la oscuridad. Has intentado adueñarte de lo que es mío. Has intentado que yo misma sucumbiera en tus peligrosas redes. Pero ya basta. Ya no más. No pienso tener clemencia contigo. No pienso volver a caer en tus encantos. No. No tienes derecho a pedirme el jardín del Edén. No tienes derecho a nada. Entiéndelo de una vez.


     Me das asco. Te odio. Te repudio. Durante muchísimo tiempo has sido tú y solo tú el culpable de todos mis males. Has sido tú quién ha querido revelar su verdadera identidad y darse a conocer. Has sido tú quién ha venido hasta aquí a engañarme una vez más. Pues no. Ya no pienso tolerar más estas insolencias. Ya no voy a permitir que tus engañosas palabras se adentren en mi cabeza. Ya no quiero escuchar ni una sola palabra más. Has cruzado las puertas del Edén para hacerme daño y volver a mentirme. Has venido aquí a arrebatarme el trono que por legítimo derecho me pertenece. 

     ¡Maldita sea! Cada vez que pienso en ti se enciende la llama. Y no precisamente de pasión. Todos los pequeños buenos recuerdos que puedo tener contigo se marchitan, se queman, se destruyen. Todo se desvanece para dar paso a la verdad. Conozco, intruso, tus veraneras intenciones. Ya no puedes persuadirme nunca más. Ya no volverás a tocar esta pálida piel ni rozar mis labios carmesí. Estoy harta, muy harta. No voy a tolerar ningún juego más. No tienes derecho a venir aquí y reclamar el jardín del Edén como una posesión. Este es mi hogar y pienso defenderlo cueste lo que cueste. Este es mi Reino y no pienso cedérselo a nadie. Así que aprende la lección de una vez porque esta e dmi realidad. 

     No pienso cederte mi trono. No pienso permitir que te apoderes de mi paraíso. Te odio. Te odio. Te odio. Eres veneno. Eres la maldición personificada. Siempre has sido tú el culpable, yo no. Entiéndelo de una vez, intruso. Este no es tu lugar. Jamás podrás hacer de este Edén tu hogar. No eres bienvenido. No eres nadie aquí. Ya no pienso volver a caer en tus juegos. Ya no pienso volver a dejar que tus manos me toquen. Deja de reclamar lo que no es tuyo. Deja de comportarte como si tú fueras la víctima. No quiero que vuelvas a mirarme a los ojos. No quiero que vuelvas a adentrarte en lo más profundo de este paraíso. ¡Vete! ¡Lárgate de aquí! Eres el tedio, eres el verdadero tedio.

     Jamás serás el Rey. Jamás serás el dueño de este Edén. ¿Cómo te atreves a reclamar mi trono? ¿Cómo te atreves a jugar tanto con mi corazón como con mi mente? Me das asco. La pena no tiene lugar en mi corazón ya. Asco, simple y llanamente. Parece ser que nunca comprenderás este odio que te tengo. Parece ser que jamás te cansarás de acecharme en las sombras. Aprende de una vez, intruso. Admite que jamás podrás vencerme. No eres nadie para reclamar el jardín del Edén. No tienes poder suficiente para enfrentarte a mí. No tienes derecho a nada, intruso. A nada. Por mucho que lo intentes, jamás serás bienvenido en mi morada.

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¿Confesarás tu pecado, intruso?