» Cartas para un ángel guardián I

Querido ángel guardián, 
¿Cuántas veces te habré escrito ya? ¿Cuántas veces te habré pedido auxilio? No sé si me estarás si quiera leyendo. No sé si te molestarás en hacerlo o si algún día vendrás a salvarme de esta pesadilla. No puedo saber nada, tan sólo tener la esperanza y seguir creyendo en que algún día lo harás y vendrás a por mí. Puede que todo esto sea en vano, tal vez, pero sin embargo, no puedo evitar estar aquí escribiéndote esta nueva carta para luego arrojarlo por el acantilado, al vacío... En fin, ¿qué te voy a contar ya que no sepas? 
Sé que me vigilas. Sé que me observas cuando duermo. Sé que estás ahí... aunque no quieras manifestarte. Soy capaz de notar tu presencia, parece ser que es algo que intentas omitir, pero es la verdad, querido ángel guardián. No intentes mirar a otro lado. Mírame a mí. Mira cómo grito tu nombre al viento para intentar captar tu atención. Durante muchísimo tiempo me he mantenido firme, fuerte e independiente... Pero hay ocasiones en las que realmente te necesito a mi lado. Puede que jamás quiera admitirlo, puede que jamás me atreva a reconocerlo ante tu presencia, pero es la verdad, querido ángel guardián. 
Me siento débil, por mucho que parezca por fuera que soy ese fuego ardiente y destructor. Me siento apenada, vacía nuevamente. Siento que mis palabras, mis llantos, mis lamentos... no sirven para nada. En silencio pido auxilio e intento no aferrarme a mi oscuro pasado. Intento bajo ningún concepto venirme abajo. Mi mente está perturbada. Mi entera existencia es un mero delirio trastornado. Y no me quiero dar cuenta. No quiero pensar en ello. Sin embargo, cuando cae la noche, cuando me percato de que nunca vendrás a por mí... es cuando comienzo a derramar las lágrimas... Lágrimas de sangre que tú bien conoces.  
Ángel guardián... ¿por qué no acudes a mi llamada? ¿Por qué me ignoras de esta manera? ¿Acaso estás esperando a que venga a ti y te diga cuánto te necesito? Sabes que no pienso hacerlo, pues no está en mi naturaleza. Sabes que jamás iré mendigando comprensión y consuelo. ¿Sabes qué...? Hay ocasiones en las que pienso que me ignoras para hacerme daño, más daño del que ya siento. Me haces sufrir. Me torturas haciéndome el vacío. ¿O es que, tal vez... no exista ningún ángel guardián? No lo sé. No me responderás. No me dirás absolutamente nada. Y yo aquí, al borde del precipicio, con mis dudas, con mis intensos dolores de cabeza. Y yo aquí, con mis recuerdos agridulces de una vida pasada.  
 Me gustaría hablar contigo, cara a cara. Aunque fuera durante un instante, aunque fuera para despedirme de ti. Pues tengo la necesidad de saber qué eres para mí y qué soy yo para ti. Ángel guardián, no te separes de mi lado. Escúchame. Lee mis cartas. Respóndeme. Antes solía bastarme con sentir tu presencia, pero ya no.... Necesito más. Necesito que me salves de esta pesadilla sin final. ¿Acaso es mucho pedir? Por favor, sálvame. 
Pandora.

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¿Confesarás tu pecado, intruso?