» El despojo de la cegadora venda ilusoria.

     La partida es inminente. Ya no hay nada que pueda hacer. Te vas. Te escapas de mis manos. Huyes ante el conocimiento de mis nuevos y malditos sentimientos. Aún no sé cómo ha llegado a tus oídos, pero me arrepiento mucho de haberle confesado a la noche mis emociones. Te vas. Dices que no vas a volver. Dices que ya no tendré que preocuparme nunca más de tu constante acoso. Sin embargo, mis sentidos están confusos. Debería de estar alegre, feliz. Debería de estar más que orgullosa por tu partida... pero no es así. Odio esta situación. No es la primera vez que pasa y da igual lo que haga o diga, mis sentimientos se contradicen. ¡No consigo luchar contra esto que me está sucediendo!

     Nuevas lágrimas caen por mis mejillas. Te vas. Te escapas de mis manos. ¿Acaso no comprendes que debo de llevar a cabo mi venganza? ¿Acaso no comprendes que estas lágrimas no son causadas por tu partida sino porque si te vas no podré acabar contigo? Sí, eso es. Ahora lo entiendo. Siento esta profunda tristeza porque si no te escapas y huyes no podré destruirte. Sí. Eso es exactamente lo que está pasando. No puedo sentirme así por ninguna otra cosa, estoy muy convencida de ello. Las lágrimas van cayendo una a una por mi rostro. La partida es inminente y ahora comprendo el por qué de mi reacción. Deberías de irte, yo debería de estar más que feliz y satisfecha con tu ida, pero no es así. Debo de completar mi venganza. Debo de aniquilarte de una vez por todas. Esa es la única manera en la que podré conseguir paz eterna, paz verdadera. 

     Posiblemente, bajo otras circunstancias, no me hubiera importado lo más mínimo tu ida, tu huida.Pero no ha sido el caso. Mi sed de sangre es más fuerte. Mi sed de venganza es mucho más fuerte de lo que te podrías imaginar. Debo de terminar de corromper tu corazón. Debo de cumplir con mi oscura misión. Así que no huyas, intruso. Ni si te ocurra huir del jardín del Edén en el ocaso. La partida es inminente... o eso intentas hacerme creer. Pero no, bajo ningún concepto puedo permitir que te escapes de mis manos. Es imposible que corras, pues tu lujuria es grande y siempre vas a necesitar de mí. Siempre vas a querer volver a mi lado. Te tengo embrujado. Te tengo hechizado. Ahora eres tú y sólo tú quien ha caído en mis redes, en mi juego mortal. 

     Mis lágrimas se desvanecen. Mi odio hacia ti es profundo. No debes escapar. No puedes escapar de mí. Dices que te marchas del paraíso y que no vas a volver, pero yo no pienso permitirlo. Debes de quedarte aquí, cerca de mí, y esperar el final del todo. Esperar el final de tu odiada y maldita existencia. Mis lágrimas dejarán de caer cuando consiga encontrarte y pueda acabar contigo. Mis lágrimas cesaran una vez que te destruya para siempre. Así pues, no debo de sentirme débil. No debo de derrumbarme, pues esto no es más que una transición. Pues esto no es más que el comienzo de tu final. Debo llevar a cabo mi venganza, mi misión. ¿Acaso no lo entiendes? No puedes escapar. No puedes huir. No puedes partir hacia nuevas tierras inexploradas. Yo soy la dueña del jardín del Edén. Yo soy la Reina de este paraíso, y como tal no voy a permitir que te salgas con la tuya. Nunca. Jamás. Ya va siendo hora de amarrarte bien fuerte y cumplir con mis objetivos. Ya no más lágrimas. Ya no más promesas falsas y esperanzas rotas. Pronto el demonio que llevo dentro romperá su coraza.

     Ahora serás tú y sólo tú quién llorará. Ahora serás tú quien terminará de desvanecerse. Ahora todo recobrará su sentido inicial. Al fin... después de tantísimo tiempo, he logrado quitarme esa venda que me cegaba. Ahora ya sé el por qué de lo que siento. Ahora ya comprendo mis contradicciones. He conseguido ver la luz al final del túnel. Y me siendo renovada. Y me siendo única. Y me siento poderosa, porque realmente lo soy. Te tengo embrujado. Te tengo hechizado. Ahora eres tú y sólo tú quien ha caído en mis redes, en mi juego mortal. Debo de completar mi venganza. Debo de aniquilarte de una vez por todas. Esa es la única manera en la que podré conseguir paz eterna, paz verdadera. Ninguna lágrima más caerá por mis mejillas. Nunca. Jamás.

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¿Confesarás tu pecado, intruso?