» El recuerdo del despertar de un monstruo.

Lo vi marchar una mañana. Él creyó que yo continuaba dormida, pero no era así. Entreabrí mis ojos levemente y ahí estaba él, erguido y pensativo, mirando el vacío. Me acarició el cabello y se despojó de la sábana. A continuación se levantó en silencio, poco a poco y echó a andar. Era extraño. Era muy extraño ese comportamiento en él... o al menos eso es lo que consigo recordar. Una semana antes de mi muerte empecé a percatarme de su enigmática actitud hacia mí. No sé por qué no quise reaccionar por aquel entonces, pero... debí de suponer que algo andaba mal. No supe ver las señales. No quise ver esas dichosas señales.


Cariño. Me trataba con más cariño de lo normal. Sus caricias eran más suaves. Su voz era más dulce. Su mirada era... ¿nostálgica? No sé, no sabría describirla, pero había algo en sus ojos que eran diferentes. La manera en la que me observaba me hacía estremecer. Ahora sé que lo que estaba haciendo era estudiar todos mis movimiento. Estaba planeando el día fatal sin yo darme cuenta, sin yo saber absolutamente nada. Pero aún así... había algo de él en aquella semana que captaba toda mi atención. Una atracción peligrosa comenzaba a emanar entre nosotros. Era muy distinta a la que ya sentíamos el uno por el otro...

Lo vi marchar una mañana. Él creyó que yo continuaba dormida, pero no era así. Había salido de la alcoba. No sé adónde, no sé para qué, pero me dejó ahí sola entre las mantas. Me acurruqué cuan niño pequeño y comencé a estremecerme. Había algo en sus ojos que me inquietaba. Jamás me había sentido así, pero estaba claro que era una de las señales que ignoré en su momento. ¡Qué ingenua fui por aquel entonces cuando creí que nada malo podía sucederme! Él me cuidaría por siempre y permanecería a mi lado... Pero no fue así. Ahí estaba yo, tumbada en aquella cama esperando a que volviera, esperando a que viniera a mí para despertarme entre besos y caricias. Pero no lo hizo... ninguno de los días antes de la ceremonia lo hizo. 

Y todavía echo de menos aquella mirada tan penetrante. Echo de menos sus caricias y ese cariño especial con el que me estuvo tratando todo ese tiempo antes de morir. Hay ocasiones en las que me gustaría poder volver atrás y vivir esos últimos recuerdos otra vez. Poder, de alguna manera, sentir algo. Estoy vacía. Estoy triste. Siento que me falta algo y cuando recuerdo aquellos momentos soy capaz de llenar levemente este hueco que tengo en mis entrañas. Cariño. Un cariño perturbador e inquietante... aunque vuelva a herirme, quiero volver a sentirlo cerca de mí. Quiero volver a sentir el peligro de una atracción maldita.

Suspiro. No puedo evitar suspirar cada vez que recuerdo aquella escena una y otra vez. La primera señal... Aquella mañana en la que lo vi marchar. Aquella mañana en la que se levantó del colchón sigilosamente y se dirigió a la puerta. Sería una de las últimas veces en las que podría ver algo de luz en sus ojos. La bestia, su monstruo interior, despertaría y me destruiría. Y todavía sigo convencida de que intentó por todos los medios disimular su transformación... por eso me trataba con ese cariño tan especial, tan dulce. La atracción que estaba sintiendo entonces no era por el hombre que había conocido, no... Sino por la bestia que me desgarraría el pecho en unas semanas. 

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