» Los últimos deseos de un alma en pena.

     Esto podría ser un adiós, pero no quiero que lo sea. Esto podría ser una despedida, pero sé que en cualquier momento podría volver a caer en tus redes. Esto podría ser la prueba definitiva, pero sé que volverías a jugar con fuego... Siento que estoy apegada a ti, tal vez demasiado. Siento que jamás podré ser libre al cien por cien de tus miradas, de tus caricias, de tu constante acoso. Intento refugiarme en lo más profundo del Edén, pero incluso ahí eres capaz de encontrarme. Me perturbas. Demasiado. Y lo odio con toda mi alma.

     Jamás pensé que fuera a sentirme así. ¿Cómo describirlo? ¿Tal vez sentirme desnuda ante tu presencia? ¿Desprotegida? Posiblemente esa sea la alabar adecuada. Jamás pensé que tu presencia fuera a nublarme tanto las ideas. El dolor de cabeza es cada vez más fuertes, mis delirios más intensos, y mi vista más nublada. ¿Cómo poder remediar esta enfermedad? Puede que seas tú la enfermedad propiamente dicha. Eres tú la causa de mis preocupaciones. Eres el mal. Eres el causante de mi enfermedad. Eres veneno... pero dime, ¿acaso no lo sabías? 

     Quiero esconderme. Quiero refugiarme en un lugar dónde no puedas encontrarme nunca más. No quiero volver a derramar una sola lágrima por ti. No quiero volver a sufrir por alguien que no vale la pena. No quiero sentirme apegada por un ser sin nombre que todas las noches me recuerda ese trágico acontecimiento que marcó mi destino. No quiero volver a recordar el rostro de mi asesino. Y mucho menos quiero sentirle piel con piel. Sin embargo, siempre he sido una persona contradictoria a causa de mi curiosa locura originada por tu continua obsesión...  Esto podría ser un adiós, pero no quiero que lo sea. Esto podría ser una despedida, pero sé que en cualquier momento podría volver a caer en tus redes. Esto podría ser la prueba definitiva, pero sé que volvería a sucumbir y que volverías a jugar con mi delicada mente.

     ¿Por qué? ¿Por qué me encuentro aquí sin saber qué hacer? ¿Por qué me encuentro aquí, escondida, derramando lágrimas de impotencia? Sí, me siento impotente. Me siento impotente porque no soy capaz de curar el mal que habita en mí. No soy capaz de avanzar y liberarme de estas ataduras, liberarme de una vez por todas de TUS cadenas. Siento que estoy apegada a ti, tal vez demasiado. Siento que jamás podré ser libre al cien por cien de tus miradas, de tus caricias, de tu constante acoso. Intento refugiarme en lo más profundo del Edén, pero incluso ahí eres capaz de encontrarme. Me perturbas. Demasiado. Y lo odio con toda mi alma.

      Quiero libertad. Quiero encontrar la cura a esta peligrosa enfermedad que me corrompe y consume poco a poco. Quiero refugiarme en un lugar dónde no puedas encontrarme nunca más. No quiero volver a derramar una sola lágrima por ti. No quiero que mis lágrimas sigan siendo de color carmesí. Así que, por favor, basta. Te ordeno que dejes de perturbarme de esa manera tan única. Quiero que me dejes en paz y que me dejes sola con mi lamento. Ya estoy marcada. Ya estoy maldita. Jamás podré liberarme de este castigo. Quiero dejar de contradecirme. Quiero, simplemente, dejar ir lo que siento y despojarme de todo este rencor que guardo dentro de mí. ¿Acaso pido demasiado? ¿Es que no eres capaz de entender mis sentimientos? 

Por favor... simplemente... olvídame.

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¿Confesarás tu pecado, intruso?