» El momento del renacer.

Silencio. Silencio es lo que se escucha en la más oscuridad de las oscuridades. Silencio es lo que habita en lo más profundo del abismo. Un lugar del que jamás podría escapar. Un lugar en el que todos mis lamentos e inseguridades cobran vida. Vivo en una pesadilla. Vivo por completo entregada a la causa de esa pesadilla. ¿Cómo poder liberarme de ella? Ah, quién sabe. Aquí no sirve de nada pedir ayuda o buscar un refugio. La oscuridad me absorbe. La oscuridad me contamina y me consume por dentro. Este es el área en el que los miedo tienen lugar. ¿Cómo poder liberarme de ella? Ah, quién sabe. 

Silencio. El silencio comienza a disiparse. Se rompe. Se marchita. Se destruye. Muere. El canto de los pájaros empiezan a invadir este espacio. Algo está sucediendo. El cambio ha iniciado al fin. Y con ello, la oscuridad se vuelve luz. Es así como, poco a poco, este abismo empieza a transformarse en un paraíso maravilloso. 

La hierba empieza a crecer. Las flores comienzan a ocupar todo el terreno. La luz al fin nace y los brillos del sol acarician todo la oscuridad. El silencio desaparece. El abismo muere. Todo se transforma de una manera mágica para mí. Esperanza. Nace la dicha. Nace la alegría. Un sentimiento de felicidad me llena de gracia por dentro. Un nuevo comienzo está teniendo lugar en este elíseo.

Me siento desnuda ante la idea de un nuevo renacer. Ya no tengo por qué sentir miedo. Ya no tengo por qué mirar atrás. Se me está otorgando una segunda oportunidad y no debo de desaprovecharlo. Jamás imaginé que la luz podría ser tan hermosa. 

El jardín del Edén va tomando forma, una nueva y enigmática forma. La hierba crece con rapidez, alta y fuerte. Los gorrines se acercan a mí cada vez más. El sol ilumina mi rostro. Ya no tengo por qué esconderme. Esta sensación es tan... maravillosa. Al fin el abismo quedó atrás, junto con el miedo y las mentiras. Al fin me siento libre. Al fin puedo decir que he encontrado un lugar sólo para mí. Podré ser feliz. Podré vivir mi existencia como yo quiera. No le tengo que rendir cuentas a nada ni nadie. Esta sensación es tan... maravillosa. Abandono el sentimiento de soledad y la dejo bien atrás. Me desgarro el pecho para poder así encontrar en mi interior todo aquello que me estaba dañando, todo aquello que me estaba haciendo mal. Lo arranco. Lo destruyo. Ya no siento miedo. 

Los árboles comienzan a crecer velozmente. Todo es mágico... No tengo palabras para describir lo que está sucediendo en este mismo instante. Mis ojos contemplan la transformación de un nuevo mundo. La pesadilla se convierte en sueño y el sueño en realidad. Un hogar. Un reino. Un santuario. Renacimiento. Una sonrisa amplia y grata protagoniza mi rostro. Una lágrima de alivio recorre mi mejilla. La luz al fin nace y los brillos del sol acarician todo la oscuridad. El silencio desaparece. El abismo muere. Esperanza. Nace la dicha. Nace la alegría. Un sentimiento de felicidad me llena de gracia por dentro. Un nuevo comienzo está teniendo lugar en este elíseo.


    Ya no tengo por qué sentir miedo. 
Tampoco tengo que refugiarme en mi soledad y recrear en mi cabeza todas esas pesadillas. 
No tengo que dejarme consumir por la oscuridad. Todo es luz ahora. Todo es felicidad.

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