» Reflexiones en soledad (1º PARTE)

     Pensé que jamás volvería a caerme. Pensé que era fuerte y que podía mantenerme en pie... pero me equivoqué. No puedo evitar pensar que soy fuerte e independiente. No puedo evitar pensar que tengo el suficiente coraje y valor para caminar por este sendero de lirios rojos yo sola. La verdad es que jamás me importó estar tan sola. La soledad jamás fue mi enemiga... Hasta que llegaste tú y derrumbarte mi mundo y mis ideales. Y es que, aunque nunca lo quiera admitir (y mucho menos delante de ti), es verdad que dentro de mí se esconden demasiados sentimientos. Hay un torrente de emociones que gritan desesperadamente para ser liberados. Quiero ser escuchada y comprendida. Quiero ser libre y no sentir miedo nunca más... Pero todo es muy complicado y las cosas nunca pueden ser fáciles, ¿verdad que no?

     No sé si quiera describir este sentimiento de impotencia. Me he acostumbrado demasiado tiempo a la soledad. He divagado demasiado en mis propios pensamientos y me he escondido durante tantísimo tiempo en mi propia coraza. No quiero saber nada del mundo exterior. Quiero seguir sintiéndome indiferente ante las situaciones que suceden a mi alrededor. Pero es algo inevitable, poco a poco hay alguien que escarba e intenta introducirse en esa coraza. Intentan traspasar esa línea impenetrable hasta llegar a ti y cogerte de la mano. Sin decir nada, mirada con mirada, lo comprendes todo (o eso es lo que piensas) y explotar. De repente, lágrimas que no puedes controlar. Un sentimiento curioso comienza a despertarse en el interior y en cuestión de segundos te ves agitado por las emociones del momento. ¿Qué es lo que está pasando? Ah, yo no lo sé. Pensé que era lo suficientemente fuerte como para dejaren aplastar y volver a caerme por los empujones... pero parece que me equivoqué. Poco a poco, alguien ha sabido hacerse un hueco en esa coraza y la ha querido ir rompiendo (no sé cómo), sin yo darme cuenta. ¿Cómo he podido permitir esto? Ah, yo no lo sé.

     Me siento, nuevamente, abrumada. Suspiro una y otra vez, contándoles mis penas y mis inquietudes en soledad a mí único acompañante. Ojalá pudieras responderme y aconsejarme como es debido. No quiero continuar estando en este mundo perdido. No quiero tampoco continuar dudando entre mis propios pensamientos. ¿Acaso hay alguna manera de proteger esa coraza? ¿Acaso puedo impedir el paso de cualquier ente por esa pequeña fisura de la coraza? Ah, yo no lo sé, quién sabe. Quiero mantenerme fuerte. Quiero seguir siento valiente e independiente. No quiero volver a caerme, y si me caigo, no quiero que nada ni nadie me tienda la mano, pues debo aprender a levantarme por mí misma. 

     Suspiro nuevamente. Argh, querido amigo alado que tan bien me escuchas... ¿prométeme que jamás me abandonarás? Pues has sido tú el único que has sabido ser paciente conmigo y has sabido escucharme. Has estado ahí en todo momento para mí, aunque no me haya querido dar cuenta. Desde los cielos, desde los rincones más oscuros... tu presencia siempre fue palpada en el ambiente. Y yo, sin embargo, continuaba con mi venda cegadora en los ojos. Un sentimiento curioso comienza a despertarse en el interior y en cuestión de segundos me veo agitado por las emociones del momento. No sé qué decir. No sé cómo sentirme al respecto. Todo esto es muy novedoso y extraño para mí.

     No estoy muy acostumbrada a dar las gracias, pero aún así, siento que a ti sí te los tengo que dar. Cada pequeño momento de confesión que he tenido contigo me ha permitido estar un poco más cerca de la verdad y me ha dejado ver la luz. La soledad jamás fue mi enemiga, y no va a empezar a serlo ahora. Simplemente, debo de aprender a protegerlo, porque en cualquier momento, de un modo inesperado, alguien puede adentrarse en mi coraza y hacerme llorar. Y yo... como ser fuerte, valiente e independiente, no puedo permitir eso. El que escucha tus penas siempre te tenderá la mano y te protegerá quieras o no, pero el que jamás se ha interesado por ti y de repente muestra un mínimo de interés... no muy buenas intenciones debe de tener. Y eso debo de grabármelo a fuego en mi memoria lo antes posible. Pues no puedo permitir que nada ni nada intenta volver a hacerme caer... ¿verdad, cuervo?

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¿Confesarás tu pecado, intruso?