» Alimentando las banales frustraciones.

Intentas hundirme. Intentas hacerme desesperar para que caiga en tu trampa, pero no lo vas a conseguir. He hallado tu punto débil. He hallado la manera de hacerte enfadar y estallar en ira. Hablas. Hablas sin cesar buscando un argumento válido para herir mis sentimientos. Intentas por todos los medios encontrar un modo de intimidarme. Pero, intruso... No lo vas a conseguir. No hago más que dejar que tus frustraciones se manifiesten y tú aún no sabes que eso es precisamente lo que quiero de ti. Hablas, Hablas sin cesar. Dices todo lo que guardas en tu interior, todo lo que escondes y que crees que es arma para acabar con mi existencia. Sin embargo, aún no eres consciente de que todo tus esfuerzos y tus palabras son es vano.


Sí, así es. No puedes herirme. No puedes retenerme contra la pared mientras me apuntas con tu afilada daga. Soy completamente inmune a tu veneno. Finjo que te presto atención, pero sólo lo hago para que en las profundidades de tu ser sientas que te has liberado de una pesada carga. Aún así, ¿cuál es la realidad? ¿Cuál es mi verdadera finalidad? Parece que aún no quieres entender. No quieres despojarte de la venda cegadora. Aún no eres consciente de que ya no me importas. Aún no comprendes que para ti soy un muro que no puedes derribar. No puedes herirme. No puedes engañarme. Soy totalmente transparente para ti. Soy indestructible y soy la personificación del vacío. Soy un vacío que te daña desde el silencio. Soy un vacío que goza ignorándote y que sabe que en realidad vives frustrado con las circunstancias que ambos hemos originado.

Río y a la vez no puedo evitar sentir pena por ti. ¿Pero por qué debería sentir lástima por alguien como tú que desea que me corrompa y me parta? No sé si tengo la respuesta, pero aún así confío en que no es más que una fase. Así pues, acéptalo. Acepta que todos tus esfuerzos por amenazarme son en vano. No puedes destruirme de ninguna de las maneras. Yo, en cambio, puedo hacerte mucho daño sin ni si quiera pestañear. Sin decir palabra alguna, soy capaz de destruir tu marchito corazón, o al menos lo que queda de ello. Y lo más curioso es que soy capaz de hacerlo ignorándote por completo. Tú sabes que eso te hace daño. Tú sabes que eso te crea una impotencia colosal. Ahora dime, intruso, ¿qué piensas hacer ante estos descubrimientos?

Sigue alimentando tu ira. Sigue despertando tu odio. Tienes miedo a reconocer tus debilidades. Tienes miedo a caer y darme la razón. Tienes miedo a ser callado por una mujer tan peligrosa como yo. Pero no temas, pues no ansío tu muerte ya que sé que eres tú mismo quién estás caminando sobre un puente ancestral que se sostiene sobre las llamas del infierno y que está apunto de derrumbarse. Reconócelo, no sirve de nada seguir manteniendo esta guerra. Olvídate de mí. Cúrate de tu enfermedad, de tu obsesión conmigo, pues no tengo el más mínimo interés en ti. Tú no eres mi objetivo. Tú no eres mi presa. Eres un simple alma en pena. Eres los restos de un asesino que decidió jugar con fuego y que dejó quemar todas tus cartas en una única partida.


Aprende de una vez que no puedes derrotar al demonio rojo.

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¿Confesarás tu pecado, intruso?