» Alternativamente Ella (1º PARTE)

     Ella no conocía el verdadero significado de la felicidad. Ella nunca había visto los rayos del sol acariciando su pálida tez con dulzura y cariño. Ella jamás había caminado con sus desnudos pies sobre la verde hierba sin aquellas horribles cadenas pesadas y cuasi oxidadas. Ella vivía en un mundo lleno de oscuridad y soledad. El vacío era su única compañía. Sus pensamientos eran los únicos a los que podía considerar amigos. Ella no era ella. Ella apenas existía. Ella no era más que una ilusión maldita. Pero, ¿qué era lo que había hecho para merecer semejante castigo helado? Simplemente, existir, pues ella era diferente de cualquier otro ser vivo conocido en este mundo. Ella era única. Ella era preciosa. Ella era mucho más que la apariencia delicada y reservada que mostraba a todo el mundo. Y puede que por eso mismo la propia naturaleza la había aprisionado en los confines de la Tierra, en un lugar dónde nada ni nadie podría verla, escucharla, acariciarla o salvarla de su fatal destino.

     Entonces, un día insospechado, llegó una presencia a su escondite, a su celda. Ante ella y la pequeña luz que se divisaba en el oscuro horizonte se interpuso una figura rígida y corpulenta, y que para nada parecía un ángel guardián. Ella no dijo nada. Ella ni si quiera pestañeó ante aquella aparición desconocida. En cambio, la enigmática figura sonrió y la miró fijamente con unos ojos penetrantes de color ámbar. Pronunció unas suaves palabras que apenas se pudieron entender. Acercó su mano al delicado lirio y la sacó de su prisión oscura. Fue entonces cuando ella pudo ver la luz del sol. Fue entonces cuando las cadenas se rompieron y pudo sentir por primera vez la húmeda hierba debajo de sus pies descalzos. Fue entonces cuando ella pudo sonreír por primerísima vez y, simplemente, sentir.

     Podía ser miedo. Podría ser alegría. Ella no sabía explicar lo que le estaba sucediendo por dentro. Tantas emociones encontradas y sentimientos que no era capaz de etiquetar. ¿Qué estaba pasando? ¿Qué era ese nuevo mundo que se ocultaba más allá de la negra oscuridad? La luz era demasiado brillante. La brisa era demasiado caliente. La hierba era demasiado húmeda. Ella se sintió desprotegida y echó a correr. No sabía muy bien adónde ir o qué hacer, pero comenzó a gritar asustada pues se hallaba en un mundo que apenas conocía. Cualquier cosa podría dañarla. No se sentía segura. No confiaba en el mundo cruel en el que se encontraba. Ella no sabía qué le estaba sucediendo ante tanta emoción y desconcierto. Pero en ese momento, aquella figura de ojos ámbar la agarró con delicadeza y la resguardó entre sus brazos.
     
     La expresión en su rostro fue expectante. Sin ella esperarlo, un sentimiento cálido comenzó a brotar en su pecho. Por primera vez en toda su vida alguien la había aceptado. Por primera vez en toda su vida alguien la había abrazado y aceptado sus miedos. Lágrimas comenzaron a emanar de sus verdes ojos pues se sentía impotente de no entender lo que estaba sucediendo, de lo que significaba ser liberada por alguien de una cruel maldición, de un sangriento castigo. Ella le miró sin formular palabra alguna. Era el comienzo de algo nuevo. Ella estaba aterrada, pero aquella presencia cálida junto a ella conseguía tranquilizarla, pues no estaba del todo sola. La luz comenzó a abrirse paso entre toda esa oscuridad en la que ella había estado durante tantísimo tiempo. La ilusión maldita comenzaba a hacerte real. Ella comenzó a sentirse viva a pesar de tener el corazón encogido. Ella se puso en pie y miró abrumada al cielo mientras las lágrimas no dejaban de caer. Una nueva criatura se estaba originando de entre los brazos de aquel salvador de ojos ámbar. El comienzo del todo. El éxtasis y la curiosidad de lo que estaba por venir alimentaba ese vacío con el que ella había crecido...

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