» Protegiendo la llama incandescente.

He aquí la llama. He aquí la pequeña llama que arde con debilidad. He aquí lo que queda de mi esencia. Está herida. Está dañada. Se muere. Se marchita. Se apaga. He aquí lo que he podido salvar de mí. He aquí mi fragilidad. He aquí mi corazón. La tengo oculta. La tengo escondida. La tengo protegida de todo mal. La he guardado en un lugar al que nadie tiene acceso. Así pues, la protegeré. La alimentaré. La salvaré de toda oscuridad. Así pues, no llores. No grites. No te apagues. Resiste, pues no estás sola. Yo siempre estaré aquí para protegerte, estaré aquí para defenderte y consolarte.

Tú eres la única luz que me queda. Tú eres la única luz que me guía. Tú eres la única luz que ilumina mi pesadilla. Eres la esencia. Eres lo último que queda de mí. Y es por eso por lo que no puedo separarme de ti. Debo de permanecer siempre a tu lado, velando por tu seguridad. Y mantener siempre la esperanza de que volverás a arder con toda la fuerza y pasión de antaño.

Por favor, resiste. Por favor, continúa viva. Arde. Se fuego. Ojalá hubiera un modo de curar tu debilidad y poder sacar de mi interior la alegría que hace falta para recuperarte. Ojalá tuviera el fuego necesario para convertirme uno contigo... 

He aquí la llama. He aquí la pequeña llama que arde con debilidad. He aquí lo que queda de mi esencia. Está herida. Está dañada. Se muere. Se marchita. Se apaga. He aquí lo que he podido salvar de mí. He aquí mi fragilidad. He aquí mi corazón. No voy a permitir que nada ni nadie te haga daño. No consentiré bajo ninguna manera que alguien venga y me robe lo única que me queda. No permitiré que te marchites o te mancillen. Eres la luz. Eres mi luz. Eres mi pequeña llama incandescente que lucha a cada segundo por sobrevivir en este Edén.

Yo soy tu salvadora. Yo seré tu guardián. Puede que yo no tuve el protector o al ángel que debió de salvar mi alma, pero puede que sea precisamente porque yo debía de ser la que te salvara a ti. Ahora lo veo con claridad. Sí, es cierto, tú eres el alimento que me ayuda a continuar adelante. Eres la razón de mi lucha y constancia. Eres la llama. Eres mi llama. Eres el fuego de mi interior. No debo abandonarte. No debo permitir que te apagues. Yo soy tu protectora. Yo soy tu ángel guardián. Yo soy tu humilde servidora.

He aquí la llama. He aquí mi destino. He aquí la esencia de mi existencia, la que tengo oculta en el rincón más profundo del jardín del Edén. A la que me aferro con toda mis fuerzas para no causarle ningún daño. Llama, oh, llama, resiste. No te apagues. No mueras. Brilla. Arde. A mi lado estarás segura. A mi lado conseguiré que vuelvas a arder con la máxima intensidad...

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