» Una pequeña llamada de socorro (1º PARTE)

     Desde hace un tiempo escucho voces en mi cabeza. Son diferentes voces que no consigo reconocer, es por ello por lo que sé que no se tratan de mis propios pensamientos. Durante largo tiempo estas voces me han susurrado día y noche. Durante largo tiempo han sido el causante principal de mis delirios y de mis fuertes dolores de cabeza. Durante largo tiempo han sido el origen de una larga enfermedad incurable. Sin embargo, ha llegado un momento en el que oigo con claridad una determinada voz que no susurra mi nombre, sino que lo grita y me abruma todas las noches de luna llena. 

     Al principio aquella voz era débil y no le prestaba la menor atención pues tenía dentro de mí mil voces más que me atormentaban con fuerza. Aún así, aquella voz jamás se apagó y con el paso del tiempo llegó a cobrar un mayor protagonismo en mi interior pues su desesperación por ser atendido era cada vez mayor. Extrañamente, reconozco que se trata de una voz parecida a la mía, pero no termina de ser completamente yo. Estoy segura de que tampoco es la voz de un varón.

     ¡Cuánta locura! ¡Cuánto delirio sin descanso! ¡Cuánto misterio sin resolver! ¿Qué es lo que quiere esa dichosa voz? ¿Qué es lo que intenta decirme? Cierro los ojos y me concentro, o al menos es algo que procuro hacer a menos que alguna otra voz quiere provocar en mí nuevas pesadillas... Cierro los ojos y me concentro. Centro toda mi atención a esa enigmática voz que grita sordas palabras en lo más profundo de mi ser. Háblame, pues te escucho. Cuéntame, pues tal vez pueda ayudarte. Manifiéstate o cállate para siempre.

     Entonces, palabras sueltas consigo descifrar: "ayúdame", "destino", "sangre", "historia". El mensaje no parece claro. ¿Quién eres? ¿Cómo has llegado a mi mente? Silencio. ¿Cómo puedo salvarte? Silencio. De repente, la voz vuelve a cobrar vida. "Ayúdame", "destino", "sangre", "historia". Juraría que la voz continúa diciéndome algo más, pero de verdad que no consigo entender con claridad lo que intenta transmitirme. Puede que sea un mensaje cifrado, quién sabe. Tal vez está en mí la misión de relacionar los conceptos, quién sabe.

     Quiero servirte. Quiero ayudarte. Quiero hacer callar al resto de voces para salvarte de tu agonía. Necesito saber quién eres y qué es lo que quieres de mí. ¿Por qué tu voz es tan parecida a la mía? ¿Por qué tu voz es tan diferente al resto? ¿De dónde procedes realmente? Son muchas las preguntas que comienzan a originarse, y posiblemente tarde mucho tiempo en obtener respuesta, pero aún así no voy a darme por vencida. Algo o alguien me necesita y debo de ser yo quién se convierta en el ángel guardián, en aquel ángel que yo nunca tuve. Así pues, háblame o cállate para siempre. Háblame con claridad. Cuéntame tu historia... ¿Acaso tendré que esperar hasta la próxima luna llena?

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¿Confesarás tu pecado, intruso?