» ¿Dulces o amargos recuerdos del pasado? (1º PARTE)

Todavía recuerdo el día que llegaste a mi pequeño paraíso oculto. Fue sin quererlo. Fue sin esperarlo. Aún recuerdo la primera vez que posaste tu verde mirada sobre la mía. Ocurrió de manera accidentada. Ocurrió de forma inocente. No sabría muy bien describir lo que sentí en aquel entonces. Puede que estés pensando en bonitas y románticas palabras, pero debo de admitir que jamás sucedió así. Sí, así es, te detestaba. Odié por completo tu presencia aquí. No soportaba la idea de no estar sola en este jardín del Edén. Eras molesto. Eras doloroso. Eras un verdadero incordio. Este Elíseo era demasiado pequeño para los dos y yo ansiaba a toda costa ser la única dueña del reino prohibido. No me importaba mostrarte mis sentimientos llenos de odio... hasta que un día todo cambió para siempre.

No sé exactamente cuándo sucedió o cómo ocurrió, pero poco a poco te fuiste ganando un lugar en mi corazón maldito. y empezaste a llenar ese profundo vacío. Los malos recuerdos se fueron disipando hasta que sólo quedaste tú y tu dichosa pícara sonrisa. Nunca seré capaz de reconocerlo. Incluso mis mejillas aún se tiñen de rojo cuando pienso en todo lo sucedido. ¿Cómo pude ser tan débil y dejarme llevar por la tentación? ¿Cómo pude ser engatusada por alguien como tú? Te odiaba. te odiaba a rabiar. No soportaba tus gestos, tu forma de hablar, tu manera de andar, todo tú. 

Eras la pesadilla personificada. 
Eras mi pesadilla, y sin desearlo te convertiste en un sueño... Pero solo durante unos escasos momentos. 

Pasaste a ser lo que más repudiaba a convertirte en el ser más encantador y con eso, convertirte en el que podría ser el amor de mi vida. Caí en tu juego. Me atrapaste en tus redes. Pero aquella felicidad no era más que una fachada, pues en realidad lo que pretendías era destruirme desde lo más hondo de mi consciencia. Sí, lo admito, pasé de ser una guerrera a una prisionera de las emociones, unas emociones que serían destruidas e ilusorias. Empezaría a experimentar unos cambios que poco a poco, sin poder percatarme de nada, me llevarían a la ruina. 

Empezaste siendo un intruso en mi mundo. Luego, simplemente, lo fuiste todo. Y por último, resultaste ser el veneno mortal. ¿Cómo puedo despojarme de estos pensamientos tan contradictorios? Por un lado, hecho de menos a ese ser encantador que todo me ofreciste, pero por otro lado soy consciente de que la hipocresía es lo que te caracteriza y que jamás podrás cambiar tu condición de asesino. Y es que, querida conciencia, siempre hay que hacerle caso a las palabras que susurran los vientos. Así pues, si estas te dicen que no confíes en todo aquello que empieza mal, tienes que ser constante y grabar dichas palabras a fuego en tu mente. 

Un asesino jamás dejará de ser un asesino. Nunca podemos confiar a primera vista. No podemos ser débiles ni podemos bajar la guardia. Pero, ¿cómo puedo evitar caer de nuevo? ¿Cómo puedo reconocer a un asesino? Son preguntas que necesitan respuestas urgentes. Son preguntas que necesitan ser contestadas en la mayor brevedad posible. No puedo permitirme volver a caer en el abismo más oscuro. Debo de estar alerta y mantenerme siempre alerta. Ojalá antaño no hubiera sido tan ingenua. O aún mejor, ojalá antaño hubiera sido más fuerte.

Aún soy capaz de recordar el momento en el que nos conocimos. Ocurrió todo de un modo bastante peculiar y sé que nunca seré capaz de olvidar. ¿Y tú? ¿Podrás olvidarlo tú? No me contestes. No quiero saberlo. Puedes pensar que eres tú y sólo tú el desgraciado, el perdedor, la condena. Pero a pesar de ser únicamente el despiadado criminal, frío y calculador, eres el que menos tiene que perder. Yo, en cambio, lo he perdido todo y jamás podré recuperar los buenos recuerdos de mi pasado. Ahora sólo te tengo a ti, un nuevo castigo del que jamás podré liberarme. Así pues, eres tú mi desgracia, vuelves a ser mi pesadilla. Gracias a tus actos solo mantengo tus recuerdos, los cuales son a la vez dulces y amargos. Pero ojalá (lo deseo con todas mis fuerzas), pueda escapar y liberarme de tu presencia y arrojar al fuego todo lo que me une a ti...

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¿Confesarás tu pecado, intruso?