» La barrera infranqueable.

Y aunque quisiera, sé que no podría salir huyendo y escapar del lugar. Ahí estaba yo sentada en aquella mesa, rodeada de velas en un ambiente de lo más romántico. Qué asco. Las voces cesaron e intenté controlar mi curiosidad. No iba a cometer el mismo error dos veces. Una pie se asomó de entre los matorrales. Era él. Vestía de negro, traje largo. En realidad parecía un señorito de la alta sociedad en plena época victoriana, descartando esos sombreros de copa de entonces. Elegancia. Educado. Antes de sentarse enfrente de mí osó venir hasta mí y tomar mi mano con la más delicada de las formas. Cuidadoso. ¿Por qué me tocas?. No quiero que lo hagas. Sus labios rozaron mis dedos. Me imaginé que esa era su forma de saludarme. Detrás de él, cuando se sentó, se ubicaba la luna llena en el cielo. Probablemente con el brillo más intenso que nunca. Al estar contra luz, no le podía ver bien la cara (las velas poco ayudaban) y toda esa luz me enfocaba solo a mí. Me miraba. No hablaba. Le seguí el juego algo enfadada por su atrevimiento. Él bebió de su copa. Intenta conseguir algo, pero lo tiene muy difícil. Los hombres no son bienvenidos a este lugar. Él me sigue tratando como a una diosa, una musa. Como antaño. Es extraño. ¿Le habrá comido la lengua el gato Cheshire?. 


A pesar de no haber ninguna palabra más, sé que me lo está diciendo todo con sus miradas. Qué ojos más penetrantes... Me distraen. No quiero que me observen. A lo mejor quiere aprovecharse de mí, pero no consigo leer sus intenciones en sus ojos. No me deja acceder a su mente. Está en blanco. Sólo me mira de una forma muy delicada. ¿Por qué? Creo que piensa que si se descuida puedo romperme. Soy fuerte. Soy mujer.

Sus manos son grandes. Sus ojos penetrantes. Su cabello más oscuro que el carbón. Su sonrisa estremecedora. Mis manos delicadas y finas. Mis ojos grandes y brillantes. Su cabello largo y del color de la sangre. Mi sonrisa intensa y seria.

Me gustaría acabar con todo esto de una vez y poder descubrir sus intenciones. O mejor aún, quiero que desaparezca de este lugar. O encerrarle en un baúl. No. Descuartizarlo o despellejarle la piel o quemarle vivo. Hay muchas opciones. Tal vez lo mejor es hacer lo que me hicieron a mí. 


¿Por qué me miras?

Sí, estoy harta. Me siento impotente e indefensa cuando me miras. No soy ningún ratón de laboratorio. No, ya no. Nunca más. Quiero hacerme más fuerte para que nadie pueda traspasar esa barrera que me protege. ¿Acaso son sólo los hombres quienes poseen uno?. Pues no.

Siento miedo al tener tan cerca de mí. Siento pudor sentir como tus ojos me miran y me dicen tanto a la vez. Siento miedo de que tú puedas romper mi barrera infranqueable. ¿Sabes?. Yo no puedo romper el tuyo. Me haces sentir débil. Pero seguro que eso ya lo sabías. Por eso te odio. Yo soy perfecta, pero a tu lado, el único perfecto aquí eres tú. Te odio.

¿Por qué has venido hasta aquí?. ¿Cómo lo has hecho?. ¿Por qué no dejas de mirarme?. Háblame cobarde. Cada segundo que pasa hace que me destruyas con tus observaciones. Sé que no vas a conseguir nada. Yo soy fuerte. Cuanto más respondo a tus miradas más me contradigo. Siento tanto cuando me miras...

     No me atrevo a tocar nada de lo que hay en la mesa. No confío en los hombres. Sé que estoy por encima de ti, pero me siento tentada a caer de nuevo en la tentación. Ante ti soy débil, lo reconozco y odio con todo mi ser a la vez. ¿Por qué no me dejas en paz de una maldita vez?

Guiño de ojo. ¿Qué intentas con eso?. Te miro indiferente hundida en mis pensamientos. ¿Sentirás lo que yo siento?. ¿Tendrás conocimiento alguno de mis pensamientos?. No hay nada que pueda responder a mis preguntas. Haces que cambie de pensar. Durante un segundo confianza plena en mi misma, durante otro, miedo a que destruyas todo lo mío. Ojalá mi barrera fuera tan fuerte y misteriosa como la tuya. ¿Pero sabes qué?. Yo sigo reinando este lugar, intruso.

Al fin decides levantarte de ahí y verme desde la altura. Me encojo de hombros, siempre manteniendo la distancia y la guardia. ¿Todo esto para nada?. No entiendo el significado. La luz de la luna me impide verte el rostro. Oscuridad. ¿Por qué siento miedo?. ¿Por qué tengo el fuerte deseo de rebanarte la cabeza también?. ¿Lo ves?. Todas mis palabras son contradictorias. Te odio.

Das unos pasos hacía mí. Te arrodillas. Me miras con ternura esperando a que yo sepa qué significa eso. No lo sé. Me sonríes con cuidado. No respondo. Indiferencia. ¿Crees que soy difícil?. Vuelves a cogerme de la mano, pero yo la aparto de inmediato. Miedo a lo desconocido. Ríes. Me coges la mano y vuelves a darme un cálido beso. Me estremezco. Ya no siento miedo. Te levantas. Haces una reverencia. ¿De dónde vienes?. Nunca vi tanta educación y caballerosidad en mi corta vida. Te alejas. ¿Ya has acabo de estudiarme por hoy?. ¿Alguna anotación de este capítulo titulado "Contradicción indiferente"? Imbécil.

No soy maleducada, pero tú me confundes. No soy miedosa, pero tú me confundes. ¿Qué diantres esperabas de hoy? ¿Qué es lo que quieres? ¿De qué te ha servido? No logro entenderte y eso me frustra. Tampoco sé si quiero entenderte. ¿Por qué no desapareces de una vez? No logro traspasar esa barrera que me tienes puesta. Lo peor de todo es que tú sí consigues traspasar la mía. Tienes un nuevo nombre: El intruso de la barrera infranqueable. Sólo me pregunto dos cosas: ¿Qué seré yo para ti? ¿Algún día lograré descifrar lo que hay al otro lado de tu barrera?

Me confundes... Me cambias...

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¿Confesarás tu pecado, intruso?