» Queriendo huir del poder de la mente.

     A veces siento que es demasiado difícil expresarme. Todo lo que siento, todo lo que pienso... ¿para qué exteriorizarlo? Hay ocasiones en las que pienso que no merece la pena continuar manteniendo en activo mi mente. ¿El por qué? Porque no hace más que darme esos dichosos y fuertes dolores de cabeza. Simplemente traen problemas y estoy más que cansada de sufrir y existir en constante agonía. Necesito que mi mente caiga en un profundo sueño y que jamás despierte. Me gustaría poder experimentar cómo reacciona mi cuerpo cuando mi mente está completamente despejado de toda toxicidad. Quiero creer que mi voluntad puede seguir en pie alejado de la conexión mental. Tal vez suene estúpido. Tal vez no pueda ser posible, pero quiero y necesito creer que sí.

     Hay ocasiones en las que no puedo callar las voces que susurran mi nombre al oído. Parece ser que jamás cesarán las voces dentro de mi cabeza. Así pues, lo único que consigo es que mi mente esté activa. Piensa, piensa, piensa y nunca deja de pensar. Reflexiona. Medita. Siente. Y todo eso no trae más que sufrimiento. Sí, así es, es agotador. Es realmente agotador. Aunque fuera durante un único instante me gustaría poder sentirme en paz. Me gustaría poder alejarme tanto de mi cuerpo como de mi espíritu. 

     
     Quiero, simplemente, existir. Sin tener que hacer florecer las emociones. Sin tener que expresar mis pensamientos. Lo único que deseo en realidad es paz. Quiero y ojalá pudiera existir en armonía y paz. ¿Qué sucedería entonces? ¿Hay alguna posibilidad de que mi deseo pueda cumplirse? ¿Es posible que mi cuerpo pudiera divagar en total libertad por el jardín del Edén sin tener consciencia? ¿Pueden mis ansias de rebeldía superar el poder de la mente? Preguntas, preguntas, preguntas. Siempre nuevas cuestiones que se quedan en eso, en dudas que nunca obtienen respuestas. Y es que, es precisamente mi mente quien tiene la culpa de que se formulen tantas incógnitas dentro de mí... Es precisamente eso de lo que quiero huir... escapar para siempre.

     Es difícil. Es complicado. Ansío con todas mis fuerzas que mis deseos sean concedidos. Ojalá el jardín del Edén pueda brindarme esta oportunidad de despojarme del sufrimiento que me produce ser esclava de mis emociones y mis pensamientos. Ojalá pudiera expresar sin miedo todo lo que escondo en mi interior. Ojalá pudiera abrir nuevamente mi marchito corazón e ir más allá de lo que ven mis verdes ojos. Aunque no quiera exteriorizarlo, sí quiero que conste que siento y padezco, como cualquier otra criatura que habita este paraíso prohibido. Aunque por fuera mantenga con firmeza esa coraza que rompe y destruye todos sus obstáculos, por dentro existe un caos, una tormenta, una llama que lucha por sobrevivir a pesar de todas sus inseguridades y debilidades.

     Mi cuerpo quiere ser libre. Mi cuerpo quiere levantarse por sí mismo y andar y andar hasta perderse en el rincón más remoto del Edén. Quiero hacerlo sin ataduras y sin reproches. Quiere poder respirar sin sentirse culpable. ¿Acaso estoy pidiendo tanto? ¿De veras no es posible lo que sueño? Estoy harta de mis pensamientos. Estoy más que harta de delirar y delirar sin poder llegar a ninguna parte. Quiero sentirme a salvo. Quiero sentirme segura de mí misma y sé que no podré conseguirlo si continúo con mi mente activa, con esa energía tan fuerte y cuasi contaminadora. Quiero poder enterrar todos los problemas que me ocasionan dichos pensamientos. Así de simple. Ni más ni menos. ¿Podré algún día liberarme mi cuerpo y alma del terrible poder de la mente?