25.9.16

» Los encantos del jardín del Edén.

     Vuelvo a mirar la luz del sol para apreciar cómo este acaricia mi rostro con su calidez. Cierro los ojos y todo se vuelve armonioso. Respiro hondo y todo está tranquilo. Soy capaz de escuchar el canto de los gorriones y el fluir de los ríos. Y es que no puedo hacer otra cosa que no sea estar en paz conmigo misma. Me encuentro en paz en este lugar. Me siento a salvo y sé que ya nada puede hacerme daño. Es irremediable, pertenezco a este lugar. Es evidente, yo soy uno con este paraíso prohibido.

     ¿Cómo voy a querer escapar de este lugar si cada rincón del Edén es un sitio precioso donde los sueños se pueden hacer realidad? ¿Cómo voy a querer ocultar las maravillas de este elíseo? El jardín del Edén forma parte de mí, lo quiera o no. El jardín del Edén es mi hogar, mi escondite, mi reino. El jardín del Edén me proporciona seguridad y estabilidad. El jardín del Edén es todo lo que necesito. No hay más. No puede haber nada más dentro de esta caja que anhele con tanta fuerza.

     Hay ocasiones en las que vivo verdaderas pesadillas. De la misma manera en el que hay ocasiones en las que experimento auténticos placeres. Podría decirse que sentimientos encontrados se pueden hallar en este lugar. Te pierdes. Desapareces. Buscas. Y encuentras. En el jardín del Edén todo puede suceder, únicamente hay que creer. 

     Hay que creer en uno mismo, pero sobre todo, pensar que de verdad este lugar no es una prisión, sino un nuevo mundo en el que se te brinda una segunda oportunidad. Jamás hay que cerrar las puertas. Jamás hay que esconderse en uno mismo. Pues debo ser valiente y aprender a valorar cada centímetro de este paraíso. Al principio estaba confundida, pensé que sería mi salvación, pero luego resultó ser un auténtico infierno. Sin embargo, más tarde comprendí que no era el Edén quién me estaba contaminando con su encantador veneno, sino que fue el intruso quién quiso adueñarse de mi reino. Sí, así es, esa es la realidad de las circunstancias.

     ¿Cómo voy a querer escapar de este lugar si cada rincón del Edén es un sitio precioso donde los sueños se pueden hacer realidad? ¿Cómo voy a querer ocultar las maravillas de este elíseo? El jardín del Edén forma parte de mí, lo quiera o no. El jardín del Edén es mi hogar, mi escondite, mi reino. El jardín del Edén me proporciona seguridad y estabilidad. El jardín del Edén es todo lo que necesito. No hay más. No puede haber nada más dentro de esta caja que anhele con tanta fuerza.

     Doy gracias por lo que tengo. Me siento orgullosa por haber luchado tanto y jamás rendirme ante las tenebrosas adversidades. Incluso cuando pensaba que estaba derrotada y ya no había esperanza para mí, conseguí demostrarme a mí misma que yo soy la única que puede levantarse por sus propios medios para seguir adelante y hacer de este elíseo un lugar puro y secreto. Así pues, vuelvo a mirar la luz del sol para apreciar cómo este acaricia mi rostro con su calidez. Cierro los ojos y todo se vuelve armonioso. Respiro hondo y todo está tranquilo. Soy capaz de escuchar el canto de los gorriones y el fluir de los ríos. Ahora sé que este es mi lugar. Ahora sé que este siempre será mi eterno reino. Son demasiados los encantos que esconde este jardín del Edén. 

¿Tendrás tú el valor suficiente para descubrirlos todos?

18.9.16

» Un nuevo adiós.

     Adiós. Así, sin más. Adiós a todo lo conocido. Adiós sin mirar atrás. Adiós sin arrepentimiento. Adiós a un mundo únicamente mío. Adiós a todas esas lágrimas que derramé noche y día desde el primer momento en el que mis ojos se abrieron en este lugar. Adiós. Así, sin más. Sin dar explicación. Sin querer demostrar nada. Adiós. Porque ya no tengo aliento para continuar luchando contra esto. Adiós a esa verdad que nunca sería revelada. Adiós a esos momentos carnales en los que caí en tu juego. Adiós. Así, sin más.

     No quiero seguir con esto. No quiero seguir luchando por algo que está perdido en el abismo. Quise hacer de este Edén un verdadero paraíso, pero no es más que un elíseo contaminado por tu presencia. Bienvenido al infierno, pues esa es la auténtica esencia de este lugar. Arde. Quémate. Y muere tú también con esta naturaleza tóxica. Átate a ella y desvanece para siempre, que ni si quiera quede un rastro de ceniza. El corazón marchito que llevo dentro de mí ya no puede más con tanto sufrimiento y agonía. Ahora entiendo que mis llantos jamás serán escuchados y que mis preguntas nunca serán respondidas. 

     Adiós. Así, sin más. Adiós a todo lo conocido. Adiós sin mirar atrás. Adiós sin arrepentimiento. Adiós a un mundo únicamente mío. Ya no voy a permanecer de pie en estas tierras húmedas y terribles. Ya no voy a permitir que sea tu serpiente quien me estrangule por las noches y me muerda con fuerza hasta inyectar en mí la última gota de veneno. Adiós. Adiós a cada experiencia ilusoria que tuvo lugar entre las sábanas carmesí de mi lecho. Adiós a la suave brisa y a la fresca hierba. Adiós a tus súplicas de amor nocturnas. Adiós a los recuerdos malditos de antaño. Adiós. Así, sin más. Sin quererlo, sin desearlo o buscarlo. Ya no voy a continuar con esto.

     Así pues, desaparece de aquí. Desaparece de mi vida y mi mente o quédate aquí y púdrete. Ámame o déjame, pero ya no voy a tolerar más tus juegos de tortura física y psicológica. Pienso ser libre. Pienso cruzar el umbral. Pienso abrir de nuevo las puertas y salir de la caja de Pandora. Nada puede detenerme. Nada puede hacer cambiar mi visión de verdadero futuro, un real futuro en el que tú no tienes cabida y en el que el jardín del Edén jamás tuvo importancia alguna. 

     Adiós. Así, sin más. Adiós a todo lo conocido. Adiós sin mirar atrás. Adiós sin arrepentimiento. Adiós a un mundo únicamente mío. Adiós a todas esas lágrimas que derramé noche y día desde el primer momento en el que mis ojos se abrieron en este lugar. Adiós. Así, sin más. Sin dar explicación. Sin querer demostrar nada. Adiós. Porque ya no tengo aliento para continuar luchando contra esto. Adiós a esa verdad que nunca sería revelada. Adiós a esos momentos carnales en los que caí en tu juego. Adiós. Así, sin más. Adiós al ángel guardián y al intruso. Adiós a cada fragmento de espejo roto tendido en el suelo y los cuales me brindan un nuevo sendero por el que caminar hacia la salida de esta pesadilla... Simplemente, adiós.

11.9.16

» El impulsor de la supervivencia.

     Dicen que la esperanza es lo último que se pierde cuando te encuentras en una situación destructiva y caótica. He llegado a comprender que esa esperanza jamás se despoja de ti, sino que se oculta en lo más profundo de tu ser y que en muchas ocasiones es muy difícil exteriorizarlo. Demasiado tiempo he tardado en darme cuenta de eso. Así pues, ahora comprendo que es precisamente esa esperanza lo que me mantiene en pie y me da fuerza. Todo este tiempo, cuando he creído que no existía un rayo de luz que me ayudara a salir de la negra oscuridad, no podía estar más errada. Esa luz es la esperanza. Esa esperanza es la fuerza que ha hecho que jamás me rindiera en los peores momentos.

     De este modo, no puedo evitar meditar acerca de lo equivocada que estaba durante tantísimo tiempo. ¿Cómo no pude darme cuenta? ¿Cómo llegué a creer realmente que dentro de mí existía un vacío que jamás llegaría a llenarse? Nunca he estado marchita por dentro. Nunca he estado muerta por dentro. Me he encontrado triste. He derramado miles de lágrimas, pero jamás me he sumido en la completa oscuridad, pues siempre ha existido una pequeña esperanza que me ha mantenido viva.

     ¿Cómo he conseguido que esa esperanza suba a flote cuando no tenía ni la menor idea de su existencia? No lo sé, es muy complicado de explicar. No sé si realmente sé la respuesta correcta a esa pregunta. Mis ojos veían oscuridad cuando en realidad, por dentro, mi corazón latía luz. ¿Tan cegada he estado todo este tiempo? ¿Cuál ha sido el desencadenante a desprenderme de la venda cegadora? Es curioso lo que siente mi ser con tantas revelaciones positivas. Sonrío y me siento serena al saber que nunca estuve poseía por el veneno destructor. Nunca fui yo el problema. Jamás fui yo la que se dejó seducir por las malas influencias.

     Tal vez la esperanza sea pequeña y tenue, pero está ahí, esperando el momento adecuado para salir y brillar en todo su esplendor. Simplemente debo de mantenerme firme y confiada. Puedo lograr que esa esperanza nunca se desvanezca. Simplemente debo de seguir constante y mantener la fuerza luchadora en mi mirada. No puedo caer. Jamás caeré. ¿Por qué? Porque hay esperanza dentro de mí que el motor esencial de mi existencia. Ahora lo comprendo. Ahora lo veo con suma claridad. De este modo sé que no puedo ni querré ser derrotada.

     Dicen que la esperanza es lo último que se pierde cuando te encuentras en una situación destructiva y caótica. He llegado a comprender que esa esperanza jamás se despoja de ti, sino que se oculta en lo más profundo de tu ser y que en muchas ocasiones es muy difícil exteriorizarlo. Así pues, yo voy hacer todo lo que esté en mi mano por encontrarla y dedicarle unas palabras sabias y sinceras. Haré que la esperanza se haga más fuerte y que me proporcione la confianza necesaria para destruir cualquier adversidad. Ella me dará luz y yo le daré un reino entero por el que sentirse orgullosa. Ella me dará vida y yo le daré fidelidad. Ella me dará energía y yo le daré optimismo. Será así como de comienzo una nueva era en el jardín del Edén...

4.9.16

» Una carta en busca del perdón.

     "Querida Pandora: 
     He hecho todo lo posible para que confiaras en mí. Me he disculpado y te he demostrado que estoy arrepentido. Has descubierto la gran verdad que escondieron mis verdes ojos durante tanto tiempo, y con ello, el daño del recuerdo de una vida pasada ha podido contigo. A día de hoy no sé si has sabido superarlo, pero aquí estoy, sin dejarme vencer por tu vacío. No quiero tirar la toalla. No quiero creer que realmente el fin ha llegado a nosotros.  
     No sé si soy capaz de describir lo que siento ahora, querida Pandora. Pero no pienso marcharme de tu Edén sin escuchar esas palabras que sé que jamás pronunciarás para mí, pues sabes que busco el perdón y sabemos tanto tú como yo que tu orgullo es demasiado grande para dármelo. Más sé que no me lo merezco y aún así aquí estoy, insistiendo. Quiero permanecer en pie hasta mi último aliento para que puedas ver realmente que estoy arrepentido de haber jugado con tu mente.  
     Ojalá existiera un futuro para ambos. Ojalá pudiéramos caminar juntos por el mismo sendero. Pero tantas cosas han pasado... Tantas cosas te he ocultado... Mucho daño te he causado. Soy consciente de mis actos, y por ello no guardo esperanza alguna en que llegue a mí el día en el que me perdones y me des una nueva oportunidad. Aún así, no puedo evitar sentirme con suficiente fuerza para seguir manteniéndome en pie. Pandora, yo te deseo y tú lo sabes. Te deseo más allá de la mera carne. Te deseo más allá del pensamiento absoluto. Ahora quiero ser yo quien caiga en tus redes, en tu juego.
     No espero que me aceptes, sino que superes todo el dolor que te he infligido, para poder así, con el tiempo y en un futuro próximo, poder demostrar que tú y solo tú eres capaz de sacar todo lo bueno que queda dentro de mi monstruoso ser. Puede que tengas razón, puede que yo sea ese veneno que te ha ido matando poco a poco, pero del mismo modo que soy veneno, tú eres la cura. Pandora, eres el antídoto para este veneno. Pandora, eres la medicina que necesito. Sólo tú puedes curarme de esta oscuridad que se cierne sobre mi corazón. Sólo tú puedes convertirme en alguien mejor... 
     Así pues, si crees que aún hay esperanza y que realmente todo puede cambiar ven a mí una última vez, bajo aquel árbol donde tuvo lugar nuestro primer encuentro. ¿Te atreverás, querida Pandora, a enfrentarte a tu pasado?"

28.8.16

» Mentiras reveladas.

     ¿Por qué me mientes? ¿Por qué me mientes mirándome a los ojos con esa mirada tan firme? ¿Cómo osas atreverte a mentirme tan descaradamente? ¿Piensas que soy idiota? ¿Piensas que no voy a darme cuenta? Las ilusiones se han roto. La esperanza se ha desvanecido. Jamás llegará el día de mañana que tanto anhelamos. La perfección se ha corrompido. Mi corazón se encuentra marchitado. Durante mucho tiempo creí que podías cambiar y dejar tu pasado atrás, pero mucho me temo que no podía estar más errada. 

     No sé qué es lo que nos deparará el futuro, pero desde luego ya sé que no estaremos juntos. Me mentiste innumerables  veces... Caí en tu trampa y jugué a tu juego, y como resultado, la perdición. No sé cómo no he sido capaz de despojarme de la venda cegadora durante todo este tiempo. Incluso cuando sentía que se me encogía el corazón cada vez que formulabas una nueva mentira no quise hacer caso a los verdaderos sentimientos. Aún no soy capaz de entender cómo me dejé llevar por la emoción del momento. ¿Cómo pude ser tan idiota y creerte cuando estaba claro que me estabas mintiendo todo este tiempo? 

     ¿Por qué sigues mintiéndome? ¿Por qué sigues mintiéndome a la cara si sabes que he descubierto toda la verdad? ¿Cómo osas ser tan ruin conmigo? Jamás lo entenderé. Juro que quiero entenderlo, pero no soy capaz. La decepción y el daño ha sido tan grande que ya no quiero comprender tus supuestas justificaciones. No quiero saber nada de ti. No quiero seguir creyendo ni una sola palabra que sale por esa boca envenenada. Así de simple. Así de cortante. No quiero seguir jugando a tu insulso juego. No quiero seguir cayendo en tu trampa. No quiero formularme preguntas esperando con una ligera esperanza que las respuestas que pueda obtener de ellas sean verdaderas. 

     Vives atado y atrapado en el pasado. No eres fuerte y por ello no tienes la capacidad de mirar hacia adelante y salir de la oscuridad, de esa negra oscuridad que te destruye desde lo más profundo. Así pues, llegados a este punto, dentro de mi la rabia es inmensa, pero por otro lado no puedo evitar sentir pena por ti. Siento lástima por tu alma y que tengas la necesidad de mentirme tan descaradamente porque no eres capaz de ver la realidad en su auténtica forma. Todo la terminado. Hoy será el día en el que ponga punto y final a nuestro posible futuro juntos. Oprimiré los deseos de estar a tu lado ya que el dolor que has provocado en mí es demasiado colosal.

     ¿Por qué me mientes? ¿Por qué me mientes mirándome a los ojos con esa mirada tan firme? ¿Cómo osas atreverte a mentirme tan descaradamente? ¿Piensas que soy idiota? ¿Piensas que no voy a darme cuenta? No voy a creer ninguna de tus palabras. No voy a dejar que continúes aplastándome psicológicamente. No voy a dejarme pisotear y engañar por tus mentiras y encantos. Eres veneno y no voy a permitir seguir envenenándome con tus maquinaciones de sutil destrucción. NUNCA MÁS.

21.8.16

» Largas noches en vela.

     Noches en vela pensando en ti. Noches en vela pensando en lo que podría haber sido y jamás será. Noches en vela reflexionando acerca de todos los buenos y malos momentos que vivimos juntos. Noches en vela en la que me hago mil preguntas, las cuales nunca obtienen una respuesta concisa. Noches en vela en las que me es imposible conciliar el sueño. Noches en vela en las que intento por todos los medios despojarme de la pesadilla en la que convivo Noches en vela en las que invoco sutilmente tu nombre esperando así que vuelvas a mi lado. Noches en vela en las que quiero desaparecer. Noches en vela en las que odio estar en este estado de insuficiencia. 

     ¿Quién me iba a decir a mí, a la Reina Roja más poderosa del jardín del Edén que me iba a encontrar así? ¿Quién me iba a decir a mí que era realmente posible perturbarme de esta manera?

     Odio estas noches en vela. Las odio con todo mi ser. ¿El por qué? ¿Acaso no es suficientemente obvio? Noches en vela que parece que nunca cesan. Noches en vela que parecen ser la clara señal de un castigo inminente. Noches en vela en las que desearía poder tener absoluto control de las circunstancias. Noches en vela en las que me gustaría acabar con mi existencia pues no soy capaz de ponerme a merced del tedio.

    Quiero que esto acabe. Quiero ponerle fin a las largas noches en velas en las que tiendo con la esperanza de que algún día mi pasividad ponga fin y gane la batalla a este estado tan odioso y repulsivo. Quiero y ansío con todas mis fuerzas que estas largas noches en vena lleguen a su fin. Anhelo con todo mi ser poder encontrar el modo de escapar de aquí. Quiero volver a regresar a mi guarida, a ese lugar especial sólo para mí en el que puedo hacer lo que me plazca sin ser juzgada. Quiero, simplemente, vivir

     Noches en vela pensando en ti. Noches en vela recordando aquellos momentos de pasión y fuego ardiente a tu lado. Noches en vela en las que pienso en el arrepentimiento y en el perdón. Noches en vela en las que me cuestiono todos aquellos fragmentos de memoria las cuales me fueron reveladas a lo largo de tanto tiempo en el paraíso prohibido. Noches en vela en las que no quiero continuar con la búsqueda de la verdad. Noches en vela en las que quiero tener suficiente poder para hacer realidad todas aquellas hipótesis que jamás tuvieron lugar junto a ti.

     ¿Quién me iba a decir a mí, a la Reina Roja más poderosa del jardín del Edén que me iba a encontrar así? ¿Quién me iba a decir a mí que era realmente posible perturbarme de esta manera? Odio el tedio. Lo odio con toda mi marchita alma. Ojalá nunca la hubiera dejado entrar. No quiero que me posea. No quiero que gobierne sobre mí. Tan sólo quiero acabar con todo lo establecido y ser libre. No quiero volver a sucumbir a la tentación y a los placeres oscuros que las noches en vela me fueron regalando poco a poco tiempo atrás.

Que alguien me escuche. 
Que alguien me libere de la pesadilla y la tortura.

14.8.16

» Cuando La Muerte acecha.

     Cada vez que la luz cae, llega la noche. Y con ella, La Muerte despierta. Es algo inevitable, pues hay algo dentro de estos bosques que me persigue, que me acecha. Solía pensar que eran meras imaginaciones originadas a causa de mis delirios, pero poco a poco me voy dando cuenta de que realmente hay algo ahí afuera y que es completamente aterrador. No sé con certeza si esa presencia tenebrosa tiene rostro o si es únicamente una fuerza energética que te despoja de la vida, pero sea lo que sea, es algo te hará sufrir en tu último suspiro.

     La Muerte no hace distinciones. A La Muerte le da igual si has sido bueno o malo, si has pecado o no, irá a por ti hasta los confines del paraíso. Así pues, ¿debería de tener miedo? ¿Debería de buscar la manera de escapar de ella? ¿Valdrá de algo huir y esconderse? ¿Quién es La Muerte? ¿Por qué es un ser tan terrorífico? ¿Por qué va en mi busca? Demasiadas preguntas, siempre hay demasiadas preguntas que nunca obtienen respuesta. Mi mente delirante y pensante se encuentra en una situación desesperada y cada vez que cae la noche las pesadillas comienzan a cobrar vida propia. 

     Yo no quiero tener miedo. Yo no quiero temerle a La Muerte. Decidí tiempo atrás ser valiente y afrontar cada obstáculo hasta la auténtica verdad, pero mucho me temo que hay algo dentro de mis adentros, en lo más profundo de mi ser que me advierte... Debo de mantener las distancias. Debo de salir corriendo a toda velocidad y no mirar jamás atrás. ¿Quién es La Muerte? ¿Qué es lo que busca? ¿De qué modo te destruye y quita de la existencia? Lo faceta más curiosa quiere saber, quiere conocer, pero mi sentido sensato me hace recapacitar y me aconseja alejarme de esa clase de pensamientos. 

     La Muerte nunca descansa. La Muerte siempre sabe dónde encontrarte. ¿No te parece aterrador, intruso? ¿No te abruma esta fatal idea? No puedo huir. No puedo escapar. No puedo esconderme. ¿Podré conocer pronto a La Muerte y mantener una conversación sincera y honesta con ella? De una cosa sí estoy segura, y es que cada vez que La Muerte se acerca te empiezan a escuchar los pasos de un misterioso caballo y la niebla empieza a levantarse. Es curioso como el rincón más incógnito comienza a helarse con un frío que consigue calarse en los huesos. 

     No sé si sentir pánico o armarme de valor y coraje. ¿Qué es lo que debería de hacer? La noche está apunto de llegar y con ella todos los horrores que esconde la oscuridad. La Muerte comienza a levantarse de su escondite, de dónde quiera que se oculte y comienza a revisar su lista. ¿Quién será su próxima víctima? ¿Cómo ha llegado hasta mi reino? ¿Por qué quiere llevarse con ella las almas marchitas y corrompidas de los seres del Edén? ¿Qué hace con la vida que quita? Tantos enigmas para tan poco tiempo de existencia... La Muerte se acerca, La Muerte me acecha y lo único en lo que puedo pensar es en buscar una solución a esta persecución insensata. La cuenta atrás hasta nuestro primer encuentro acaba de dar comienzo.

7.8.16

» Una pequeña llamada de socorro (1º PARTE)

     Desde hace un tiempo escucho voces en mi cabeza. Son diferentes voces que no consigo reconocer, es por ello por lo que sé que no se tratan de mis propios pensamientos. Durante largo tiempo estas voces me han susurrado día y noche. Durante largo tiempo han sido el causante principal de mis delirios y de mis fuertes dolores de cabeza. Durante largo tiempo han sido el origen de una larga enfermedad incurable. Sin embargo, ha llegado un momento en el que oigo con claridad una determinada voz que no susurra mi nombre, sino que lo grita y me abruma todas las noches de luna llena. 

     Al principio aquella voz era débil y no le prestaba la menor atención pues tenía dentro de mí mil voces más que me atormentaban con fuerza. Aún así, aquella voz jamás se apagó y con el paso del tiempo llegó a cobrar un mayor protagonismo en mi interior pues su desesperación por ser atendido era cada vez mayor. Extrañamente, reconozco que se trata de una voz parecida a la mía, pero no termina de ser completamente yo. Estoy segura de que tampoco es la voz de un varón.

     ¡Cuánta locura! ¡Cuánto delirio sin descanso! ¡Cuánto misterio sin resolver! ¿Qué es lo que quiere esa dichosa voz? ¿Qué es lo que intenta decirme? Cierro los ojos y me concentro, o al menos es algo que procuro hacer a menos que alguna otra voz quiere provocar en mí nuevas pesadillas... Cierro los ojos y me concentro. Centro toda mi atención a esa enigmática voz que grita sordas palabras en lo más profundo de mi ser. Háblame, pues te escucho. Cuéntame, pues tal vez pueda ayudarte. Manifiéstate o cállate para siempre.

     Entonces, palabras sueltas consigo descifrar: "ayúdame", "destino", "sangre", "historia". El mensaje no parece claro. ¿Quién eres? ¿Cómo has llegado a mi mente? Silencio. ¿Cómo puedo salvarte? Silencio. De repente, la voz vuelve a cobrar vida. "Ayúdame", "destino", "sangre", "historia". Juraría que la voz continúa diciéndome algo más, pero de verdad que no consigo entender con claridad lo que intenta transmitirme. Puede que sea un mensaje cifrado, quién sabe. Tal vez está en mí la misión de relacionar los conceptos, quién sabe.

     Quiero servirte. Quiero ayudarte. Quiero hacer callar al resto de voces para salvarte de tu agonía. Necesito saber quién eres y qué es lo que quieres de mí. ¿Por qué tu voz es tan parecida a la mía? ¿Por qué tu voz es tan diferente al resto? ¿De dónde procedes realmente? Son muchas las preguntas que comienzan a originarse, y posiblemente tarde mucho tiempo en obtener respuesta, pero aún así no voy a darme por vencida. Algo o alguien me necesita y debo de ser yo quién se convierta en el ángel guardián, en aquel ángel que yo nunca tuve. Así pues, háblame o cállate para siempre. Háblame con claridad. Cuéntame tu historia... ¿Acaso tendré que esperar hasta la próxima luna llena?

31.7.16

» En lo más profundo de la oquedad.

      Siento que las fuerzas se me escapan. Siento que todo intento por continuar adelante es inútil. Nuevamente veo que caigo dentro de un pozo profundo, cuasi sin fondo. Es estrecho y oscuro. Húmedo y solitario. Quiero escapar por todos los medios y salir de ahí, pero de nada sirve. Siento que me ahogo con mis propios llantos. Por mucho que grite, nadie me escucha. A nadie le importa dónde me encuentro. Nadie quiere ayudarme a salir de este oscuro lugar. Y no les culpo, pues es algo que tengo que hacer yo, por mí misma. Y no quiero que nadie venga a rescatarme de este lúgubre lugar. No me lancéis la cuerda, pues me querré ahorcar con él. No me llaméis por mi nombre, pues no os responderé.

     Me hallo en un lugar lejos de todos para poder enfrentarme a mis propios demonios. Las lágrimas que caen por mis mejillas están vacías y mi mirada se encuentra perdida. Mi corazón ya no siente absolutamente nada. Pero aún así, tengo guardado muy dentro de mí una pequeña esperanza. Una pequeña luz que ilumina muy débilmente esta claustrofóbica prisión. 

     Las fuerzas continúan despojándose de mi cuerpo y mi voluntad de vivir y escaparme de aquí se va consumiendo y muriendo. Sí, así es, no puedo evitar sentirme rota por dentro. Comienzo a sentir el frío helado de este espacio. Quiero y necesito encontrarme a mí misma. 

     A pesar de todo, quiero entender cómo he conseguido caer aquí dentro. ¿Cómo he permitido caer tan fondo en un lugar como este? ¿Dónde ha estado mi verdadera esencia todo este tiempo? ¿Quién me ha robado las sonrisas y la felicidad? ¿Por qué mis ganas de existir disminuyen tanto aquí abajo? Tal vez debería de preguntar nuevas preguntas más adecuadas, como por ejemplo: ¿cómo he permitido llegar aquí? Por mucho que quiera responder mis propias preguntas (porque sé que sólo yo tengo las respuestas), no puedo evitar sentirme paralizada y ausente. Siento que me he perdido en algún lugar antes de caer al pozo. ¿Alguien me habrá robado o tal vez he sido yo misma quien he cruzado las grandes puertas del jardín del Edén y he conseguido así salir de la caja de Pandora?

     Siento que las fuerzas se me escapan. Siento que todo intento por continuar adelante es inútil. Nuevamente veo que caigo dentro de un pozo profundo, cuasi sin fondo. Es estrecho y oscuro. Húmedo y solitario. Es una realidad, pero posiblemente lleve aquí abajo mucho más tiempo del que parece. O puede que siempre estuve aquí abajo y que todo cuanto he experimentado haya sido una ilusión, una mentira, un delirio más producto de mi mente enferma. Suspiro. Suspiro profundo pues me siento impotente por no poder conseguir hallar la solución. Mi esperanza se apaga. Mi luz se muere. Sé que no necesito a nadie. Sé que nadie vendrá a salvarme de esta oquedad. Pero también cabe la posibilidad dentro de mis pensamientos que ese "nadie" es real, es una verdad. Puede que ese "nadie" jamás haya existido...

     Así pues, me encuentro sola en el mundo, completamente sola en un lugar que creía mágico y que no es más que una trampa mortal. Una maldición. Un castigo. Un destino. Incluso ahora, tras haber reflexionado tanto, he llegado a la conclusión que esa cuerda que podría venir de arriba, de la luz, de la superficie en lo más alto del pozo, fuera precisamente para acabar con todo esto. Puede que ahorcándome sea la única salida a esta pesadilla.

24.7.16

» El sendero hacia la luz verdadera.

     He sentido la muerte acariciando mi piel. He visto mis manos manchadas de sangre, de mi propia sangre carmesí. He escuchado con especial atención todos los horrores que se le hacían a mi cuerpo inerte tendido en el suelo. He visto cómo mi destino, mi fatal destino, se cumplía irremediablemente. Y es que hay ocasiones en las que no podemos controlar nuestras acciones y hagamos lo que hagamos, tomemos la decisión que tomemos, todos los senderos nos conducen a la misma desgracia. Aún así, gracias a aquella crueldad he conseguido ver la luz al final del arduo camino. Cuando todo lo creía perdido y cuando la esperanza y voluntad de vivir se habían escapado de entre mis dedos, escucho una voz, veo una luz. 

     Ahora sé que al final del desdichado camino hay un lugar mejor para mí. Ahora sé que al otro lado de la luminosidad se encuentra un nuevo mundo, un paraíso sólo para mí en el que nada ni nadie puede dañarme. Ahora sé que mi verdadero propósito es llegar a ese cielo, a ese Edén de las maravillas. Sin embargo, es inevitable. La prueba de fuego más dura y difícil de toda mi existencia... Toda esa sangre, todos esos llantos y sufrimiento... Debo de ser fuerte y sobrevivir a mi maldición. Y entonces, cuando exhale mi último suspiro, solo entonces, podré ver la luz al final del sendero, esperándome, llamándome.


     He sentido la muerte acariciando mi piel.  He visto mis manos manchadas de sangre, de mi propia sangre carmesí. He escuchado con especial atención todos los horrores que se le hacían a mi cuerpo inerte tendido en el suelo. Pero no es más que una prueba. Debo de ser valiente y reunir todo el coraje que se halla dentro de mí para poder afrontar sin miedo lo que está por venir. Este es el precio que debo de pagar para poder obtener una segunda oportunidad. La luz es intensa, pero a la vez verdadera. Me espera. Me llama. Es mi única esperanza auténtica. No hay otro camino posible. No hay otra decisión admisible que me haga saltar este sangriento obstáculo. 

      No puedo perder la fe. No puedo dejar que el horror invada mis pensamientos pues sé que al final del desdichado camino hay un lugar mejor para mí. Sé que al otro lado de la luminosidad se encuentra un nuevo mundo, un paraíso sólo para mí en el que nada ni nadie puede dañarme. Sé que mi verdadero propósito es llegar a ese cielo, a ese Edén de las maravillas. Así pues, respiro hondo y cierro los ojos. Calma. Tranquilidad. Necesito concentrarme y ser consciente de que al final todo saldrá bien. Cuando crea que todo está perdido y que la esperanza y voluntad de vivir se me ha escapado de entre los dedos, escucho una voz y veo como esa luz al final del sendero brilla con más intensidad.

     Espérame. Espérame y no te apagues. La luz me llama. La luz es la verdad. Aunque tenga que sufrir. Aunque tenga que llorar. La luz continuará allí al final del sendero esperándome, llamándome. Tengo que aguantar como una valiente y demostrar que en realidad al final ninguno de vosotros podrá destruirme. He sentido la muerte acariciando mi piel.  He visto mis manos manchadas de sangre, de mi propia sangre carmesí. He escuchado con especial atención todos los horrores que se le hacían a mi cuerpo inerte tendido en el suelo. Pero no ha sido más que una prueba. Fue ardua y sangrienta, pero una prueba al fin y al cabo. Y tras haber rozado la muerte, sé que puedo con cualquier obstáculo, aunque parezca imposible. Debo de demostrar que soy fuerte y sobrevivir a mi maldición. Y entonces, cuando exhale mi último suspiro, solo entonces, podré llegar a la luz al final del sendero, a la luz verdadera, esperándome, llamándome.

17.7.16

» Alternativamente Ella (1º PARTE)

     Ella no conocía el verdadero significado de la felicidad. Ella nunca había visto los rayos del sol acariciando su pálida tez con dulzura y cariño. Ella jamás había caminado con sus desnudos pies sobre la verde hierba sin aquellas horribles cadenas pesadas y cuasi oxidadas. Ella vivía en un mundo lleno de oscuridad y soledad. El vacío era su única compañía. Sus pensamientos eran los únicos a los que podía considerar amigos. Ella no era ella. Ella apenas existía. Ella no era más que una ilusión maldita. Pero, ¿qué era lo que había hecho para merecer semejante castigo helado? Simplemente, existir, pues ella era diferente de cualquier otro ser vivo conocido en este mundo. Ella era única. Ella era preciosa. Ella era mucho más que la apariencia delicada y reservada que mostraba a todo el mundo. Y puede que por eso mismo la propia naturaleza la había aprisionado en los confines de la Tierra, en un lugar dónde nada ni nadie podría verla, escucharla, acariciarla o salvarla de su fatal destino.

     Entonces, un día insospechado, llegó una presencia a su escondite, a su celda. Ante ella y la pequeña luz que se divisaba en el oscuro horizonte se interpuso una figura rígida y corpulenta, y que para nada parecía un ángel guardián. Ella no dijo nada. Ella ni si quiera pestañeó ante aquella aparición desconocida. En cambio, la enigmática figura sonrió y la miró fijamente con unos ojos penetrantes de color ámbar. Pronunció unas suaves palabras que apenas se pudieron entender. Acercó su mano al delicado lirio y la sacó de su prisión oscura. Fue entonces cuando ella pudo ver la luz del sol. Fue entonces cuando las cadenas se rompieron y pudo sentir por primera vez la húmeda hierba debajo de sus pies descalzos. Fue entonces cuando ella pudo sonreír por primerísima vez y, simplemente, sentir.

     Podía ser miedo. Podría ser alegría. Ella no sabía explicar lo que le estaba sucediendo por dentro. Tantas emociones encontradas y sentimientos que no era capaz de etiquetar. ¿Qué estaba pasando? ¿Qué era ese nuevo mundo que se ocultaba más allá de la negra oscuridad? La luz era demasiado brillante. La brisa era demasiado caliente. La hierba era demasiado húmeda. Ella se sintió desprotegida y echó a correr. No sabía muy bien adónde ir o qué hacer, pero comenzó a gritar asustada pues se hallaba en un mundo que apenas conocía. Cualquier cosa podría dañarla. No se sentía segura. No confiaba en el mundo cruel en el que se encontraba. Ella no sabía qué le estaba sucediendo ante tanta emoción y desconcierto. Pero en ese momento, aquella figura de ojos ámbar la agarró con delicadeza y la resguardó entre sus brazos.
     
     La expresión en su rostro fue expectante. Sin ella esperarlo, un sentimiento cálido comenzó a brotar en su pecho. Por primera vez en toda su vida alguien la había aceptado. Por primera vez en toda su vida alguien la había abrazado y aceptado sus miedos. Lágrimas comenzaron a emanar de sus verdes ojos pues se sentía impotente de no entender lo que estaba sucediendo, de lo que significaba ser liberada por alguien de una cruel maldición, de un sangriento castigo. Ella le miró sin formular palabra alguna. Era el comienzo de algo nuevo. Ella estaba aterrada, pero aquella presencia cálida junto a ella conseguía tranquilizarla, pues no estaba del todo sola. La luz comenzó a abrirse paso entre toda esa oscuridad en la que ella había estado durante tantísimo tiempo. La ilusión maldita comenzaba a hacerte real. Ella comenzó a sentirse viva a pesar de tener el corazón encogido. Ella se puso en pie y miró abrumada al cielo mientras las lágrimas no dejaban de caer. Una nueva criatura se estaba originando de entre los brazos de aquel salvador de ojos ámbar. El comienzo del todo. El éxtasis y la curiosidad de lo que estaba por venir alimentaba ese vacío con el que ella había crecido...