» La pérdida (1º PARTE)

El corazón se me detuvo durante un segundo, un segundo que duraría para siempre. Mi cuerpo se encogió y sin poder remediarlo las lágrimas comenzaron a brotar y caer por mis heladas mejillas. Pensé que nunca más iba a ser testigo de algo así, de una pérdida la cual sería eterna. Pensé, ilusa e inocente, que jamás iba a tener que sufrir este dolor en silencio. Y es que ahí me encontraba yo, sola en mitad de la oscuridad, viendo cómo su cuerpo exhalaba su último suspiro. La vida, su vida, tal y cómo la conocía, se estaba escapando de entre mis dedos y podía hacer absolutamente nada para retenerla con él.

¿Cómo se puede hacer frente ante una pérdida así? Hasta ahora no era consciente de cuán grande eran los sentimientos que ocultaba hasta este momento. Y es que existe una posibilidad que me aterra, pero que probablemente sea muy cierta, fui yo la única causante de su desgracia y su desdicha, de su fatídico final. Así pues, una parte de mí moría esa noche. Una parte de mí se despojaba de la vida y se entregaba al mundo de los muertos. No puedo evitar sentir pena, sentirme desgraciada. No puedo evitar desear que mi existencia también acabara si no podía estar más a su lado.

Jamás pensé que semejantes pensamientos pudieran inundar mi mente, pero así es y me encuentro perpleja ante las circunstancias. Se me fue una trágica noche de invierno. Se me fue en el momento menos oportuno cuando creía que aún había esperanza. Se me fue, para siempre. ¿Y cómo reaccionar ante esta situación? ¿Y cómo seguir hacia adelante sin su presencia? ¿Y cómo volver a empezar? ¿Sería capaz? No sé si realmente quiero saber las respuestas a esas preguntas... Mi mundo, tal y cómo lo conocía se había desvanecido por completo. 

Ya no era capaz de sonreír. Ya no era capaz de sentir absolutamente nada. Sin embargo, lo sentía todo. ¿Cómo explicarlo? Por fuera me había convertido en hielo, pero por dentro mi sangre se había transformado en auténtica hiel. Los sentimiento y las emociones revoloteaban sin cesar. El dolor, la pérdida, era demasiado grande. Por dentro sentía que moría una y otra vez. No podía escapar de este destino. No podía escapar de este castigo. Él se había ido de mi lado y nada ni nadie podía traerlo de vuelta. 

Impotencia creo que es la palabra correcta, la que estoy buscando para poder definir mis sentimientos. O no. Puede que otra podría ser mucho más acertada, simplemente que no consigo hallarla, pues las fuerzas se han esfumado y la voluntad, junto con él, se ha muerto. De este modo, aquí me encuentro, sumida en la total oscuridad una vez más llorando en mis adentros. Las lágrimas de sangre serán eternas mientras que mis recuerdos a tu lado se van marchitando poco a poco con el curioso paso del tiempo. Un tiempo que no existe. Un tiempo que se congela y desvanece. Poco a poco, la llama se va apagando y con él mi voluntad de seguir adelante.

Para mí esta lucha ya no tiene sentido. Para mí esta lucha es insignificante. Para mí todo lo que deseaba o todo lo que pudiera haber conseguido se ha podrido. El futuro ya no existe para mí. Ya no es una posibilidad. El futuro se ha convertido en un sueño eterno, en un sueño imposible e inalcanzable. Sólo tengo palabras de dolor y arrepentimiento. Estoy atrapada en una agonía que me atormentará hasta el fin de los tiempos. Da igual el tiempo que pase, sé que jamás podría superar una pérdida así... Se fue, para siempre, sin poder hacer nada.

Mi corazón jamás volverá a latir. Mis ojos jamás recuperarán su brillo y su ilusión. Nunca más tendré palabras de amor hacia ningún otro ser vivo, pues se han ahogado entre mis propios llantos. Finalmente, puede ser cierto que todo lo que toco se rompe, se marchita, se muere y se destruye. Así es como concluyo que la culpa es enteramente mía. Que mi verdadera máscara es la de la muerte y que estoy condenada a la eterna soledad infinita. ¿Podré ser capaz de recuperarme y de encontrar mi propósito en este paraíso?