» Cuestiones que cayeron en el olvido.

Es increíble las cosas que pueden suceder en tan poco tiempo. Me atrevería a decir que me parece increíble lo rápido que me he acostumbrado a mi locura y hacer de este lugar mi pequeño reino, mi mundo. Pero a pesar de eso, no puedo evitar no tener las cosas bajo control. Sí, es así. Yo lo sé. Él lo sabe. Cuanto más lo pienso, más claro lo tengo. Miro a mi alrededor y sé a la perfección que este es mi lugar. No debería de haber ido a ningún otro sitio. Todas las cosas de este Edén son perfectas y hechas a mi medida, sin nada que pueda alterar el orden y la armonía.

Pero las cosas nunca son lo que parecen.

Y esa es la pura verdad. Una ley de la naturaleza, tal vez. Por mucho que trate de ignorarlo, no puedo evitar sentir que hay algo que está fuera de su sitio. Digamos que son como los microbios. Es extraño, pero cierto. Parece que no están con nosotros... pero sí y en todas partes. Justo como tú. TÚ eres el microbio del que no consigo librarme. 

Y es bastante extraño porque he conseguido acostumbrarme a tu presencia. Es como si formaras parte de la naturaleza. En parte es lo que más detesto de mi santuario, pero a la vez no le doy importancia. Me he acostumbrado a tus caricias, tus susurros, tus penetrantes miradas... A todo. Y lo odio cada vez más. Aún así la tranquilidad ha permanecido durante varias semanas ya en este lugar. Y no consigo que te marches de aquí. 

¿Por qué no desapareces?

Se puede decir que muchísimas cosas han sucedido en tan poco tiempo que ha pasado. Incluso cosas prohibidas. Al principio rehuía de ellas, no las aceptaba. Me negaba completamente a aceptarlas. Hasta que comenzaron a ser algo diario en este santuario escondido. Todo lo prohibido empezó a ser costumbre, incluso a veces rutinario. Una droga tal vez, si me permites confesar. Hasta que le cogí el gusto.

¡Pero no nos distraigamos! Volvamos a lo que de verdad importa, el tiempo. Es extraño hablar de ello cuando aquí no existe nada de eso. Has sido tú quién me ha influenciado de tal manera, con cada roce. Me confundes, la verdad. Lo sé. Quiero que dejes de transmitirme tus emociones y tus costumbres.

Yo no soy como tú. ¿Por qué no lo entiendes?

Y suspiro y no apareces. En ocasiones estás y en otras no. ¿Por qué?. Aún no me has respondido a mis preguntas. Apenas hablas. Y es a eso a lo que más me he acostumbrado en tan poco tiempo: al silencio. Es algo inevitable. Mis pensamientos son los únicos que saben responder. O eso creo. Y aún así es desconcertante pues hay ocasiones en las que no puedo fiarme de mis propios pensamientos, de lo que siento y escondo con fervor. Mis propios delirios me confunden y no hay nada que yo pueda hacer para remediar esta curiosa situación en la que me encuentro. 

Mi mente no deja de funcionar, y a veces me gustaría que dejase de hacerlo. Si pienso, preocupaciones surgen de la nada. Y sino...  No sé ya ni lo que digo. Reitero: me confundes. Y eso hace que piense y le de vueltas a la cabeza. En su momento me enseñaron que acostumbrarse a las cosas era bueno. Y no sé cómo tomarme eso. Creo que en esta ocasión es algo negativo. Me acostumbro a tu presencia y a todo lo que ello conlleva. Y eso sólo trae más odio. Una noche estás a mi lado y a la mañana siguiente desapareces, así, sin dejar rastro, sin avisar. Sin dar ninguna explicación. Y es algo que detesto, aunque creo que ya eres consciente de eso.

Tiempo. ¿Qué es el tiempo realmente? ¿Cómo es posible que tan rápidamente hayamos llegamos a esta situación tan inexplicable? ¿Cómo es posible que tu cuerpo junto al mío se entienda tan perfectamente? ¿Cómo he permitido acostumbrarme a ti en tan poco tiempo a pesar de tu actitud tan egoísta? No sé explicar lo que siento por dentro. Tu continúas sin formular palabra alguna y de alguna manera eso me abruma profundamente. No sé si sientes que me has fallado alguna vez, pero yo he llegado a la triste conclusión de que me he fallado a mí misma por no saber encontrar las respuestas a mis preguntas por mi propio pie... Pase lo que pase, siempre dependo finalmente de ti, tanto de tu presencia como de tu ausencia. Eres una droga, eres una enfermedad. 

¡Pero no volvamos a desviarnos del tema principal, lo que de verdad importa! De aquello que me abruma... El tiempo, como siempre... Una encrucijada que no sé resolver. Me siento atrapada. Sin saber adónde desviar mis pensamientos y meditaciones. Me cuesta mucho, tal vez demasiado, acostumbrarme a esto. Necesito una medicina efectiva y volver a reconducir mis emociones hacia la luz verdadera, hacia la verdad.

Caricias, susurros, miradas, pensamientos, odio, naturaleza por doquier...

¿Por qué no desapareces de una vez?