28.8.16

» Mentiras reveladas.

     ¿Por qué me mientes? ¿Por qué me mientes mirándome a los ojos con esa mirada tan firme? ¿Cómo osas atreverte a mentirme tan descaradamente? ¿Piensas que soy idiota? ¿Piensas que no voy a darme cuenta? Las ilusiones se han roto. La esperanza se ha desvanecido. Jamás llegará el día de mañana que tanto anhelamos. La perfección se ha corrompido. Mi corazón se encuentra marchitado. Durante mucho tiempo creí que podías cambiar y dejar tu pasado atrás, pero mucho me temo que no podía estar más errada. 

     No sé qué es lo que nos deparará el futuro, pero desde luego ya sé que no estaremos juntos. Me mentiste innumerables  veces... Caí en tu trampa y jugué a tu juego, y como resultado, la perdición. No sé cómo no he sido capaz de despojarme de la venda cegadora durante todo este tiempo. Incluso cuando sentía que se me encogía el corazón cada vez que formulabas una nueva mentira no quise hacer caso a los verdaderos sentimientos. Aún no soy capaz de entender cómo me dejé llevar por la emoción del momento. ¿Cómo pude ser tan idiota y creerte cuando estaba claro que me estabas mintiendo todo este tiempo? 

     ¿Por qué sigues mintiéndome? ¿Por qué sigues mintiéndome a la cara si sabes que he descubierto toda la verdad? ¿Cómo osas ser tan ruin conmigo? Jamás lo entenderé. Juro que quiero entenderlo, pero no soy capaz. La decepción y el daño ha sido tan grande que ya no quiero comprender tus supuestas justificaciones. No quiero saber nada de ti. No quiero seguir creyendo ni una sola palabra que sale por esa boca envenenada. Así de simple. Así de cortante. No quiero seguir jugando a tu insulso juego. No quiero seguir cayendo en tu trampa. No quiero formularme preguntas esperando con una ligera esperanza que las respuestas que pueda obtener de ellas sean verdaderas. 

     Vives atado y atrapado en el pasado. No eres fuerte y por ello no tienes la capacidad de mirar hacia adelante y salir de la oscuridad, de esa negra oscuridad que te destruye desde lo más profundo. Así pues, llegados a este punto, dentro de mi la rabia es inmensa, pero por otro lado no puedo evitar sentir pena por ti. Siento lástima por tu alma y que tengas la necesidad de mentirme tan descaradamente porque no eres capaz de ver la realidad en su auténtica forma. Todo la terminado. Hoy será el día en el que ponga punto y final a nuestro posible futuro juntos. Oprimiré los deseos de estar a tu lado ya que el dolor que has provocado en mí es demasiado colosal.

     ¿Por qué me mientes? ¿Por qué me mientes mirándome a los ojos con esa mirada tan firme? ¿Cómo osas atreverte a mentirme tan descaradamente? ¿Piensas que soy idiota? ¿Piensas que no voy a darme cuenta? No voy a creer ninguna de tus palabras. No voy a dejar que continúes aplastándome psicológicamente. No voy a dejarme pisotear y engañar por tus mentiras y encantos. Eres veneno y no voy a permitir seguir envenenándome con tus maquinaciones de sutil destrucción. NUNCA MÁS.

21.8.16

» Largas noches en vela.

     Noches en vela pensando en ti. Noches en vela pensando en lo que podría haber sido y jamás será. Noches en vela reflexionando acerca de todos los buenos y malos momentos que vivimos juntos. Noches en vela en la que me hago mil preguntas, las cuales nunca obtienen una respuesta concisa. Noches en vela en las que me es imposible conciliar el sueño. Noches en vela en las que intento por todos los medios despojarme de la pesadilla en la que convivo Noches en vela en las que invoco sutilmente tu nombre esperando así que vuelvas a mi lado. Noches en vela en las que quiero desaparecer. Noches en vela en las que odio estar en este estado de insuficiencia. 

     ¿Quién me iba a decir a mí, a la Reina Roja más poderosa del jardín del Edén que me iba a encontrar así? ¿Quién me iba a decir a mí que era realmente posible perturbarme de esta manera?

     Odio estas noches en vela. Las odio con todo mi ser. ¿El por qué? ¿Acaso no es suficientemente obvio? Noches en vela que parece que nunca cesan. Noches en vela que parecen ser la clara señal de un castigo inminente. Noches en vela en las que desearía poder tener absoluto control de las circunstancias. Noches en vela en las que me gustaría acabar con mi existencia pues no soy capaz de ponerme a merced del tedio.

    Quiero que esto acabe. Quiero ponerle fin a las largas noches en velas en las que tiendo con la esperanza de que algún día mi pasividad ponga fin y gane la batalla a este estado tan odioso y repulsivo. Quiero y ansío con todas mis fuerzas que estas largas noches en vena lleguen a su fin. Anhelo con todo mi ser poder encontrar el modo de escapar de aquí. Quiero volver a regresar a mi guarida, a ese lugar especial sólo para mí en el que puedo hacer lo que me plazca sin ser juzgada. Quiero, simplemente, vivir

     Noches en vela pensando en ti. Noches en vela recordando aquellos momentos de pasión y fuego ardiente a tu lado. Noches en vela en las que pienso en el arrepentimiento y en el perdón. Noches en vela en las que me cuestiono todos aquellos fragmentos de memoria las cuales me fueron reveladas a lo largo de tanto tiempo en el paraíso prohibido. Noches en vela en las que no quiero continuar con la búsqueda de la verdad. Noches en vela en las que quiero tener suficiente poder para hacer realidad todas aquellas hipótesis que jamás tuvieron lugar junto a ti.

     ¿Quién me iba a decir a mí, a la Reina Roja más poderosa del jardín del Edén que me iba a encontrar así? ¿Quién me iba a decir a mí que era realmente posible perturbarme de esta manera? Odio el tedio. Lo odio con toda mi marchita alma. Ojalá nunca la hubiera dejado entrar. No quiero que me posea. No quiero que gobierne sobre mí. Tan sólo quiero acabar con todo lo establecido y ser libre. No quiero volver a sucumbir a la tentación y a los placeres oscuros que las noches en vela me fueron regalando poco a poco tiempo atrás.

Que alguien me escuche. 
Que alguien me libere de la pesadilla y la tortura.

14.8.16

» Cuando La Muerte acecha.

     Cada vez que la luz cae, llega la noche. Y con ella, La Muerte despierta. Es algo inevitable, pues hay algo dentro de estos bosques que me persigue, que me acecha. Solía pensar que eran meras imaginaciones originadas a causa de mis delirios, pero poco a poco me voy dando cuenta de que realmente hay algo ahí afuera y que es completamente aterrador. No sé con certeza si esa presencia tenebrosa tiene rostro o si es únicamente una fuerza energética que te despoja de la vida, pero sea lo que sea, es algo te hará sufrir en tu último suspiro.

     La Muerte no hace distinciones. A La Muerte le da igual si has sido bueno o malo, si has pecado o no, irá a por ti hasta los confines del paraíso. Así pues, ¿debería de tener miedo? ¿Debería de buscar la manera de escapar de ella? ¿Valdrá de algo huir y esconderse? ¿Quién es La Muerte? ¿Por qué es un ser tan terrorífico? ¿Por qué va en mi busca? Demasiadas preguntas, siempre hay demasiadas preguntas que nunca obtienen respuesta. Mi mente delirante y pensante se encuentra en una situación desesperada y cada vez que cae la noche las pesadillas comienzan a cobrar vida propia. 

     Yo no quiero tener miedo. Yo no quiero temerle a La Muerte. Decidí tiempo atrás ser valiente y afrontar cada obstáculo hasta la auténtica verdad, pero mucho me temo que hay algo dentro de mis adentros, en lo más profundo de mi ser que me advierte... Debo de mantener las distancias. Debo de salir corriendo a toda velocidad y no mirar jamás atrás. ¿Quién es La Muerte? ¿Qué es lo que busca? ¿De qué modo te destruye y quita de la existencia? Lo faceta más curiosa quiere saber, quiere conocer, pero mi sentido sensato me hace recapacitar y me aconseja alejarme de esa clase de pensamientos. 

     La Muerte nunca descansa. La Muerte siempre sabe dónde encontrarte. ¿No te parece aterrador, intruso? ¿No te abruma esta fatal idea? No puedo huir. No puedo escapar. No puedo esconderme. ¿Podré conocer pronto a La Muerte y mantener una conversación sincera y honesta con ella? De una cosa sí estoy segura, y es que cada vez que La Muerte se acerca te empiezan a escuchar los pasos de un misterioso caballo y la niebla empieza a levantarse. Es curioso como el rincón más incógnito comienza a helarse con un frío que consigue calarse en los huesos. 

     No sé si sentir pánico o armarme de valor y coraje. ¿Qué es lo que debería de hacer? La noche está apunto de llegar y con ella todos los horrores que esconde la oscuridad. La Muerte comienza a levantarse de su escondite, de dónde quiera que se oculte y comienza a revisar su lista. ¿Quién será su próxima víctima? ¿Cómo ha llegado hasta mi reino? ¿Por qué quiere llevarse con ella las almas marchitas y corrompidas de los seres del Edén? ¿Qué hace con la vida que quita? Tantos enigmas para tan poco tiempo de existencia... La Muerte se acerca, La Muerte me acecha y lo único en lo que puedo pensar es en buscar una solución a esta persecución insensata. La cuenta atrás hasta nuestro primer encuentro acaba de dar comienzo.

7.8.16

» Una pequeña llamada de socorro (1º PARTE)

     Desde hace un tiempo escucho voces en mi cabeza. Son diferentes voces que no consigo reconocer, es por ello por lo que sé que no se tratan de mis propios pensamientos. Durante largo tiempo estas voces me han susurrado día y noche. Durante largo tiempo han sido el causante principal de mis delirios y de mis fuertes dolores de cabeza. Durante largo tiempo han sido el origen de una larga enfermedad incurable. Sin embargo, ha llegado un momento en el que oigo con claridad una determinada voz que no susurra mi nombre, sino que lo grita y me abruma todas las noches de luna llena. 

     Al principio aquella voz era débil y no le prestaba la menor atención pues tenía dentro de mí mil voces más que me atormentaban con fuerza. Aún así, aquella voz jamás se apagó y con el paso del tiempo llegó a cobrar un mayor protagonismo en mi interior pues su desesperación por ser atendido era cada vez mayor. Extrañamente, reconozco que se trata de una voz parecida a la mía, pero no termina de ser completamente yo. Estoy segura de que tampoco es la voz de un varón.

     ¡Cuánta locura! ¡Cuánto delirio sin descanso! ¡Cuánto misterio sin resolver! ¿Qué es lo que quiere esa dichosa voz? ¿Qué es lo que intenta decirme? Cierro los ojos y me concentro, o al menos es algo que procuro hacer a menos que alguna otra voz quiere provocar en mí nuevas pesadillas... Cierro los ojos y me concentro. Centro toda mi atención a esa enigmática voz que grita sordas palabras en lo más profundo de mi ser. Háblame, pues te escucho. Cuéntame, pues tal vez pueda ayudarte. Manifiéstate o cállate para siempre.

     Entonces, palabras sueltas consigo descifrar: "ayúdame", "destino", "sangre", "historia". El mensaje no parece claro. ¿Quién eres? ¿Cómo has llegado a mi mente? Silencio. ¿Cómo puedo salvarte? Silencio. De repente, la voz vuelve a cobrar vida. "Ayúdame", "destino", "sangre", "historia". Juraría que la voz continúa diciéndome algo más, pero de verdad que no consigo entender con claridad lo que intenta transmitirme. Puede que sea un mensaje cifrado, quién sabe. Tal vez está en mí la misión de relacionar los conceptos, quién sabe.

     Quiero servirte. Quiero ayudarte. Quiero hacer callar al resto de voces para salvarte de tu agonía. Necesito saber quién eres y qué es lo que quieres de mí. ¿Por qué tu voz es tan parecida a la mía? ¿Por qué tu voz es tan diferente al resto? ¿De dónde procedes realmente? Son muchas las preguntas que comienzan a originarse, y posiblemente tarde mucho tiempo en obtener respuesta, pero aún así no voy a darme por vencida. Algo o alguien me necesita y debo de ser yo quién se convierta en el ángel guardián, en aquel ángel que yo nunca tuve. Así pues, háblame o cállate para siempre. Háblame con claridad. Cuéntame tu historia... ¿Acaso tendré que esperar hasta la próxima luna llena?

31.7.16

» En lo más profundo de la oquedad.

      Siento que las fuerzas se me escapan. Siento que todo intento por continuar adelante es inútil. Nuevamente veo que caigo dentro de un pozo profundo, cuasi sin fondo. Es estrecho y oscuro. Húmedo y solitario. Quiero escapar por todos los medios y salir de ahí, pero de nada sirve. Siento que me ahogo con mis propios llantos. Por mucho que grite, nadie me escucha. A nadie le importa dónde me encuentro. Nadie quiere ayudarme a salir de este oscuro lugar. Y no les culpo, pues es algo que tengo que hacer yo, por mí misma. Y no quiero que nadie venga a rescatarme de este lúgubre lugar. No me lancéis la cuerda, pues me querré ahorcar con él. No me llaméis por mi nombre, pues no os responderé.

     Me hallo en un lugar lejos de todos para poder enfrentarme a mis propios demonios. Las lágrimas que caen por mis mejillas están vacías y mi mirada se encuentra perdida. Mi corazón ya no siente absolutamente nada. Pero aún así, tengo guardado muy dentro de mí una pequeña esperanza. Una pequeña luz que ilumina muy débilmente esta claustrofóbica prisión. 

     Las fuerzas continúan despojándose de mi cuerpo y mi voluntad de vivir y escaparme de aquí se va consumiendo y muriendo. Sí, así es, no puedo evitar sentirme rota por dentro. Comienzo a sentir el frío helado de este espacio. Quiero y necesito encontrarme a mí misma. 

     A pesar de todo, quiero entender cómo he conseguido caer aquí dentro. ¿Cómo he permitido caer tan fondo en un lugar como este? ¿Dónde ha estado mi verdadera esencia todo este tiempo? ¿Quién me ha robado las sonrisas y la felicidad? ¿Por qué mis ganas de existir disminuyen tanto aquí abajo? Tal vez debería de preguntar nuevas preguntas más adecuadas, como por ejemplo: ¿cómo he permitido llegar aquí? Por mucho que quiera responder mis propias preguntas (porque sé que sólo yo tengo las respuestas), no puedo evitar sentirme paralizada y ausente. Siento que me he perdido en algún lugar antes de caer al pozo. ¿Alguien me habrá robado o tal vez he sido yo misma quien he cruzado las grandes puertas del jardín del Edén y he conseguido así salir de la caja de Pandora?

     Siento que las fuerzas se me escapan. Siento que todo intento por continuar adelante es inútil. Nuevamente veo que caigo dentro de un pozo profundo, cuasi sin fondo. Es estrecho y oscuro. Húmedo y solitario. Es una realidad, pero posiblemente lleve aquí abajo mucho más tiempo del que parece. O puede que siempre estuve aquí abajo y que todo cuanto he experimentado haya sido una ilusión, una mentira, un delirio más producto de mi mente enferma. Suspiro. Suspiro profundo pues me siento impotente por no poder conseguir hallar la solución. Mi esperanza se apaga. Mi luz se muere. Sé que no necesito a nadie. Sé que nadie vendrá a salvarme de esta oquedad. Pero también cabe la posibilidad dentro de mis pensamientos que ese "nadie" es real, es una verdad. Puede que ese "nadie" jamás haya existido...

     Así pues, me encuentro sola en el mundo, completamente sola en un lugar que creía mágico y que no es más que una trampa mortal. Una maldición. Un castigo. Un destino. Incluso ahora, tras haber reflexionado tanto, he llegado a la conclusión que esa cuerda que podría venir de arriba, de la luz, de la superficie en lo más alto del pozo, fuera precisamente para acabar con todo esto. Puede que ahorcándome sea la única salida a esta pesadilla.

24.7.16

» El sendero hacia la luz verdadera.

     He sentido la muerte acariciando mi piel. He visto mis manos manchadas de sangre, de mi propia sangre carmesí. He escuchado con especial atención todos los horrores que se le hacían a mi cuerpo inerte tendido en el suelo. He visto cómo mi destino, mi fatal destino, se cumplía irremediablemente. Y es que hay ocasiones en las que no podemos controlar nuestras acciones y hagamos lo que hagamos, tomemos la decisión que tomemos, todos los senderos nos conducen a la misma desgracia. Aún así, gracias a aquella crueldad he conseguido ver la luz al final del arduo camino. Cuando todo lo creía perdido y cuando la esperanza y voluntad de vivir se habían escapado de entre mis dedos, escucho una voz, veo una luz. 

     Ahora sé que al final del desdichado camino hay un lugar mejor para mí. Ahora sé que al otro lado de la luminosidad se encuentra un nuevo mundo, un paraíso sólo para mí en el que nada ni nadie puede dañarme. Ahora sé que mi verdadero propósito es llegar a ese cielo, a ese Edén de las maravillas. Sin embargo, es inevitable. La prueba de fuego más dura y difícil de toda mi existencia... Toda esa sangre, todos esos llantos y sufrimiento... Debo de ser fuerte y sobrevivir a mi maldición. Y entonces, cuando exhale mi último suspiro, solo entonces, podré ver la luz al final del sendero, esperándome, llamándome.


     He sentido la muerte acariciando mi piel.  He visto mis manos manchadas de sangre, de mi propia sangre carmesí. He escuchado con especial atención todos los horrores que se le hacían a mi cuerpo inerte tendido en el suelo. Pero no es más que una prueba. Debo de ser valiente y reunir todo el coraje que se halla dentro de mí para poder afrontar sin miedo lo que está por venir. Este es el precio que debo de pagar para poder obtener una segunda oportunidad. La luz es intensa, pero a la vez verdadera. Me espera. Me llama. Es mi única esperanza auténtica. No hay otro camino posible. No hay otra decisión admisible que me haga saltar este sangriento obstáculo. 

      No puedo perder la fe. No puedo dejar que el horror invada mis pensamientos pues sé que al final del desdichado camino hay un lugar mejor para mí. Sé que al otro lado de la luminosidad se encuentra un nuevo mundo, un paraíso sólo para mí en el que nada ni nadie puede dañarme. Sé que mi verdadero propósito es llegar a ese cielo, a ese Edén de las maravillas. Así pues, respiro hondo y cierro los ojos. Calma. Tranquilidad. Necesito concentrarme y ser consciente de que al final todo saldrá bien. Cuando crea que todo está perdido y que la esperanza y voluntad de vivir se me ha escapado de entre los dedos, escucho una voz y veo como esa luz al final del sendero brilla con más intensidad.

     Espérame. Espérame y no te apagues. La luz me llama. La luz es la verdad. Aunque tenga que sufrir. Aunque tenga que llorar. La luz continuará allí al final del sendero esperándome, llamándome. Tengo que aguantar como una valiente y demostrar que en realidad al final ninguno de vosotros podrá destruirme. He sentido la muerte acariciando mi piel.  He visto mis manos manchadas de sangre, de mi propia sangre carmesí. He escuchado con especial atención todos los horrores que se le hacían a mi cuerpo inerte tendido en el suelo. Pero no ha sido más que una prueba. Fue ardua y sangrienta, pero una prueba al fin y al cabo. Y tras haber rozado la muerte, sé que puedo con cualquier obstáculo, aunque parezca imposible. Debo de demostrar que soy fuerte y sobrevivir a mi maldición. Y entonces, cuando exhale mi último suspiro, solo entonces, podré llegar a la luz al final del sendero, a la luz verdadera, esperándome, llamándome.

17.7.16

» Alternativamente Ella (1º PARTE)

     Ella no conocía el verdadero significado de la felicidad. Ella nunca había visto los rayos del sol acariciando su pálida tez con dulzura y cariño. Ella jamás había caminado con sus desnudos pies sobre la verde hierba sin aquellas horribles cadenas pesadas y cuasi oxidadas. Ella vivía en un mundo lleno de oscuridad y soledad. El vacío era su única compañía. Sus pensamientos eran los únicos a los que podía considerar amigos. Ella no era ella. Ella apenas existía. Ella no era más que una ilusión maldita. Pero, ¿qué era lo que había hecho para merecer semejante castigo helado? Simplemente, existir, pues ella era diferente de cualquier otro ser vivo conocido en este mundo. Ella era única. Ella era preciosa. Ella era mucho más que la apariencia delicada y reservada que mostraba a todo el mundo. Y puede que por eso mismo la propia naturaleza la había aprisionado en los confines de la Tierra, en un lugar dónde nada ni nadie podría verla, escucharla, acariciarla o salvarla de su fatal destino.

     Entonces, un día insospechado, llegó una presencia a su escondite, a su celda. Ante ella y la pequeña luz que se divisaba en el oscuro horizonte se interpuso una figura rígida y corpulenta, y que para nada parecía un ángel guardián. Ella no dijo nada. Ella ni si quiera pestañeó ante aquella aparición desconocida. En cambio, la enigmática figura sonrió y la miró fijamente con unos ojos penetrantes de color ámbar. Pronunció unas suaves palabras que apenas se pudieron entender. Acercó su mano al delicado lirio y la sacó de su prisión oscura. Fue entonces cuando ella pudo ver la luz del sol. Fue entonces cuando las cadenas se rompieron y pudo sentir por primera vez la húmeda hierba debajo de sus pies descalzos. Fue entonces cuando ella pudo sonreír por primerísima vez y, simplemente, sentir.

     Podía ser miedo. Podría ser alegría. Ella no sabía explicar lo que le estaba sucediendo por dentro. Tantas emociones encontradas y sentimientos que no era capaz de etiquetar. ¿Qué estaba pasando? ¿Qué era ese nuevo mundo que se ocultaba más allá de la negra oscuridad? La luz era demasiado brillante. La brisa era demasiado caliente. La hierba era demasiado húmeda. Ella se sintió desprotegida y echó a correr. No sabía muy bien adónde ir o qué hacer, pero comenzó a gritar asustada pues se hallaba en un mundo que apenas conocía. Cualquier cosa podría dañarla. No se sentía segura. No confiaba en el mundo cruel en el que se encontraba. Ella no sabía qué le estaba sucediendo ante tanta emoción y desconcierto. Pero en ese momento, aquella figura de ojos ámbar la agarró con delicadeza y la resguardó entre sus brazos.
     
     La expresión en su rostro fue expectante. Sin ella esperarlo, un sentimiento cálido comenzó a brotar en su pecho. Por primera vez en toda su vida alguien la había aceptado. Por primera vez en toda su vida alguien la había abrazado y aceptado sus miedos. Lágrimas comenzaron a emanar de sus verdes ojos pues se sentía impotente de no entender lo que estaba sucediendo, de lo que significaba ser liberada por alguien de una cruel maldición, de un sangriento castigo. Ella le miró sin formular palabra alguna. Era el comienzo de algo nuevo. Ella estaba aterrada, pero aquella presencia cálida junto a ella conseguía tranquilizarla, pues no estaba del todo sola. La luz comenzó a abrirse paso entre toda esa oscuridad en la que ella había estado durante tantísimo tiempo. La ilusión maldita comenzaba a hacerte real. Ella comenzó a sentirse viva a pesar de tener el corazón encogido. Ella se puso en pie y miró abrumada al cielo mientras las lágrimas no dejaban de caer. Una nueva criatura se estaba originando de entre los brazos de aquel salvador de ojos ámbar. El comienzo del todo. El éxtasis y la curiosidad de lo que estaba por venir alimentaba ese vacío con el que ella había crecido...

10.7.16

» Alimentando las banales frustraciones.

     Intentas hundirme. Intentas hacerme desesperar para que caiga en tu trampa, pero no lo vas a conseguir. He hallado tu punto débil. He hallado la manera de hacerte enfadar y estallar en ira. Hablas. Hablas sin cesar buscando un argumento válido para herir mis sentimientos. Intentas por todos los medios encontrar un modo de intimidarme. Pero, intruso... No lo vas a conseguir. No hago más que dejar que tus frustraciones se manifiesten y tú aún no sabes que eso es precisamente lo que quiero de ti. Hablas, Hablas sin cesar. Dices todo lo que guardas en tu interior, todo lo que escondes y que crees que es arma para acabar con mi existencia. Sin embargo, aún no eres consciente de que todo tus esfuerzos y tus palabras son es vano.

     Sí, así es. No puedes herirme. No puedes retenerme contra la pared mientras me apuntas con tu afilada daga. Soy completamente inmune a tu veneno. Finjo que te presto atención, pero sólo lo hago para que en las profundidades de tu ser sientas que te has liberado de una pesada carga. Aún así, ¿cuál es la realidad? ¿Cuál es mi verdadera finalidad? Parece que aún no quieres entender. No quieres despojarte de la venda cegadora. Aún no eres consciente de que ya no me importas. Aún no comprendes que para ti soy un muro que no puedes derribar. No puedes herirme. No puedes engañarme. Soy totalmente transparente para ti. Soy indestructible y soy la personificación del vacío. Soy un vacío que te daña desde el silencio. Soy un vacío que goza ignorándote y que sabe que en realidad vives frustrado con las circunstancias que ambos hemos originado.

     Río y a la vez no puedo evitar sentir pena por ti. ¿Pero por qué debería sentir lástima por alguien como tú que desea que me corrompa y me parta? No sé si tengo la respuesta, pero aún así confío en que no es más que una fase. Así pues, acéptalo. Acepta que todos tus esfuerzos por amenazarme son en vano. No puedes destruirme de ninguna de las maneras. Yo, en cambio, puedo hacerte mucho daño sin ni si quiera pestañear. Sin decir palabra alguna, soy capaz de destruir tu marchito corazón, o al menos lo que queda de ello. Y lo más curioso es que soy capaz de hacerlo ignorándote por completo. Tú sabes que eso te hace daño. Tú sabes que eso te crea una impotencia colosal. Ahora dime, intruso, ¿qué piensas hacer ante estos descubrimientos?

     Sigue alimentando tu ira. Sigue despertando tu odio. Tienes miedo a reconocer tus debilidades. Tienes miedo a caer y darme la razón. Tienes miedo a ser callado por una mujer tan peligrosa como yo. Pero no temas, pues no ansío tu muerte ya que sé que eres tú mismo quién estás caminando sobre un puente ancestral que se sostiene sobre las llamas del infierno y que está apunto de derrumbarse. Reconócelo, no sirve de nada seguir manteniendo esta guerra. Olvídate de mí. Cúrate de tu enfermedad, de tu obsesión conmigo, pues no tengo el más mínimo interés en ti. Tú no eres mi objetivo. Tú no eres mi presa. Eres un simple alma en pena. Eres los restos de un asesino que decidió jugar con fuego y que dejó quemar todas tus cartas en una única partida.

Aprende de una vez que no puedes derrotar al demonio rojo.

3.7.16

» Protegiendo la llama incandescente.

    He aquí la llama. He aquí la pequeña llama que arde con debilidad. He aquí lo que queda de mi esencia. Está herida. Está dañada. Se muere. Se marchita. Se apaga. He aquí lo que he podido salvar de mí. He aquí mi fragilidad. He aquí mi corazón. La tengo oculta. La tengo escondida. La tengo protegida de todo mal. La he guardado en un lugar al que nadie tiene acceso. Así pues, la protegeré. La alimentaré. La salvaré de toda oscuridad. Así pues, no llores. No grites. No te apagues. Resiste, pues no estás sola. Yo siempre estaré aquí para protegerte, estaré aquí para defenderte y consolarte.

     Tú eres la única luz que me queda. Tú eres la única luz que me guía. Tú eres la única luz que ilumina mi pesadilla. Eres la esencia. Eres lo último que queda de mí. Y es por eso por lo que no puedo separarme de ti. Debo de permanecer siempre a tu lado, velando por tu seguridad. Y mantener siempre la esperanza de que volverás a arder con toda la fuerza y pasión de antaño.

     Por favor, resiste. Por favor, continúa viva. Arde. Se fuego. Ojalá hubiera un modo de curar tu debilidad y poder sacar de mi interior la alegría que hace falta para recuperarte. Ojalá tuviera el fuego necesario para convertirme uno contigo... 

     He aquí la llama. He aquí la pequeña llama que arde con debilidad. He aquí lo que queda de mi esencia. Está herida. Está dañada. Se muere. Se marchita. Se apaga. He aquí lo que he podido salvar de mí. He aquí mi fragilidad. He aquí mi corazón. No voy a permitir que nada ni nadie te haga daño. No consentiré bajo ninguna manera que alguien venga y me robe lo única que me queda. No permitiré que te marchites o te mancillen. Eres la luz. Eres mi luz. Eres mi pequeña llama incandescente que lucha a cada segundo por sobrevivir en este Edén.

     Yo soy tu salvadora. Yo seré tu guardián. Puede que yo no tuve el protector o al ángel que debió de salvar mi alma, pero puede que sea precisamente porque yo debía de ser la que te salvara a ti. Ahora lo veo con claridad. Sí, es cierto, tú eres el alimento que me ayuda a continuar adelante. Eres la razón de mi lucha y constancia. Eres la llama. Eres mi llama. Eres el fuego de mi interior. No debo abandonarte. No debo permitir que te apagues. Yo soy tu protectora. Yo soy tu ángel guardián. Yo soy tu humilde servidora.

     He aquí la llama. He aquí mi destino. He aquí la esencia de mi existencia, la que tengo oculta en el rincón más profundo del jardín del Edén. A la que me aferro con toda mis fuerzas para no causarle ningún daño. Llama, oh, llama, resiste. No te apagues. No mueras. Brilla. Arde. A mi lado estarás segura. A mi lado conseguiré que vuelvas a arder con la máxima intensidad...

26.6.16

» Testigo de una muerte imperiosa.

     Dime, ¿de qué sirve pedir ayuda si nadie te está escuchando? Dime, ¿de qué sirve gritar auxilio si nadie va a venir a salvarte? Cuando la muerte es inminente es cuando realmente te das cuenta de lo sólo que estás. Cuando la muerte es inminente es cuando más deseos tienes de seguir con vida. Es curioso, sí, pero es así. Recuerdo que antaño te hubiera dado igual morir antes o después. Tu frustración era tan grande que te habías despojado de todo sentimiento y tus ansías de vivir se habían consumido. Y ahora, querido amigo, que te ves en pura agonía mientras los miembros de tu cuerpo se separan de ti y la sangre brota por doquier, pides clemencia y lloras lágrimas negras. Dime, ¿qué se siente al no poder hacer absolutamente nada para conseguir el perdón y la salvación?

     Dime, ¿de qué sirve confesar ahora tus pecados si a nadie le importa? Dime, ¿por qué ahora es cuando aprecias lo que tuviste? Grita. grita todo lo que quieras. Suplica. Suplica todo lo que quieras. Ya nada puedo hacer por ti. Y es más, soy yo quién se encargará de tu terrible final. Soy yo quién te abrirá los ojos en el último momento antes de que caigas en desgracia. Quien avisa no es traidor, y es por ello por lo que te susurro al oído que quien juega con fuego acaba quemándose. Es una realidad verdadera. Fue un consejo que no quisiste escuchar. Y por ello, tú, aquí, muriendo.

    Dime, ¿qué se siente al ver cómo tu sangre se derrama por el Edén? Dime, ¿qué se siente que ser consciente de todo el dolor que me provocaste en mi otra vida? Dime y confiesa, ¿qué se siente al ver a dos metros de ti aquellas manos que me mancillaron y me sacrificaron tiempo atrás? Sí, tus manos. Sí, tus piernas. Sí, tu cuerpo hecho pedazos. ¿Es ahora cuando vas a preciar tu mísera vida? ¿Es ahora cuando me vas a mirar con ojos de grandeza? Demasiado tarde, amigo. Demasiado tarde...  Ya nada puedes hacer. El final está aquí. Tú destrucción es inminente.

     La satisfacción que siento en este momento es colosal. Y es que no me importa tener las manos manchadas de sangre, de tu sangre. Es lo que estaba destinado a pasar. Mi venganza se verá cuasi completada. Tu destrucción al fin será una realidad. Nunca, amigo, nunca juegues con fuego, con MI fuego. Pues nunca sabes cuándo el veneno caerá dentro de tu taza de té. Pues nunca sabes cuándo el monstruo que llevo dentro puede despojarse de sus cadenas y liberarse. 

     Intenso es el dolor, ¿verdad? Te sientes impotente en este momento, ¿verdad? Como habrás podido comprobar, no te voy a concebir una muerte rápida, sino lenta, tormentosa y sangrienta. Sí, querido amigo, es curioso como tu propia sangre es de color carmesí. Ya sabes... Mi carmesí, mi rojo, mi sangre. Yo. Así pues, sin tú saberlo, me has llevado dentro de ti todo este tiempo. Y yo, humilde servidora y Reina del jardín del Edén, lo único que he hecho ha sido rescatar y poner en libertad a esa pequeña esencia de mí que escondías dentro. Dime, ¿qué se siente al ser testigo y víctima de este cruel escenario? Dime, ¿qué se siente al ver que tu amor por mí te ha llevado a la ruina? Dime, amigo maldito, ¿qué se siente al saber que he sido yo todo este tiempo aquella que jugueteaba con los hilos de las marionetas?

19.6.16

» La aceptación de lo inminente.

     Todavía no quiero despertar. Todavía no estoy preparada para despojarme de la cegadora venda carmesí. Todavía no estoy preparada para ver la auténtica verdad. Sin embargo, en lo más profundo de mi ser sé que el momento de la revelación está próximo y eso hace que me inquiete por segundos. Sí, así es, los dolores de cabeza se han ido agravando con el paso del tiempo... Y eso, tanto tú como yo, sabemos que no es nada bueno. Las consecuencias al final serán terriblemente catastróficas, pero, ¿qué es lo que puedo hacer yo para detener ese fatal destino? No. No hay salvación. No. No hay un momento de descanso en esta eterna lucha por la liberación de mi marchita alma.

     Todavía no quiero despertar. Todavía no estoy preparada para despojarme de la cegadora venda carmesí. Todavía no estoy preparada para ver la auténtica verdad. Los dolores de cabeza son intensos y abrumadores. No soy capaz de conciliar el sueño e intento disimular mi sufrimiento, pero haga lo que haga la agonía nunca cesa. Sí, así es, mi final está cerca. Sí, así es, la velocidad de las agujas de mi reloj son cada vez más lentas... 

     Pero no siento miedo. No siento miedo por lo que pueda sucederme, pues he aguantado demasiado esos dichosos y malditos dolores de cabeza. Ojalá hubiera encontrado a tiempo un remedio para esta maldición. Ojalá hubiera encontrado un modo de liberar mi espíritu de tus tóxicas garras. Es curioso como encuentro en mis propias palabras la contrariedad de no querer despertar con la aceptación de lo inminente. Estas migrañas solo fueron el principio, la primerísima señal de mi muerte. Hasta ahora no he querido ver con claridad que lo que me estaba sucediendo no era ni más ni menos que el brote de una enfermedad de la que nunca me iba a poder escapar. 

     No quiero sentir miedo. No quiero volver a derramar una lágrima más por ti. Intento asimilar todas las circunstancias que me han llevado a este momento. Sí, así es. El lirio ensangrentado se muere. Ya no puedo ocultarlo más por mucho que lo ansíe. Estos dolores de cabeza son algo más. Fueron el origen. Fuero la advertencia primera... Y serán el final. Todos mis delirios, todos y cada uno de ellos, inspiraron dentro de mí una bomba de relojería que en algún momento tenía que explotar. Así pues, creo que ese momento está muy, muy cerca. Y no, no puedo evitarlo. No tengo cura. No hay antídoto poderoso que me salve de la enfermedad. Estoy condenada. 

     Aunque intento luchar con todas mis fuerzas contra el miedo, no puedo evitar sentirme agitada por dentro. No quiero despertar. Todavía no estoy preparada para despojarme de la cegadora venda carmesí. Todavía no estoy preparada para decirle adiós a mi reino. Aún así sé que mi momento vendrá, pues es inminente. A pesar de todo, quiero mantenerme fuerte y constante hasta el final de mi trágica existencia. Aunque no haya salvación posible para mi ser aún quiero sentir esas manecillas del reloj continuar hasta el momento decisivo... Ahora sé que los arrepentimientos no sirven de nada. Ahora sé que debí de ser consciente de las primeras señales. Ahora sé que jamás logré despojarme de las cadenas de la oscuridad.