» La devoción de la marchita rosa.

     Cada vez que me adentro en las profundidades del Edén descubro algo nuevo. Descubro cosas que nunca antes me había percatado de que estaban ahí. He llegado a la conclusión de que este paraíso va cambiando según mis deseos y necesidades. Se va transformando y se adapta a mis emociones. ¿Cómo no voy a sentir que este es mi verdadero hogar? ¿Cómo puedo pensar que detrás de toda esta complicidad se esconde un secreto, unas intenciones oscuras y enigmáticas? El jardín del Edén es mi hogar. Es mi santuario. Es mi reino. No puedo dudar de él. Confío ciegamente en este elíseo. Es un lugar prohibido. Es un lugar sagrado. Sólo yo soy dueña de este lugar. El jardín del Edén. Es lugar oculto entre las sombras. No, no recuerdo exactamente cómo llegué aquí... ¿o puede que sí? Eso ya no importa. Lo que realmente tiene importancia ahora es que debo de proteger este lugar. 

     Las voces vuelven a susurrarme. Las voces vuelven a pronunciar mi nombre. Es la energía que fluye. Es la Madre Natura quién vela por mí. Nada ni nadie podrá llegar a este lugar sagrado... ¿O puede que sí? Me perturba la incertidumbre, pues un ser desconocido camina entre las sombras de los árboles de este reino. Hay alguien que no pertenece a este Edén que me está perturbando mi sueño. Una sombra que por algún motivo me resulta familiar. Las voces del jardín del Edén me advierten, siempre lo hacen. Me advierten de que es peligroso, me advierten de que quiere hacernos daño, tanto a mí como a mi paraíso. 

     Y aquí estoy yo, preparada para proteger con mi cuerpo y alma este sagrado lugar. El jardín del Edén. Un maravilloso elíseo que me guía y protege de todo mal. Un lugar misterioso que se va adaptando a mis necesidades, a mis deseos, a mis emociones. Un lugar de ensueño del que jamás querré huir. 

     Es mi hogar. Es el verdadero lugar en el que tengo que estar. ¿Cómo podría yo pensar que este Edén tiene segundas intenciones conmigo? No. La verdadera amenaza está ahí afuera, escondiéndose entre las sombras, escondiéndose entre la maleza. Una sombra que no quiere dar la cara. ¿Y yo? ¿Qué puedo hacer yo? Simplemente ser fiel a este jardín y convertirme en su servidora. Yo soy la conexión que existe entre el jardín del Edén y lo que hay más allá de las grandes puertas. Soy el núcleo. Soy la vida. Soy aquella rosa que los hombres marchitaron poco a poco en otro tiempo. 

     Cada vez que me adentro en las profundidades del Edén descubro algo nuevo. Descubro cosas que nunca antes me había percatado de que estaban ahí. El jardín del Edén es mi hogar. Es mi santuario. Es mi reino. No puedo dudar de él. Confío ciegamente en este elíseo. Es un lugar prohibido. Es un lugar sagrado. Sólo yo soy dueña de este lugar. Las voces me guían, me hablan, me cuentan secretos y arden en deseos de desenmascarar esa figura oculta entre las sombras. Ahora lo entiendo. Ahora lo sé. Soy yo y solamente yo quién puede descubrir la verdad. Soy yo y solamente yo quién puede proteger a la Madre Natura del peligro que nos acecha.

      Las voces vuelven a susurrarme. Las voces vuelven a pronunciar mi nombre. Es la energía que fluye. Es el propio jardín quién vela por mí. Me perturba la incertidumbre, pues un ser desconocido camina entre las sombras de los árboles de este reino. Hay alguien que no pertenece a este Edén que me está perturbando mi sueño. Una sombra que por algún motivo me resulta familiar. Las voces del jardín del Edén me advierten, siempre lo hacen. Debo de entender, debo ser uno con el jardín del Edén. Yo soy el núcleo. Yo soy la conexión. Yo soy su servidora. Yo soy su reina. Yo soy la mismísima esencia, la energía... aquella delicada rosa que entre todos marchitasteis. 

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Muchas gracias por compartir con nosotros tu opinión. Espero que sigas disfrutando de los delirios que este jardín del Edén esconde. Un beso.

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