Ya no lo aguanto más. He intento por todos los medios no llenar mi mente y mi corazón de ilusiones y pensamientos que jamás se harán realidad. He intentado con todas mis fuerzas no sentir más de lo que debo... Pero ha sido imposible. ¿Esto me hace débil... o humana? Estoy harta. Estoy enfadada conmigo misma porque no consigo dormir por las noches. No consigo abrazarme a Morfeo por tu culpa. Sí, tu culpa. Siempre tú. ¿Por qué? ¿Por qué no consigo sacarte de mi cabeza? ¿Por qué andas en mis pensamientos cuando cae noche cerrada? Me tortura. Me tortura saber que estás ahí, tan cerca y lejos a la vez, y que no hagas nada por acercarte a mí. ¿Es esto una prueba, acaso? ¿Es que de verdad no te intereso lo más mínimo? Quiero saberlo. Necesito respuestas. Pero viendo lo visto, no dirás nada. No harás nada. Continuarás dejando que me torture en silencio.
Pero... ¿y si está todo en mi cabeza? ¿Y si soy yo la única que se está haciendo daño? ¿A esto llaman auto-lesión? Es posible que sea yo misma la que se está generando todo este sufrimiento. ¿Por qué pensar demás? ¿Por qué no consigo alejar esos pensamientos de mí? Tal vez sea porque esto es más que un simple antojo. Tal vez sea algo más intenso que una obsesión, quién sabe. Pero me frustra, me duele, me tortura. Desde el primer momento que te vi supe que tenía que ser precavida con mis emociones. No obstante, todo ha salido mal. No he sabido gestionar lo que quiera que siento por ti y se me ha ido de las manos. Dentro de mí sé que no quiero reconocerlo. Sí, ya sabes, esto que experimento cuando estoy contigo y cuando me alejo de ti. No sé lo que es y no sé si quiero saberlo. Pero es fuerte y está durando más de lo que debería... Eso me preocupa.
¿Cómo no va a preocuparme? Conozco mi suerte, sé que saldrá mal. Al final seré yo quien salga herida de todo esto. Me quema por dentro tantísimo y tú no eres capaz de verlo. Me enfada y al mismo tiempo me pone triste. Y sí, soy consciente de lo contradictorio que suena, pero no puedo evitarlo. Quiero gritarte a la cara todas las emociones que guardo dentro de mi corazón y quiero exponerte todos y cada uno de mis pensamientos más secretos para que así puedas entender este gran dilema que tengo contigo. Aún así, mentiría si dijera que no siento miedo. Me aterra la idea de que todo ello pueda hacerte alejarte más aún de mí. Pero es posible que eso sea lo que se tiene que hacer. Ese debe de ser el camino correcto.
Te busco. Te busco desesperadamente. Te ofrezco con pequeños gestos mi vida, ¿y tú qué haces? Nada. ¿Es que has estado jugando conmigo? ¿Sí? ¿No? ¿Por qué no hablas? ¿Por qué me haces perder el tiempo de esta manera? Cuanto más en silencio estés, más sufro, más vueltas a la cabeza le doy. ¿Por qué eres así? ¿Por qué no eres claro y sincero conmigo? ¿Qué te cuesta dar alguna clase de señal? Sabes lo mucho que odio encontrarme en esta tesitura. Siento que eres veneno, pero al mismo tiempo quiero creer que eres la cura, la medicina que mi corazón necesita.
¿Sabes qué es lo peor de todo? Que no has visto ni un diez por ciento de lo que soy capaz de ofrecerte. No me conoces realmente, ni parece que quieras conocerme. En cambio yo... yo quiero que te abras a mí y me dejes entrar en tu vida. No. No lo quiero, lo necesito, lo ansío. Porque quiero asegurarme de esto que siento es real. Porque no soy capaz de ver en ti ni una maldita imperfección. Porque tus ojos me atrapan y consiguen desnudar mis sentimientos. Porque tu voz es música para mí y tus caricias una bendición.
Ojalá pudiera controlarme. Ojalá pudiera controlar lo que siento y despojarme de ello porque sé que al final me haré más daño de lo que ya me he infligido con mis suposiciones. Ojalá dejar de pensar en ti día y noche. Ojalá poder reunir el valor suficiente para pedirte respuestas... Pero es que sé que no tengo derecho alguna en pedirte una explicación, porque a cada minuto que pasa está claro que no te importo ni lo más mínimo. Entonces, ¿por qué no me lo dices? Me vez ahí, dejándote miguitas de pan y palabras amables para calmar tu corazón y tú... Tú lo único que haces es... nada. Sonríes y asientes con la cabeza. Ni si quiera das una oportunidad para que algo fluya entre nosotros. ¿Por qué? ¿Tan aburrida te parezco? ¡Pero si no me conoces aún! Déjate conocer. Déjate querer. Permítete explorarme pues estoy convencida de que te llevarás una grata sorpresa. Simplemente, déjame intentar llegar hasta a ti. No te cierres, por favor...




No hay comentarios:
¿Confesarás tu pecado, intruso?