Una luz. Una luz al final del camino. Una pequeña esperanza para no sucumbir al horror. Una luz. Una luz es lo que llevo buscando durante muchísimo tiempo. Una luz que me guíe por estos parajes tan insólitos. Una luz cegadora que alimente mi esperanza, pues durante muchísimo tiempo he caminado entre sombras oscuras. Una luz. Una luz que me ayude a salir de esta maldita soledad que me atormenta todas las noches. Quiero ver más allá. Quiero ser capaz de llegar a lugares a los que ningún hombre ha llegado. Quiero... ser yo la luz.
Una luz. Una luz que ilumine mi rostro y no me haga perder las fuerzas para seguir adelante. Una luz. La única luz. Mi luz interior. Quiero ser yo la luz. Seré yo la luz que acaricie con sus rayos este Elíseo. Una luz que jamás se apagará. Una luz que brillará con toda su máxima intensidad. Una luz que conquistará cada rincón del Edén.
La cuenta atrás ha comenzado. Y con eso... una nueva batalla. Necesito poder. Necesito recuperar todas las fuerzas. Necesito evolucionar. Yo seré la luz. ¡Yo seré tu luz! Yo... EXISTIRÉ. Y nada ni nadie podrá apagar mi luz. Yo seré la luz que gobierne este reino de oscuros pecados. Yo y sólo yo, la luz. Quiero ver más allá. Quiero ser capaz de llegar a lugares a las que ningún hombre ha llegado. Seré yo la luz que acaricie con sus rayos este Elíseo. Jamás me apagaré. Luz, luz incandescente y cegadora. Luz esperanza y luz que guía y acompaña. Luz. Luz. ¡LUZ! Eterna luz al final del sendero. Eterna luz que ilumina tímidamente la oscuridad que guarda mi corazón. Ojalá logre penetrar dentro de mi propia conciencia y me libre de esta agonía.
Siempre he intentado buscar mi propia luz, pero hasta ahora no me había dado cuenta de que YO era esa luz. Soy fuerte. La cuenta atrás ha dado comienzo y ya no puedo detener las agujas del reloj. La luz invadirá todo el jardín del Edén. Yo seré la luz. Sufriré nuevamente una metamorfosis y conseguiré llegar al máximo horizonte. Jamás me apagaré. Seré brillante. Seré una luz cegadora. La luz que ilumina mi rostro me absorberá y con eso se proclamará la llegada de una nueva era en este reino oscuro y prohibido.
Luz, aquella que te quita la venda. Luz, aquella que te desvela los secretos. Luz, aquella que te azota con la verdad. Ojalá pueda llegar a ella. Ojalá pueda reencontrarme con su esencia. Quiero ser fuerte. Quiero encontrar la motivación para seguir adelante. Y si no es con esa luz, ¿con cuál entonces? Desesperación. Desesperación por no saber cómo luchar contra todo aquello que me hace daño. Desesperación por no saber negarme ante la duda. Desesperación por no saber llegar a esa dichosa luz.
¿Qué hago? ¿Qué es lo que puedo hacer? ¿Y si no soy capaz de llegar a esa luz que me prometió en sueños salvarme de mi tormento? Dudas, siempre están ahí las condenadas dudas que me hace retroceder. Miedo. Tedio. Desconfianza. Muchas son las inseguridades que no me dejan admirar con claridad la luz al final del camino. Luz. Luz esperanza. Luz. Luz tentadora. Luz. Luz que ilumina con fervor mis emociones más íntimas. Luz. Luz tenue que me recuerda todo lo que podría haber sido y jamás será. Ansío poder fundirme con esa luz y convertirnos en un solo ser onírico. Ojalá ser yo la luz. Ojalá ser yo la luz más poderosa de todas. Aquella que no se apaga nunca. Aquella que te arropa y te calienta.
Una luz. Una luz que ilumina mi rostro y susurra mi nombre. Una luz que me transmita tranquilidad y paz. Una luz que haga que no sienta más miedo a avanzar. Una luz que sea el destino final, la meta, el objetivo, el sentido a toda esta locura. Luz. Luz verdadera y esperanzadora. Luz. Una luz que no me ahoga en malos pensamientos y me permita renacer de nuevo cual fénix que consigue renacer de entre sus cenizas. Luz. Simple y llanamente, luz.
Luz, aquella que te quita la venda. Luz, aquella que te desvela los secretos. Luz, aquella que te azota con la verdad. Ojalá pueda llegar a ella. Ojalá pueda reencontrarme con su esencia. Quiero ser fuerte. Quiero encontrar la motivación para seguir adelante. Y si no es con esa luz, ¿con cuál entonces? Desesperación. Desesperación por no saber cómo luchar contra todo aquello que me hace daño. Desesperación por no saber negarme ante la duda. Desesperación por no saber llegar a esa dichosa luz.
¿Qué hago? ¿Qué es lo que puedo hacer? ¿Y si no soy capaz de llegar a esa luz que me prometió en sueños salvarme de mi tormento? Dudas, siempre están ahí las condenadas dudas que me hace retroceder. Miedo. Tedio. Desconfianza. Muchas son las inseguridades que no me dejan admirar con claridad la luz al final del camino. Luz. Luz esperanza. Luz. Luz tentadora. Luz. Luz que ilumina con fervor mis emociones más íntimas. Luz. Luz tenue que me recuerda todo lo que podría haber sido y jamás será. Ansío poder fundirme con esa luz y convertirnos en un solo ser onírico. Ojalá ser yo la luz. Ojalá ser yo la luz más poderosa de todas. Aquella que no se apaga nunca. Aquella que te arropa y te calienta.
Una luz. Una luz que ilumina mi rostro y susurra mi nombre. Una luz que me transmita tranquilidad y paz. Una luz que haga que no sienta más miedo a avanzar. Una luz que sea el destino final, la meta, el objetivo, el sentido a toda esta locura. Luz. Luz verdadera y esperanzadora. Luz. Una luz que no me ahoga en malos pensamientos y me permita renacer de nuevo cual fénix que consigue renacer de entre sus cenizas. Luz. Simple y llanamente, luz.




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