» El sabor de la derrota.

"Ut desint vires, tamen est laudanda voluntas"     

     Cansancio. Cansancio y nada más. Siento como una fuerza mayor me atrapa y me arrastra hasta lo más profundo del Edén, hasta lo más profundo de mis aguas. Da igual que ya no pueda respirar o no pueda pensar con claridad. Simplemente me dejo llevar por esa corriente, por esa fuerza abismal que encoge mi corazón poco a poco con más presión. Cansancio. Cansancio y nada más. Mis ojos se cierran y ya no puedo ver esa figura, esa sombra oscura que me acecha por todas las noches. Cierro los ojos y siento que mi propio Edén me pone a prueba. Sin embargo, las fuerzas, las ganas y todo lo demás se ha desvanecido y siento en lo más profundo de mi alma que ya no hay manera de volver a atrás. El cansancio es cada vez más grande y nada puedo hacer para evitarlo. El cuerpo me pesa y lo único bueno de todo esto es que son en estas ocasiones en las que siento que tú no estás observándome, que tú no estás interesado en mí en lo más mínimo. Podría denominar esto como un alivio instantáneo de todas mis preocupaciones.

  Cansancio. Ese cansancio cuando estoy sentada leyendo el libro. Ese cansancio que siento cuando sé que la historia no va avanzar más. A ese libro le faltan páginas, esas páginas que se escriben por sí solas porque luchas por poder contar tu historia. Pero, y porque siempre hay un pero, cuando el cansancio es demasiado grande y puede contigo no tienes la fuerza suficiente para pasar las páginas y ver qué es lo que puede pasar. Ver las posibilidades y decidir por ti misma. El cansancio te arrastra cada vez hacia lo más profundo y querer que todo acabe, que mi cuerpo termine de desaparecer por siempre. ¿Acaso es mucho pedir? El momento de la rendición ya ha pasado y siento que no he aprendido la lección. Esa fuerza que sé que no procede de ti. Que todo esto es mayor que tú y que yo y que pronto todo explotará. Los lagos se secaran y la hierba dejará de crecer. Las flores se marchitaran y los árboles se reducirán a cenizas. Así de simple, cuando menos te lo esperes.

     ¿Es este el amargo sabor de la derrota? ¿Es que será imposible realmente querer avanzar, querer sacar fuerzas de flaqueza y llegar al final de todo esto, de descubrir la verdad detrás de cada susurro del viento? Quiero que el cuerpo deje de pesarme. Quiero poder acabar con tu existencia una vez por todas. Tal vez lo que realmente esté buscando es el momento y el lugar, matar al insomnio para poder cerrar los ojos y no volver a abrirlos jamás. El sabor de la derrota, porque es una sensación que me cala los huesos y lo siento muy dentro de mí. Un cansancio que hace que mi cuerpo pese y que vea sumida en toda esta angustia. Porque sí, me siento derrotada. No por ti o los acontecimientos, sino por mí misma, por mis esfuerzos que jamás se ven suficientes y recompensados. Porque ya no hay lugar para la lucha. Porque este corazón ha dejado de latir. Porque ya no soy capaz de sentir nada cuando la yema de tus dedos acarician suavemente mi piel de arriba a abajo. Estoy muerta. Me falta la sangre. Ya no hay lugar aquí para los vivos. Me marchitaré. Desapareceré. Y ya nada más quedará de mi, mi curiosidad y mi lucha. Porque es precisamente eso lo que ha hecho que pierda esta batalla, la curiosidad. Porque ahora soy yo ese gato que creía haber dominado.

     Cada vez me va faltando más el aliento. Llega un momento en el que mi cuerpo se hace tan pesado que no lo siento. El corazón encogido deja de latir. Cansancio, desaparece de mis emociones. Así pues, cierro el libro, esta vez para siempre, y me tumbo. No tengo fuerzas para seguir aquí. La brisa del viento se detiene, la hoja de los árboles dejan de moverse. Ya no hay nada más que hacer aquí. Ya no voy a preocuparme más por ti. Ya no voy a ser yo la invitada de honor en el Edén. Ya no quiero seguir con esta existencia irreal. Morir... Porque este es el sabor de la derrota. Una derrota amarga y espesa que quiere acabar conmigo tan lentamente. Porque así se hace más pesada. Y de este modo siento que mi cuerpo se hiela a cada segundo. Un último suspiro que sale con pudor del lirio para despedirse por siempre y poder hallar una salvación entre las nubes.



Porque ya no hay nada que pueda hacer por ti.
     

4 comentarios:

  1. Me ha encantado este delirio, Pandora.
    Me ha llegado, porque ¿quién no ha sentido alguna vez el sabor de la derrota? Todos lo hemos saboreado alguna vez. Enhorabuena, has conseguido que me meta dentro del texto, de tu Edén. Es magnífico.

    ¡Un beso!

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias por los ánimos, Shenia. Espero que sigáis disfrutando de los próximos delirios que están de camino... Invitada estás a este Edén, siempre que tú quieras las puertas del paraíso estarán abiertas para ti.

    Presiento que nos volveremos a ver, querida.

    ResponderEliminar
  3. Ha estado genial, ese cansancio que te invade cuando te sientes derrotada, que nada de lo que hagas será útil ya, que todo está perdido... Has sabido describirlos a la perfección.
    Espero tu siguiente delirio con ansias.

    ~Scarlett

    ResponderEliminar
  4. Muchas gracias, Scarlett. Ese sentimiento de derrota, que sientes que ya no quedan fuerzas y que todo se vuelve negro... Pero que sea como sea, sin saber ni si quiera cómo, se buscan las fuerzas de flaqueza que nos hace falta para seguir luchando.

    Pronto un nuevo delirio...
    Espero que sigas disfrutando del jardín del Edén, querida.

    ResponderEliminar