» Cuando la voluntad abandona el cuerpo.

     Tristeza. Hoy me siento terriblemente triste. Me siento impotente. Siento que he perdido toda mi energía. Las fuerzas de Edén me abandonan. No sé. No sé cómo explicarlo. No sé si podré salir de este tedio. Quiero escapar. Quiero escapar de todo lo que me rodea, encontrar un lugar mejor. Pero no sé si podré. Las voces han cesado en mi cabeza y mucho me temo que ya nada volverá a ser como antes.  Ojalá pudiera encontrar una salida. Ojalá pudiera encontrar las respuestas a mis preguntas. Pero no. Nada va a ser cómo antes. Nada será como quieren mis deseos. Me siento ropa. Me siento destruida. Siento que esta no soy yo. 

     ¿Qué me sucede? ¿Por qué me abandonas? Poco a poco voy perdiendo las fuerzas. No sé. No sé qué pensar. Quiero escapar de estos pensamientos negativos. No quiero volver a enfrentarme con el espejo. Huir. Huir. Ese es siempre el camino fácil. Huir. Huir. Yo ya no tengo elección. Hoy era el momento perfecto para sacar provecho de mi vida y alcanzar esa pequeña luz brillante al final del túnel. Pero no. Se me ha escapado. Se me ha vuelto a escapar. Por mucho que maldiga, ya no puedo hacer nada. Suspiro. Una y otra vez. ¿Para qué? Para nada. Intento hallar consuelo, pero no lo encuentro por ninguna parte. No quiero seguir leyendo tus cartas. No quiero seguir buscándote en casa sombra de este paraíso.

     Abandono. Me siento abandonada. Me siento triste y herida. Ojalá las cosas pudieran marchar como a mí me gustaría. Pero no. La negatividad me invade. Pero no, la nostalgia cubre mi corazón marchito. Impotencia. Ese es el único pilar de mi vida que sigue en pie. Me siento abatida por el constante tedio de mi alrededor. Y sé que tú tienes la culpa de todo esto. ¿Qué será de mí cuando el Sol se oculte tras las montañas? ¿Qué será de mi espíritu cuando el Sol vuelva a salir? El fénix se está ahogando. El fénix vuelve a desaparecer entre sus cenizas. Siento que vuelvo a morir.

     Las fuerzas del Edén me abandonan. Sí, así es. Lo siento en mi interior. Y esta vez para siempre. No logro comprender qué es lo que hecho para merecerme tanto mal. No logro comprender por qué mis fuerzas han ido decayendo. Me siento insegura. Mi siento muerta. Cierro los ojos y cuando los vuelvo a abrir... ahí estoy, tendida en el suelo, en ese gran charco de sangre. De mi sangre. Quiero encontrar respuestas a mis preguntas, pero o puedo. Siento que me estás quitando mi segunda vida. Quieres apoderarte de mi alma. No soy estúpida, ya nos conoces. Así que deja de mirarme con esos ojos verdes envidia y da la cara. Quiero dejar de sentirme tan vacía, tan... traicionada. Quiero dejar de sentirme como la hiel.

     Rota. Perdida. Dañada. Abandonada. Son muchos los sentimientos que podría pronunciar en este mismo momento para describirme. Demasiados sentimientos en un mismo cuerpo. Demasiadas dudas. Demasiado horro acumulado. Intento no aferrarme de mi pasado. Pero me lo pones muy difícil, muy, muy difícil. Ojalá pudiera liberarme de todo este sufrimiento. Ojalá pudiera encadenar mi cuerpo a esa voluntad que se me escapa de las manos. Me siento triste. Sin embargo, ya no tengo lágrimas para derramar. Estoy vacía. Y todo por tu culpa. Las voces han cesado en mi cabeza y mucho me temo que ya nada volverá a ser como antes.  Ojalá pudiera encontrar una salida. Ojalá pudiera encontrar las respuestas a mis preguntas. Pero no. Nada va a ser cómo antes. Poco a poco voy perdiendo las fuerzas. Suspiro. Una y otra vez. ¿Para qué? Para nada. Y así es como mi voluntad se escapa de mi cuerpo. Tedio. Incesante tedio que ahoga mis esperanzas.

2 comentarios:

  1. Contienes tanto caos de sentimientos que cuando los escribes lo haces con una fuerza descontrolada, cuando lo leo, me invade como si me trasmitieras lo que sientes al tocarme, no creo que sea la única a la que le pasa esto. Espero que el próximo sentimiento que me toque leer, aunque perturbador, sea un sentimiento de los que catalogo como benigno.

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    1. Mil gracias por dejar tu confesión en este Edén, Angie. Me gustaría darte la bienvenida como mereces a mi paraíso. Tus palabras han sido muy conmovedoras para mí, de verdad. Ojalá pueda seguir disfrutando de tu presencia por estos lares, al igual que espero que tú sigas disfrutando de cada uno de estos delirios. Un abrazo muy especial y grande para ti, amiga. Espero que nos volvamos a ver pronto.

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