» La intranquilidad de lo desconocido.

     Es un sentimiento extraño, difícil de describir. Pero que sin embargo, siempre está dentro de mí. ¿Es inquietud? No lo sé, pero está al acecho. No entiendo cómo esta intranquilidad puede perturbar tanto mis sueños. No sé cómo desprenderme de esa sensación tan horrible. Un hormigueo me recorre el cuerpo. Mis pensamientos se nublan y la sed invade mi boca. Siento... que me falta algo. No sé el qué, pero sé que es cierto. ¿Acaso lo que me falta eres tú, intruso? Hace días, posiblemente semanas, que no sé nada de ti. Has desaparecido entre las sombras. No consigo localizarte por ninguno de los rincones del jardín del Edén. Aunque... ¿no es mejor así? ¿No debería de estar alegre? Quiero decir, no estás aquí. Parece ser que te has marchado (no sé adónde, no sé cuándo), y con tu marcha la paz ha vuelto a predominar en mi paraíso. Debería de sentir alivio, ¿no es así? Eres lo que yo más odio. Te detesto. Te encuentro repulsivo. Y ahora... te vas. Y no me dices nada. 

     No lo sé. Es siempre la misma historia, tú lo sabes. Sentimientos contradictorios. Distinguir lo que está bien de lo que está mal. Luchar entre lo que desea el corazón de lo que tiene que hacer la mente. Dualismo, ni más ni menos. Estando a mi lado me haces daño. Abusas de mis ilusiones y me nieblas la vista, la razón. Sin embargo, estando lejos de mí te echo en falta y me perturba el sueño. Debería de ser al revés, ¿verdad? Debería de poder dormir cuando el Sol se esconde tras las colinas. Debería de poder respirar con tranquilidad y sentir el frescor del viento en mis mejillas. Pero no. Todo se ha vuelto oscuro. Todo se ha vuelto duda. No me reconozco. Te juro que no me reconozco cuando me miro al espejo. Mi reflejo está quieto, pero en su interior está gritando con fuerzas aquel nombre que no consigo recordar. Tu nombre. 

     Cierro los ojos y es así cómo te puedo ver. Siento tu presencia. Siento tu olor. Siento nostalgia. No sé... parece que te conozco de una vida anterior. No sé... creo que lo que me sucede es que te estoy echando de menos. No. Jamás. Eso no puede suceder. Eso no puede ser verdad. Jamás lo reconocería delante de ti. Pero... no estás. Y esa es la realidad. No sé dónde te encuentras. No sé cuándo te fuiste ni si tienes pensado volver aquí. Eres un mero fantasma. Un recuerdo. No. Espera... ¿y si tú también has sido una ilusión todo este tiempo? ¿Será eso posible? Dudas. Este desconocimiento me tiene intranquila. Y no sé cómo remediarlo, pero por alguna razón que desconozco siento miedo al pensar que eso podría ser verdad. ¿Y si tu recuerdo tan familiar no es otra prueba de fuego que me impone el Edén?

     ¿Dónde estás? ¿Por qué siento tanta angustia con tu ausencia? No quiero. No quiero reconocer todos estos sentimientos. No quiero pensar en ti nunca más. ¿Te has ido? Pues muy bien. No vuelvas. No quiero saber nada de ti. No quiero volver a pensar en todos esos momentos de placer prohibido que hemos compartido. No te quiero nunca más en el elíseo. No quiero cerrar los ojos y ver tu imagen mientras estoy frente al espejo. No quiero que vuelvas a acecharme entre las sombras. Quiero disipar toda esta intranquilidad. No te quiero echar de menos. No quiero seguir lo que dicta el corazón. Es un sentimiento extraño, difícil de describir. Pero que sin embargo, siempre está dentro de mí. ¿Acaso lo que me falta eres tú, intruso? ¿Y si es verdad? ¿Pero y si es una trampa? ¿Y si tú no eres real? Demasiado desconocimiento... demasiada intranquilidad. Esta duda me está consumiendo.

     Cierro los ojos y es así cómo te puedo ver. Siento tu presencia. Siento tu olor. Siento nostalgia. Recuerdos de los que no me puedo desprender. Sensaciones de las que no puedo despojarme... ¿Dónde estás? No has dejado ni una carta. Ni una nota ni un aviso. Nada. Te has ido. ¿Será por siempre? No lo sé. ¿Cómo puedo saberlo? Debería de estar dando saltos de alegría y sentirme libre de toda tu presión impartida durante tantísimo tiempo. Pero no. No es así. No sé por qué. Has dejado una huella en mí, me temo. ¡Maldita sea! ¿Cómo me voy a curar de esta enfermedad? Eres tú el mal, el veneno, lo sé. Y lo que más me preocupa es que sea capaz de derramar una sola lágrima por ti, por tu ausencia.

2 comentarios:

  1. Fantástico delirio, Pandora. Me he sentido muy identificada con él. A veces echamos de menos cosas que jamás pensamos que podríamos añorar, pero así somos. Me ha gustado mucho porque hace poco yo tenía esa sensación, y la he vivido en más de una ocasión.
    ¡Un beso! ♥

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    1. Me alegra mucho saber que te ha gustado este delirio, ya que es muy personal para mí. Sienta bien ver cómo otras personas son capaces de compartir las mismas emociones que uno mismo. Así un servidor no tiene por qué sentir tanta soledad.

      Un beso grande, Shenia. Espero verte pronto por aquí próximamente.

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